Cuando las prostitutas enfermas eran las más caras

Prostituta parisina
Prostituta parisina
La prostitución, los ejércitos y las guerras son un triángulo del que ya hemos hablado en Curistoria de un modo u otro, y que como comprenderán es un aspecto tan oscuro como lógico de este tipo de situaciones sociales. Pero hay un aspecto nuevo, algo realmente sorprendente, que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial.

Como sabrán, las enfermedades van unidas a las prostitutas en esos conflictos históricos, donde trabajan sin higiene y con unas condiciones de todo tipo (higiénicas, clientes, disponibilidad de recursos…) muy pobres. Algunas enfermedades son más llevaderas y no pasan de molestas pero algunas pueden llegar a causar la muerte, por lo que parece que uno debería evitar en la medida de lo posible el contagio.

Pero no fue así en la Primera Guerra Mundial. Entonces, una prostituta portadora de enfermedades de transmisión sexual tenía un caché más alto que una sana, es decir, cobraba más por sus servicios. Sencillamente porque su demanda era mayor, ya que muchos soldados querían contraer el mal venéreo para obtener un permiso por enfermedad y así eludir el frente de combate.

Y no acaba ahí la cosa, ya que algunos soldados buscaban directamente la infección, sin la transmisión sexual. Es decir, sencillamente querían enfermar, lo que generó un oscuro y repulsivo mercado de pus gonorreico que los hombres se untaban en sus genitales. También se compraban y vendían mucosidades expectoradas por personas tuberculosas, con el mismo fin. Según parece, cualquier cosa era mejor que ser enviado al frente.

Fuente: La belleza y el dolor de la batalla, de Peter Englund
Cuando las prostitutas enfermas eran las más caras Cuando las prostitutas enfermas eran las más caras Reviewed by Manuel Jesus Prieto Martín on 19:04:00 Rating: 5

22 comentarios:

  1. Sin palabras :O parece sacado de una novela. Gran curistoria y buen trabajo con el blog.
    un Saludo!!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tu comentario, Belerofonte. A menudo, como reza el dicho, la realidad supera la ficción.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. ¡¡Espantoso!! Aunque al lado de esto es una tontería, recuerdo que hace años, muchos años, entre los "quintos" había muchachos que se causaban daños para eludir la mili o retrasar su ingreso en ella. Salud(os).

    ResponderEliminar
  4. ¿Por qué morir de tuberculosis letamente cuando podían morir de un tiro?

    ResponderEliminar
  5. que horror! Qué mala es la guerra... preferían enfermar. Muy fuerte.

    ResponderEliminar
  6. Jaramos, sí, yo también he oído esas historias. Gente que se rompía algún dedo para librarse.

    Cristina, uff... a saber.

    Ana, aquella lucha de trincheras fue terrible. La neurosis de guerra estaba a la orden del día. Debió ser horrible.

    Gracias a todos por vuestros comentarios.

    ResponderEliminar
  7. Anónimo23:36

    Está claro que la circunstancia caótica al límite hace que se nos vaya la cordura.

    ResponderEliminar
  8. Anónimo08:17

    Si tienes una enfermedad, la mayoría de ellas eran curables incluso entonces (pocas, a no ser que te pasases de la raya) eran mortales, los soldados lo sabían y comerciaban con las menos mortales. Tontos tampoco eran. Pero un tiro no te mata al instante, casi ninguno. Has oído hablar del efecto hidráulico? Si el tiro no te acierta en el sitio perfecto para dejarte seco en el momento, no creas que llevarse un tiro en un frente de batalla es menos doloroso que tener gonorrea o pasar unos meses en cama sudando una enfermedad.

    ResponderEliminar
  9. Pablo08:34

    Jejeje yo esnifé tiza en el instituto porque decían que daba fiebre :) pero no fue mi caso.

    Artículo muy interesante, gracias !

    ResponderEliminar
  10. Viendo la foto, pensado que además tiene gonorrea.... no se si es mejor morir en el catre o en Verdún. Para pensárselo ....

    ResponderEliminar
  11. Una de la facetas más tristes de la pasada guerra civil española, ignorada por los historiadores, la tenemos precisamente en las enfermedades venéreas que las prostitutas transmitieron a los soldados del frente. Dando una anegdota violenta que ha quedado en el anonimato.

    Lo cierto es que el llamado frente de Teruel en donde se decidió en parte la victoria final de la guerra; victoria de los unos y derrota de los otros, allí en el lado republicano se concentro un gran numero de prostitutas que llegaban al frente de milicianas. Mujeres que en su realidad eran las profesionales del Barrio Chino de Valencia que se trasladaban allí a donde se trasladaban sus clientes.

    Esto dio un sonado escándalo en los mandos militares republicanos, que vieron que eran muchos más los soldados que se pasaba a la retaguardia por enfermedad venéreas, que por heridas de guerra. Llegando a ser una verdadera pandemia deficiente de curar.

    En el caso concreto que recordamos, el caudillo republicano jefe de un cuerpo del ejercito camarada Lister, ordenó que todas estas mujeres abandonaran el frente. Y así se hizo.

