| (Viriato, obra del pintor español Eugenio Oliva) |
Aunque se atribuye la siguiente anécdota a Viriato según los historiadores clásicos, más bien parece un cuento o una historia narrada con el objetivo único de su moraleja, por lo que puede ser tan cierta como incierta. En cualquier caso, me gusta.
Tucci, nombre con el que se conocía a la localidad de Martos, en Jaen, era leal a Viriato por un tiempo para luego dejar de serlo y pasarse al lado romano. Y luego tornaba de nuevo al otro bando. Viriato, cansado de esto les contó lo siguiente.
Un hombre, ni joven ni viejo, tomó dos esposas, una muy joven y la otra de más edad que él. La joven, con el deseo de que no desentonara junto a ella, le iba arrancando las canas de la cabeza poco a poco. En cambio, la otra esposa, mayor que el hombre, le iba arrancando los pelos negros para dejarlo cano por completo y así no parecer que era mucho mayor ella que él. Al final, el hombre acabó calvo.
Viriato, narrado esto, prosiguió. Y lo mismo les ha de pasar a estos hombres de Tucci, ya que mientras los romanos matan a los que me siguen, yo no puede dejar con vida a aquellos que han hecho causa con el enemigo. Así, pronto Tucci se verá despoblada.
Como decía, seguro que esta historia con moraleja tiene muchas situaciones en las que encaja a la perfección, pero la búsqueda de esos momentos ya es cosa de ustedes.
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