Fray Luis de León: Como decíamos ayer

Esta anécdota o historia está en mi cabeza desde que la aprendí siendo niño en la escuela. Y además, creo que es muy conocida y utilizada en las conversaciones, por lo que nunca había pensado escribirla en el blog. Pero hace unos días en la radio, alguien la mencionó y no acertó con el autor y el resto de personas que estaban allí tampoco lo tenían demasiado claro. Así que aquí va la historia, y

Los quevedos o anteojos

Hace unos días hablábamos de una de las genialidades del gran Quevedo (Donde se mea…). Y precisamente Quevedo fue uno de los primeros en usar los anteojos en el Madrid de su época, para suplir su falta de visión provocada por la miopía, y es famosa su imagen con los mismos. Y gracias a estos retratos y a la imagen de Quevedo, se conoce a los anteojos como quevedos. Los anteojos no son lo mismo

Donde se mea no se ponen cruces

En la España de Quevedo, en el Siglo de Oro, era común que la gente orinara en las esquinas, en los portales o en las mismas puertas de las casas. Para evitar estas evacuaciones, algunos vecinos ponían en las puertas y paredes especialmente críticas o atractivas, una cruz o algún santo.Por lo visto, Quevedo tenía la costumbre de utilizar comúnmente un determinado portal como urinario. Un día se encontró en él una cruz y a

Los caballeros de la mesa redonda

Efectivamente, esto no es exactamente algo histórico, pero ustedes me perdonarán. Los caballeros artúricos que se reunían en la Mesa Redonda, parece ser que según la mayoría de los autores eran 10, aunque Sir Walter Scott colocará a doce en Ivanhoe.También según la mayoría de autores, los nombres de estos caballeros eran: Lancelot, Tristán, Lamorac, Tor, Galahad, Galwain, Palomides, Kay, Marco y Mordred. Todos caballeros, todos iguales, pero no todos igual de famosos. Quizás Lancelot,

Unamuno se lo merecía

Cuando Alfonso XIII le otorgó a Miguel de Unamuno la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, el escritor comentó: «Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco». El monarca le contestó: «¡Qué curioso! Por lo general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen». Finalmente, el escritor replicó al Rey: «Señor, en el caso de los demás, efectivamente no se la merecían».

A buen entendedor…

En 1862, después de escribir «Los Miserables», Victor Hugo estaba de vacaciones y envió a su editor una carta interesándose por el ritmo de las ventas del libro. La carta era muy corta, únicamente contenía un carácter: «?».La respuesta del editor Hurst & Blackett no fue más larga. La carta que el editor envió como respuesta tenía un único carácter: «!».

A veces es mejor no preguntar

En una ocasión, un aprendiz de poeta se empeñó en leerle a Francisco de Quevedo unos sonetos que acababa de componer. Cuando acabó su lectura, le preguntó al genio por su opinión y este le dijo: «El siguiente será mejor», añadiendo al momento: «Sencillamente, amigo mío, porque es imposible que sea peor que lo que acaba de leer».

En una ocasión, George Bernard Shaw envío dos entradas para el estreno de una de sus obras a Winston Churchill. Junto con las entradas, remitió un mensaje que decía algo como: «Le envío dos entradas para el estreno, para usted y un amigo, en caso de que lo tenga». Churchill le contestó: «No podré ir el día del estreno. Iré a la segunda representación, en caso de que la haya». George Bernard Shaw sended one

Cervantes y Shakespeare (23 de Abril de 1616)

Cervantes y Shakespeare, los grandes referentes de la literatura en castellano e inglés respectivamente, murieron en la misma fecha, pero no en el mismo día. Ambos murieron un 23 de Abril de 1616, pero Cervante murió en esa fecha de acuerdo al calendario gregoriano, y Shakespeare de acuerdo al calendario juliano. Por lo tanto, Shakespeare murió 11 días después que Cervantes. Lo dicho, en la misma fecha pero en distinto día. Por cierto, el día

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