Categorías: Empresasinventos

Una vez más, la casualidad

Hace unas semanas, Gonzalo Moreno, lector del blog, me hacía llegar un enlace en el que se contaba una historia de esas que tanto me gustan. Muchas gracias Gonzalo por tomarte la molestia de enviarme el enlace y enhorabuena por tu ojo, la historia me ha encantado. Es un ejemplo más de que a veces la casualidad ha sido lo que ha hecho avanzar al hombre y a sus empresas y visiones.

Corría el año de 1878 en Cincinnati, EEUU, cuando un tipo llamado Harley, que había heredado una compañía que se dedicaba a hacer jabones y velas, decidió buscar un nuevo producto, un jabón más blanco y cremoso, que pudiera competir con los que se importaban de Castilla. Para ello pidió ayuda a James, un químico que también tenía parte en la empresa por vía hereditaria. Dieron con una nueva fórmula que cubría sus expectativas a priori y ese nuevo producto, al que llamaron “jabón blanco”, vio la luz. Pero no acabó aquí la cosa.

Por un despiste de uno de sus empleados, un hombre llamado Clem, la máquina mezcladora de la fábrica estuvo batiendo el jabón más tiempo del previsto. Clem había olvidado detener la máquina cuando salió a almorzar. Cuando regresó, vio el jabón batido más de lo previsto pero no quiso desperdiciar el lote, así que lo vació en los moldes para que se endureciera. Así llegaron al mercado los primeros jabones llenos de aire y que gracias a ello flotaban.

Aquel lote de jabones tuvo un éxito espectacular y todos los clientes querían más de aquel jabón que flotaba y que por lo tanto no se hundía en el agua turbia y se acababa perdiendo. Harley y James investigaron por qué había pasado aquello y cuando Clem les explicó la causa, pidieron que todos los jabones se batieran más tiempo. Aquello sí que era un nuevo producto, y merecía un nuevo nombre. Este salió de un salmo que Harley escuchó en la iglesia: “Mirra, aloe y casia exhalan todos tus vestidos desde palacios de marfil”. Esta última palabra, pero en inglés, dio nombre al jabón: “Ivory”.

Aquella empresa era Procter & Gamble, apellidos de Harley y James, que, todo sea dicho, antes de este invento ya era una empresa muy próspera.

Sólo me queda dar las gracias a Gonzalo de nuevo por su email.

Fuente: Selah

Curistoria

Ver comentarios

  • Decía Voltaire que lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.

    Y razón no le faltaba...

  • Como digo siempre en estos casos, además de la casualidad, hace falta que esta sea presenciada por una mente preparada.

  • Que buena historia! Creo que la vida esta llena de casualidades, pero (como bien dice trecce) hay que estar preparodos para tomarlas, sino no nos sirven de nada.
    Un Saludo
    Uriel

  • Las personas inteligentes convierten la casualidad en causalidad y aprovechan la circunstancia. ¡Cuántas casualidades como ésta habrá habido en los descubrimientos a lo largo de los siglos!.

    Graciaspor la entrada. Es interesante.

  • Gracias por los comentarios.

    Marcos, gracias por el dato. Pongamos entonces a la historia la etiqueta de "leyenda". Pero, desde luego, es una bonita historia :)

    Saludos.

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