El día que el NY Times rectificó, 49 años después

(Goddard con uno de sus cohetes en 1926)

Rectificar es de sabios, o de indecisos. O de los dos. O quizás rectificar es de torpes que se equivocan a menudo. Lo que es casi una proeza es rectificar medio siglo después siendo un gran periódico, y hacerlo para darle la razón a un científico que se adelantó a su tiempo.

En 1920 el New York Times se burló del físico, ingeniero e inventor estadounidense Robert Goddard, por sugerir que sería posible enviar un cohete a la Luna. Goddard fue un pionero en el mundo de los cohetes y ya en 1926 trabajaba en la creación y lanzamiento de ellos, propulsados con combustible líquido. El artículo del Times aseguraba que sería imposible que un cohete pudiera funcionar en el vacío y usó la ciencia básica como argumento contra un científico, pocos ataques más duros se pueden hacer. El Times dijo en 1920:

El profesor Goddard, con su silla en el Clark College y con el permiso del Smithsonian Institution, no conoce la relación de acción y reacción y la necesidad de tener algo más que el vacío para poder llevar a cabo una reacción. Decir eso sería absurdo. Por supuesto, él muestra una falta de conocimiento que parece sacada de un colegio.

Goddard, como ya hemos adelantado, se sobrepuso a estas críticas y siguió trabajando en su campo. En 1926 trabajó en el primer cohete propulsado con combustible líquido y sus diseños fueron de gran ayuda para el programa espacial estadounidense de los años 60.

El día después del lanzamiento del Apollo 11, es decir,  el 17 de julio de 1969, medio siglo después de la crítica, el New York Times publicaba un artículo rectificando su ataque contra Goddard y reconociendo sus propios errores. Tres días después de la publicación, el hombre aterrizaba sobre la Luna. Una pena que Goddard hubiera fallecido en 1945, lo que casi hasta da más valor a las disculpas del Times. En la rectificación del periódico se podía leer:

Ahora está comprobado definitivamente que un cohete puede funcionar en el vacío […] El Times se arrepiente de su error.

Fuente: The greatest science stories never told, de Rick Beyer

Curistoria

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