    Pero avisado de que de la misma manera que se habían ido, habían retornado, hizo inspección, y detuvo a las que pilló. Ordenando el inmediato fusilamiento de todas ellas. Quedando la orden de fusilar a las que se acercaran a los frentes.

    Y viendo que en la retaguardia republicana se seguía contagiando a los soldados, y esto no se podía corregir, se hicieron gran cantidad de carteles que prebenían de tan fatales enfermedades. En estos carteles de guerra se puede leer que “son más las bajas por enfermedad venéreas que por las balas del enemigo”.

    Lo cierto es que los hospitales republicanos no dieron solución a este problema que diezmó totalmente a los combatientes.

    Siendo lo peor, que estos después daban su enfermedad a sus descendientes, que tras la guerra fueron victimas inocentes de la inconsciencia.

    So. Andrés Castellano Martí.

    ResponderEliminar
  12. Gracias a todos por los comentarios.

    Andrés, muchas gracias por esa información, muy interesante y detallada. Al final, como decía en la entrada, soldados, guerras y prostitutas son un trío muy común.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  13. Si no recuerdo mal, en el segundo tomo de la Forja de un Rebelde, Barea cuenta como los soldados españoles en la guerra de Africa se metían por la uretra canutos de papel untados en mostaza para simular sífilis entre otras formas de esquivar el frente.

    ResponderEliminar
  14. Es dificil ponerse en el lugar de los soldados, no todo el mundo tiene el valor para ir a la guerra.
    Muy interesante

    ResponderEliminar
  15. Es dificil ponerse en el lugar de los soldados, no todo el mundo tiene el valor para ir a la guerra.
    Muy interesante

    ResponderEliminar
  16. Abundando en el tema que aquí se toca, una cosa es el que tu desees contagiarte de una enfermedad, y otra es que sin tu quererlo te contagien. Siendo esto lo que también ocurrió durante la primera gran guerra, en la civil española, y durante la segunda mundial. Y después en otras muchas. Y también en la paz.

    Es decir, el contagio en el frente de las enfermedades venéreas, unas veces fue deseado por el propio individuo, y otras intencionado por los enemigos. Siendo en la realidad mucho más numeroso el contagio deseado por el enemigo que el de deseo propio.

    Esto fue ensayo, al igual que los gases toxicos, fue ensayo en la primera guerra mundial, siendo realidad total durante la guerra civil española, y tragedia durante la segunda mundial. Posteriormente fue crimen total de guerra en Indochina realizado por los franceses. Y masacre crimen contra la humanidad realizada por los americanos en Vietnam.

    Durante nuestra guerra civil, los sabotajes en el armamento y en la alimentación fueron sonados, si bien posteriormente tanto los republicanos como los sublevados se lo callaron. Todos se lo callaron pues los dos bandos los aplicaron a sus enemigos. Lo cierto es que a los soldados de los dos bandos se les daba en dotación una careta de gas, que mucho utilizaron.

    Lo que nadie pudo prevenir fueron los contagios de las enfermedades venéreas, pulmonares y estomacales, que originaban los alimentos y todo lo saboteado.

    Estos desastres, por desgracia, han sido callados por los historiadores propios y los ajenos. Quedando tras la guerra una parte de la población española contagiada de enfermedades infecciosas, de difícil cura. Cosa que fue atribuida a la mala alimentación, como mentira que tapaba la realidad ocurrida.
    Victimas de estos contagios, en los hospitales españoles y en sus casas, a partir de 1939 murieron muchos más españoles que en los frentes de guerra.

    Aquí y ahora -me alegro de que este tema se mencione, pues da la impresión de que siempre los malos y los tontos son los demás. Pues no; los españoles también somos tontos y malos. Antes y ahora. Pues no corregimos.

    Si ahora condenamos a quienes hacen semejantes atrocidades, por qué no recuperamos la memoria histórica y juzgamos a los españoles que ordenaron contagiar a otros españoles. ¿? O que los están contagiando.

    So. Andrés Castellano Martí.

    ResponderEliminar
  17. Anónimo01:37

    En Argentina, cuando el servicio militar era obligatorio (no hace tanto), muchos se arrancaban los incisivos para no pasar la inspección médica.

    ResponderEliminar
  18. Anónimo11:00

    LAMENTABLE ENESOS TIENPOS IENTODOS
    AIQE TENER MUCHA IJIENE GRACIAS AORA ESTA
    EL PERSEBATIBO
    PERO DETODAS MANERAS LAS ILADILLAS JJJJJ
    LASIFILIS LASCANDIDAS MUCHO CUIDAO
    QE LAS PINTAN CALVAS ..JJJJJJJJJ

    ResponderEliminar
  19. Gracias a todos por los comentarios, los aportes y las opiniones.

    ResponderEliminar
  20. Tan común es el binomio soldado/prostituta que vargas Llosa escribió su famosa novela " Pantaleón y las visitadoras".

    ResponderEliminar
  21. Gracias Vic por el comentario. Está en mi debe lector esa novela...

    ResponderEliminar

>
Con la tecnología de Blogger.