Los ushebtis se enterraban con el faraón para que trabajaran por él en el más allá

Cantaba Rubén Blades en su maravilloso Pedro Navaja, y cito de memoria: si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos. Y durante gran parte de la historia, si nacías arriba vivías arriba y si nacías abajo, veías llegar a la muerte desde ahí abajo. Según el cristianismo en el Cielo todos somos iguales, pero es curioso que los egipcios, hace ya 4.000 años, extendían esa situación injusta de esta tierra hasta el más allá. Por eso los ushebtis se enterraban con el faraón para que trabajaran por él en el más allá, liberándolo así de tan penoso destino.

Hablaremos de ushebtis, pero también podrán leer referencias a estos trabajadores del Aaru, del paraíso egipcio, denominándolos como shabtis o shauabtis, según el periodo.

Tras la muerte, se volvía a la vida, se comía y, por lo tanto, había que trabajar el campo

Como es sabido, los faraones incluían en sus tumbas todo aquello que iban a necesitar tras su muerte. Osiris pedía lo suyo en este y en el otro mundo, y los faraones, como todos los demás, tenían que cumplir con la obligación de labrar y sembrar los campos. Esta es una buena lección: si se quiere vivir más allá de la muerte, significa que uno tendrá que trabajar también más allá de la muerte. Pero los faraones tenían una solución para esto.

Los ushebtis, que traducido sería algo así como los que responden, eran unas figuras con aspecto de sarcófago para momias y se enterraban junto al muerto. Su destino era sustituir al faraón en los trabajos agrícolas del otro mundo. Es por esto que en ocasiones se acompañaban de aperos como arados o sacos de semillas. También llevaban algunas inscripciones con unos textos del Libro de los Muertos, y al recitarlos, la vida les llegaba a los pobres ushebtis, listos entonces para el trabajo.

Por otra parte, aunque hay algunos casos en que los faraones se hicieron acompañar en su muerte, en su tumba, de sus allegados y de algunos familiares, que eran enterrados con ellos, esta tradición no duró mucho. Era más era razonable esta cuestión de hacer figuritas y enterrarse con ellas, con el pensamiento de que estas serían trabajadores al otro lado de la muerte.

Recuerden que las serendipias y los animales, han sido clave en la egiptología, y que aunque los saqueadores de tumbas han provocado que no hayan llegado hasta nosotros muchas cosas, gracias a algunos pocos arqueólogos tenemos información sobre esta civilización tan interesante. Y, como para casi todas las civilizaciones, para los egipcios la muerte era un aspecto clave de la vida.

Los ushebtis se enterraban con el faraón para que trabajaran por él en el más allá, y se contaban por cientos

En la tumba de Tutankhamón, el caso paradigmático de información sobre este tipo de cuestiones, se encontraron más de 400 ushebtis. Lo más impresionante es la seriedad con la que se crearon. Había 365 trabajadores, uno para cada día del año, ya que los egipcios tenían un calendario anual de 365 días, como nosotros.

Pero tanto trabajador necesita capataces, por lo que también hay figuras de ushebtis con rango superior, que tenían que supervisar el trabajo del resto. E incluso entre estos había varios niveles, llegando a los ushebtis más importantes, que eran de materiales más nobles, algunos dorados o incluso con incrustaciones de oro. Por si todo esto fuera poco, a estas 413 figuras, exactamente, que acompañaron a Tutankhamón a su tumba, se les dotó de 1.866 herramientas para que llevaran a cabo su trabajo.

Como decía al comienzo, los faraones disponían todo para su vida posterior. Y no habiendo trabajado duro en el campo en esta vida, no iban a empezar en la siguiente, así que para eso se llevaban a esos centenares de ushebtis, de trabajadores para el más allá.

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