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jueves, 28 de febrero de 2013

Blas de Lezo, Mediohombre

Blas de Lezo, Mediohombre
Blas de Lezo, Mediohombre
Blas de Lezo y Olavarrieta fue un español, guipuzcoano para más señas, que nació en 1689 y murió en 1741, dejando tras de sí una carrera militar llena de éxitos y momentos épicos. Es uno de los mejores hombres que han pasado por la Armada Española en toda su historia y, me temo, que no es suficientemente conocido por el gran público, lo que es un error porque su vida es apasionante.

Alcanzaron sus logros el punto culminante en 1741, durante el sitio a Cartagena de Indias. Gran Bretaña y España se enfrentaron en lo que hoy es Colombia dentro de la Guerra del Asiento y en aquel sitio y sitio Blas de Lezo arruinó la escuadra del inglés Vernon a pesar de que la diferencia de hombres y naves era muy grande y favorable a los británicos, marcando un punto de inflexión en el dominio de aquellas aguas.

Uno de los apodos, el más conocido, de Blas de Lezo es Mediohombre, y se debe a la cantidad de heridas que sufrió en combate siendo aún muy joven, lo que le llevó a sufrir alguna amputación y a la pérdida de partes del cuerpo, es decir, dejó a aquel hombre en medio hombre y aún así, siendo sólo la mitad, tuvo de sobra para lo que vino después.

El 24 de agosto de 1704, en una batalla naval dentro de la Guerra de Sucesión Española, al sur de la península, una bala de cañón destrozó la pierna izquierda de Lezo, haciendo irremediable su amputación de rodilla para abajo. Comenzaba la leyenda, y comenzó sin anestesia de ningún tipo y sin que el guipuzcoano se quejara ni una vez durante la dolorosa operación de amputación.

En 1706, también durante la Guerra de Sucesión, un cañonazo lanzó al aire una lluvia de esquirlas y una de ellas acabó en el ojo izquierdo de nuestro, aún, hombre, dejándolo tuerto de dicho ojo.

Fue herido sin importancia alguna vez más antes de que en 1712, durante el asedio de Barcelona, un disparo de mosquete le hirió en el brazo derecho e inutilizó esta extremidad. No crean ustedes que era lo de Lezo mala suerte, sino que más bien eran arrestos de sobra para colocarse una y otra vez más allá del límite y enfrentarse con cuanto tenía cuando correspondía. Gracias a esa forma de combatir se hizo con importantes victorias, todo sea dicho.

Así, en 1712, con menos de veinticinco años, Blas de Lezo estaba cojo, tuerto y manco. Ahí nació el sobrenombre de Mediohombre y, como decía anteriormente, la leyenda. Tuvo aún cuerpo y, sobre todo, cabeza suficiente para seguir combatiendo con éxito mucho más tiempo.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Adolf Hitler, autor superventas

Primera edición de Mi Lucha
Primera edición de Mi Lucha
Adolf Hitler escribió un libro titulado Mi Lucha, como todos sabrán, donde recogía parte de su biografía, debidamente adornada, y algunas ideas básicas en torno a lo que acabaría siendo su política. Aquella obra acabó generándole millones de marcos y convirtiéndole en un autor de bestsellers.

Cuando estaba preso en 1924, en la ciudad de Landsberg, Hitler escribió el libro en su celda, siendo publicad por la editorial Franz Eher en 1925. De cada ejemplar vendido el autor se llevaba un porcentaje del quince por ciento sobre el precio de venta, que eran 12 marcos. Es decir, cada venta llevaba 1,8 marcos a los bolsillos de Hitler.

El primer año, 1925, se vendieron 10.000 ejemplares, lo que le reportó 18.000 marcos en concepto de derechos de autor. Las ventas fueron de unos 7.000 ejemplares en 1926, 5.600 el año siguiente, 3.000 en 1928 y 7.700 en 1929. En 1930 las ventas subieron exponencialmente hasta los 54.000 ejemplares y también estuvo por encima de 50.000 el número de ventas el año siguiente. En 1932 se superaron los 90.000 ejemplares. Como vemos, todo un superventas.

En 1933 se habían vendido del libro más de 900.000 ejemplares en total, que le habían reportado al líder alemán 1,2 millones de marcos de la época, o lo que es lo mismo, unas setecientas cincuenta veces el sueldo de un obrero cualificado, que estaba en torno a los 1.600 marcos.

