La real orden de Carlos III que dio origen a la mili

La real orden de Carlos III que dio origen a la mili

Se cumplen en estos días 250 años de la real orden de Carlos III que dio origen a la mili. Fue, en concreto, la Real Orden de Reemplazo de 1770 por la que Carlos III creó el servicio militar obligatorio. Quizás algunos, por su edad, no lo recuerden, pero hasta no hace mucho la famosa mili era un fantasma en la vida de los jóvenes. En algún momento se convertía en realidad y uno tenía que pasar un año, año y medio o incluso dos como militar, sirviendo en el ejército. Yo, por cierto, no llegué a hacerlo, aunque me fue por pocos años.

La real orden de Carlos III que dio origen a la mili no permitía a los reclutas librarse del servicio pagando, como sí pasaría después

Aquello comenzó, como decía, con la Real Orden de Reemplazo del 5 de noviembre de 1770. Antes de ese momento, las tropas se alimentaban de voluntarios o de forzosos entre los menos afortunados o incluso presos. Si hacía falta, puntualmente, se hacía quintas, un sorteo que toma su nombre de la tradición de que uno de cada 5 hombres adecuado para el ejército era seleccionado.

Cuando empezaron a escasear los voluntarios, Carlos III se vio en la obligación de establecer que el sorteo de quintas, la selección de jóvenes para el ejército, fuera anual. Si uno tenía entre 17 y 36 años, era hombre, con una altura de al menos 162 centímetros (una de las más alta de la historia del ejército español) y tenía salud, podía ser reclutado. Había algunas causas para quedar exento, pero no podía librarse ni por pagar una cantidad de dinero ni por haber conseguido que otro ocupara su sitio.

Unas décadas más tarde de aquel 1770 se empezó a valorar en el ejército tanto el dinero como los hombres, y se comenzaron a permitir exenciones pagadas. Había un límite del 3% del reclutamiento que podía librarse a cambio de dinero.

Las exenciones por pago o por sustitución, solían ser todas a cambio de dinero

Las distintas leyes fueron cambiando cuánto tiempo duraba el servicio militar y el coste de librarse de ese servicio. Por ejemplo, en 1856 eran 8 años, 4 en activo y otros 4 en la reserva. Para librarse, en ese 1856, había que pagar 8.000 reales. En esa misma ordenanza uno ya podía uno librarse del servicio si encontraba un sustituto. Más tarde se redujo esta posibilidad de sustitución y tan sólo los hermanos eran los que podían sustituir a un militar de reemplazo.

Hay casos documentados de muchachos que se ofrecen para sustituir a otros, porque estos eran necesarios para que su familia subsistiera. Era habitual que el que se librara hiciera un pago a ese sustituto. En el acuerdo se incluía incluso el destinatario en caso de que el soldado muriera durante el servicio. Era común esa gratificación a cambio de la sustitución. Al fin y al cabo, por lo tanto, tenemos en muchos casos una libranza también por dinero.

El pago al sustituto era más barato que el pago al gobierno por librarse, como es lógico. De esta forma, algunos hombre se ganaron durante un tiempo la vida como soldados, cogiendo las armas que en principio eran para otros.

Es popular la situación en las guerras del norte de África de mediados del siglo XIX y primeros del siglo XX cuando los soldados españoles con posibles se libraban de ir a combatir pagando una cantidad determinada de dinero. Fueron tiempos duros y entonces la probabilidad de perder la vida era suficientemente alta como para pagar a otro por arriesgarla o directamente pagar al ejército para que se olvidara de uno.

Todo esto finalizó, hasta hoy, en 1996, cuando el gobierno del PP de entonces acabó con ese servicio militar obligatorio.

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