El robo más importante de la historia, el de la Gioconda

El robo más importante de la historia, el de la Gioconda

Hace unas semanas intervenía en el programa Memoria de delfín, de Radio Nacional de España, para comentar algunos de los robos más importantes de la historia. Si bien en ocasiones el valor de robado es complicado de averiguar, porque hay obras de arte que no tiene un valor exacto, sí parece claro que los robos más grandes son precisamente los que envuelven a las grandes obras de arte. Que un cuadro valga millones de euros y sea fácil de transportar es una ventaja frente al robo de esos mismo millones en dinero, que ocupan mucho más espacio y pesan.

Con esto en la cabeza, el robo más importante de la historia fue el llevado a cabo en agosto de 1911, cuando la Mona Lisa desapareció del Louvre. Un italiano, Vincenzo Peruggia, un obrero que había trabajado para el museo colocando la puerta de vidrio que protegía la obra, la sacó de allí sin muchos problemas. El museo estaba cerrado, pero Peruggia iba vestido como si fuera a trabajar en él, como ya había hecho antes, y gracias a la indumentaria adecuada y al conocimiento que tenía del lugar y sus costumbres, fue capaz de descolgar el cuadro, sacarlo del marco, esconderlo bajo su ropa y salir andando. Es más, hasta parece que un compañero le abrió una puerta que se encontró cerrada.

Este robo hizo de la Gioconda un cuadro popularísimo, algo que ha mantenido y aumentado con el paso de los años. El robo fue narrado en todos los medios de comunicación y hasta se convirtió en un tema de estado. Mirando con la perspectiva del tiempo, hasta le vino bien a la obra de Da Vinci.

Durante la investigación, se detuvo al poeta Apollinaire y pasó unos días preso, sospechoso del robo. Picasso fue otro de los que estuvieron bajo la lupa de la policía, aunque como sabemos, ninguno de los dos tuvo nada que ver con el hecho.

En diciembre de 1913, más de dos años después del robo, el italiano intentó vendérsela a un anticuario de Florencia y este denunció al ladrón y se acabó la historia. Una vez capturado, Peruggia intentó justificarse diciendo que la obra era italiana y que debía estar en su país. Esto bien parece una excusa. Lo cierto es que el rey Francisco I de Francia la había comprado en las primeras décadas del siglo XVI, así que es más francesa que italiana. Lo más probable es que el ladrón pensara venderla, sin muchos reparos sobre la nacionalidad del comprador.

Una cuestión que hay que tener en cuenta es que el robo de una obra tan importante como esta, tan conocida, no tiene muchas salidas comerciales. O se trata de un encargo el propio robo, o es complicado encontrar un comprador dispuesto a pagar una cantidad enorme de dinero por una obra que nunca podrá lucir o volver a vender.

Lo más sorprendente es que durante todo aquel tiempo la obra estuvo en el apartamento parisino de Peruggia, no muy lejos del Louvre. Un lugar sencillo y por supuesto sin las condiciones óptimas para la conservación de una obra de arte, ya saben: luz, temperatura, humedad… Imaginen que se tropieza el italiano en casa y cae sobre ella la sopa; o entran en la casa y roban al ladrón.

Volviendo al tema del dinero que hace de este el robo más importante de la historia, tenemos algunos datos que nos pueden ayudar. En 1962 la Gioconda hizo una gira por Estados Unidos y se aseguró en unos 100 millones de dólares. Más de medio siglo después se estima que hoy su valor estaría cerca de los 700 millones. Si tenemos en cuenta que una obra de da Vinci, el Salvator Mundi, se vendió por casi 400 millones de euros, y no era la archiconocida Gioconda, no parece descabellado ese precio.

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