Finalmente, en todos aquellos años, el libro reportó en derechos de autor a Hitler la nada despreciable suma de ocho millones de marcos alemanes de la época. Para ser justos, es importante señalar que el gobierno acabó regalando esta obra a todos los recién casados, pagando como es lógico por ella y generando beneficios para el propio jefe del gobierno. Otras de las muchas trampas con las que Hitler se hizo millonario y que repasaremos también en otras curistorias.

Fuente: Secretos del Tercer Reich, de Guido Knopp

martes, 26 de febrero de 2013

Sargento por amor

Guillermo II y su esposa
Guillermo II y su esposa
El emperador Guillermo II fue el último rey de Prusia y el último emperador alemán. Murió en 1941 y había nacido en 1859. Gobernó entre 1888 y 1918 y en una ocasión, mientras paseaba por un cuartel de Berlín, fue saludado por el cabo de guardia, que si bien cumplió con el protocolo militar, no lo hizo con alegría.
-¿Qué te ocurre muchacho? -le preguntó el emperador.
El muchacho no respondió y Guillermo II, que debía tener ganas de hablar, le dijo:
-¿Es el amor lo que te pone triste?

Y el cabo entonces le contó que efectivamente era el amor lo que le había robado la alegría. Le explicó al emperador que el sargento mayor del cuartel no le dejaba acercarse a su hija ya que un cabo era poco para la dama.

Guillermo II, compadeciéndose del joven y haciendo valer su cargo, rindió aquel día servicio al amor.
-Pon en conocimiento de tu futuro suegro que Guillermo II te ha hecho sargento.

Cuando el cabo finalizó su guardia y se dispuso a descansar, se encontró sobre su cama las insignias de sargento. Así, el emperador cumplía su palabra y aquel joven tenía vía libre para conquistar a la hija del sargento mayor, ya que siendo un sargento el pretendiente, la cosa cambiaba.

Fuente: Mis anécdotas preferidas, de Carlos Fisas.

jueves, 21 de febrero de 2013

Enrique VII y la batalla de Bosworth

Enrique VII coronado en la batalla de Bosworth
Enrique VII coronado en la batalla de Bosworth
La batalla de Bosworth es considerada como la última batatalla de la Guerra de las Dos Rosas, que enfrentó a las casas de York y Lancaster en el siglo XV. Aunque posteriormente a esta batalla la guerra aún dio algunos coletazos, la batalla de Bosworth fue el punto en el que cambió la casa en el trono de Inglaterra y fue también escenario de un hecho que parece sacado de una película épica.

La Guerra de las Dos Rosas enfrentó durante tres décadas, entre 1455 y 1485, a los partidarios de la casa de Lancaster contra los partidarios de la casa de York, buscando cada uno de ellos colocar a su hombre en el trono de Inglaterra. El nombre de la guerra proviene de los emblemas de ambas casas, que eran rosas aunque de distinto color y que como ya les conté en otra curistoria dio finalmente al emblema de los Tudor.

En agosto de 1485 se enfrentaron en Leicestershire, en el centro de Inglaterra, ambos ejércitos. Por un lado Ricardo III lideraba la casa de York y por el otro, en aquel momento aspirante a la corona, estaba Enrique Tudor, de lado de los Lancaster. En la batalla murió el rey Ricardo y venció el bando de Enrique, por lo que los vencedores tenían vía libre para hacerse con el trono.

Y aquel día de agosto no sólo acabó la Guerra de las Dos Rosas, sino que, y este era el momento épico del que les hablaba, un rey fue coronado, simbólicamente, en el propio campo de batalla, después de vencer. Enrique subió al trono de Inglaterra como Enrique VII y dio inicio en aquel momento a la dinastía de los Tudor. La ceremonia oficial tuvo lugar a finales de octubre pero su reinado va desde el 22 de agosto de 1485, día de su victoria en la batalla de Bosworth, hasta el 21 de abril de 1509, cuando murió.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Mi mascota es una mosca o cómo evitar al fisco

Virgilio
Virgilio
Yo, que tengo una preciosa labrador retriever como parte de mi familia, y digo bien, familia, sé cuánto se les llega a querer a las mascotas y lo que significa un animal en la vida de una persona. Pero aún así, créanme que no acabo de comprender bien lo que hizo Publio Virgilio Marón, el poeta que en el siglo I a.C. escribió La Eneida. Bueno, en realidad si lo entiendo, y espero que ustedes también lo entiendan después de leer toda la curistoria.

