La vida del leproso en la Edad Media

Cuando en la Edad Media un hombre padecía lepra, la sociedad le situaba al margen de todo y tenía que cambiar su vida para no contactar con cualquier hombre “sano”, o lo que es lo mismo, era condenado a la soledad de los caminos.

El enfermo debía abandonar el lugar donde vivía y comenzar a vagar por el campo, en soledad. Tenía prohibido acercarse a cualquier grupo de personas. Antes de hacerle abandonar la villa o el castillo, se le entregaba un ajuar compuesto por una capucha gris, que guardaba de la vista del resto sus horribles heridas, unas botas de piel, un bastón, unas sábana para poder dormir sin tocar nada, una taza, un cuchillo y un plato para que nunca compartiera estos enseres con otros y, por último, unas castañuelas o una campanilla para ir avisando de su presencia al hacerla sonar y evitar así el contacto.

Los enfermos de lepra tenían prohibido acercarse a los molinos, mercados y tabernas. No podían tocar cuerdas o postes en los puentes y no podían beber, tocar o bañarse en los arroyos o ríos.

Después de este tiempo de vagabundeo por los caminos, condenado al ostracismo, mientras la enfermada avanzaba, el leproso acababa siendo internado en un hospital propio para este tipo de enfermos, donde pasaba el tiempo hasta su muerte.

Curistoria

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  • Hola,... hace tiempo estuve leyendo sobre los leprosos y las leproserias en España en la Edad Media (aqui se llamaron Gaferias, del vocablo gafo "agarrotado") y contaban igualmente que muy bien has hecho en tu articulo Curistoria, todas las trabas que tenian para vivir. Incluso decia que sí podian tocar las cuerdas de los puentes con la única condición de que tuvieran guantes. E incluso me llamo la atención una traba bastante grande: ¡no podian ir en contra del viento! porque si no sus "efluvios" irian contra el ue viniera detras... cosas veredes.
    Ah, y una cosa muy curiosa, la lepra era considerada al comienzo de la Edad Media como motivo legal de divorcio, ya que una de las maneras, erroneas, claro esta, era que le llevaban a una iglesia en procesión, le tumbaban delante del altar y le decia el cura u oficiante que tuviera delante: "Ahora mueres para el mundo, pero renaces para Dios". es decir que si el enfermo estaba casado, su matrimonio se consideraba disuelto y todos sus bienes a manos de parientes o entidades religiosas.

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