
La música actual es un desastre, decimos los menos jóvenes, asegurando que en nuestro tiempo sí que se hacía buena música. Lo mismo vivimos cuando éramos nosotros los jóvenes. Y para qué habla de lo que ocurrió cuando apareció el punk, el rock duro o el rock and roll. Nada nuevo bajo el sol. Hace algo más de un siglo, en los conciertos de música clásica, las nuevas formas de componer generaban discusiones y peleas. En ellos, tipos con chistera y frac se abofeteaban discutiendo sobre la nueva forma de hacer música. Como los mods y los rockers en las playas de Brighton.
El 31 de marzo de 1913, en el histórico Musikverein de Viena se celebró un velada que se abría con Webern y una composición de Alexander Zemlinsky, antiguo profesor de Schoenberg, que dirigía a la orquesta. Había asimismo obras de este último y de Mahler (que había muerto poco antes sin acabar su novena sinfonía), pero nunca se llegó a ese punto del concierto porque se tuvo que suspender. La partitura de Alban Berg que se interpretó era demasiado avanzada para la época y causó una bronca.
Los conciertos de música clásica que acababan en pelea por discrepancias musicales y obligaban a la policía a intervenir
Precisamente durante la interpretación de una composición de Berg titulada Más allá de los límites del Universo, comenzó la situación a hacerse insostenible. Según un testigo, risas estentóreas resonaron en toda la sala como respuesta a los graznidos y crujidos del acorde. Schoenberg se vio obligado a detener la orquesta y amenazó al público con expulsar a los escandalosos. A partir de ahí, partidarios y detractores de esa nueva forma de componer se enzarzaron en voces, reproches y, finalmente, en golpes. Los enfrentamientos físicos obligaron a que la policía se personara e interviniera para desalojar la sala. En lo que hoy llamaríamos un concierto de música clásica.
Un doctor, llamado Viktor Albert según narra Alex Ross en su magnífico El ruido eterno (afiliado), acusaba a Erhard Buschbeck, el organizador del evento, de haberle dado un tortazo en la oreja. Buschbeck se justificaba diciendo que el doctor le había llamado granuja. Este hecho acabó en los juzgados. En las declaraciones asociadas a ese proceso judicial se comentó que el público se estaba riendo durante la interpretación y que el sonido de la famosa bofetada fue lo más armonioso que pudo escucharse aquella tarde. En cierta medida, las disputas entre tradicionalistas y vanguardistas de la música continuaron ante el juez.
Por supuesto, aquello llenó páginas y páginas de periódicos. Se analizaba el hecho desde el punto de vista social y político y como un tema generacional. De hecho, la imagen de arriba es un dibujo aparecido en un periódico en aquellos días. Este hecho se conoce como el concierto del escándalo.
Lo que fue un escándalo la primera noche acabó siendo un éxito clamoroso en pocos días
Pocas semanas después, el 29 de mayo, se estrenó en Francia La consagración de la primavera de Stravinsky. El evento tuvo lugar en el Théâtre des Champs-Élysées, recién inaugurado, y contó con los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev y la coreografía de Vaslav Nijinsky. El concierto empezó sin problemas, calentando a los asistentes antes del estreno del compositor ruso. De nuevo el salto en la forma de hacer música desconcertó al público, y lo enfadó. Algo parecido pasó con el ballet que había en escena, que se movía de acuerdo con una coreografía que no le gustaba al auditorio.
Pronto los espectadores de algunos de los palcos comenzaron a quejarse. Otros, en cambio, reprochaban a estos sus protestas. Parece que la lucha de clases entre los tradicionalistas adinerados de los palcos y los opositores más modestos del patio tenía su peso en la discusión. ¿Parecido a lo que hoy ocurre entre padres e hijos?
Según los testimonios, las palabras entre unos y otros fueron gruesas y sonoras. Llegó un momento en que ya no se escuchaba la música, sino que la algarabía y los exabruptos lo llenaban todo.
Como había pasado en Viena, de las palabras se llegó a las manos, y a los palos. Un hombre que se puso su chistera como muestra de desafío, supongo que para simular que abandonaba la sala, acabó con el sombrero hundido de un bastonazo. También aquí la policía tuvo que intervenir y se dice que se llevó a unas cuarenta personas arrestadas.
A pesar de todo, el concierto se realizó al completo. La primera noche unos pocos aplaudieron sonoramente al final de la interpretación. En pocos días el público pareció cambiar de opinión y Stravinsky era recibido con vítores en lugar de con abucheos. Lo mismo ocurrió con el ballet.