Tenía este hombre como mascota a una mosca y cuando esta falleció organizó unos fastuosos funerales en su honor. Contrató a una orquesta que tocara y a un grupo de plañideras que lloraran con desconsuelo simulado la muerte del insecto. Compuso algún poema para la ocasión y la mosca fue sepultada en un enorme sepulcro que costó tres cuartos de millón de sestercios. ¿Incomprensible?

Pues sí y no. Si nos quedamos en los hechos simples parece una excentricidad, pero las razones ocultas arrojan claridad al asunto. Según parece el objetivo de Virgilio con todo aquello estaba más en el dinero que en rendir honores a su mascota alada. Poco después del sepelio de la mosca, un nuevo decreto iba a ser promulgado por el que grandes extensiones de tierra serían expropiadas a terratenientes para entregárselas a soldados licenciados. Los terrenos que albergaran tumbas o enterramientos, fueran estos de la naturaleza que fueran, estarían libres de ser confiscados.

Por supuesto, cuando el decreto vio la luz, Virgilio esgrimió la tumba de su mosca como motivo para mantener sus terrenos bajo su propiedad y sorprendentemente la petición le fue concedida.

Fuente: Anécdotas de la historia, de Pancracio Celdrán

martes, 19 de febrero de 2013

La Monja Alférez

Catalina de Erauso, la Monja Alférez
Catalina de Erauso, la Monja Alférez
Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez, fue una mujer nacida en San Sebastián en 1592 y que después de pasar la primera parte de vida en un convento, cuando tenía 15 años escapó de allí y cambiando su aspecto por el de un hombre vivió más aventuras de las que uno esperaría para una monja e incluso para cualquier mujer.

Viajó muchísimo durante toda su vida ya que después de un tiempo en España embarcó con destino a América, donde se convertiría en soldado y demostraría su valor en innumerables campañas y batallas. Se ganó el grado de alférez que denota su apodo y curiosamente combatió durante mucho tiempo bajo las órdenes y al lado de uno de sus hermanos, sin revelarle nunca su identidad real.

Fuera de la vida castrense, fue jugador, pendenciero, peleón y resuelto con el acero. Mató a varios en broncas y riñas por distintos motivos, a menudo relacionados con el juego, y estuvo condenado en varias ocasiones, salvándose en alguna de ellas cuando ya tenía la soga al cuello. Fue herida también más de una vez y finalmente, frente al obispo Agustín de Carvajal, en Perú, confesó que en realidad era una mujer y que años atrás había hecho el noviciado. Su fama corrió por todo el Imperio Español y el rey Felipe IV, a través de un consejo, le concedió una paga por los servicios prestados. El papa Urbano VIII la recibió y al conocer su historia, le dio permiso para seguir vistiendo como hombre a pesar de ser mujer, algo prohibido en aquel tiempo. Finalmente volvió a América y murió en México en 1650.

Basten un par de detalles para conocer el carácter y la forma de actuar de esta dama, que en realidad llevaba dentro al más bravo de los hombres. En una ocasión, cuando ya era conocida su historia, unas chicas quisieron burlarse de ella al preguntarle dónde iba “señora Catalina”, haciendo hincapié en ese señora. La respuesta fue: “A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas”.

Sus propias palabras en la confesión a aquel obispo cuando por fin mostró su verdadera identidad, son un resumen ilustrativo de su vida:
"Señor, todo esto que he referido a Vuestra Señoría Ilustrísima no es así. La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima."
Una vida de novela que bien merece ser conocida con mucho más detalle del que permite esta curistoria.

lunes, 18 de febrero de 2013

Meteoritos en Rusia: Tunguska y Vitim

Tunguska
Árboles destrozados en el evento de Tunguska
Hace apenas unos días un meteorito meteoro ha caído en Rusia, como todos sabrán, y que gracias a la tecnología ha podido ser claramente grabado. Las imágenes son espectaculares y aunque hay otro tipo de teorías, relacionadas con el gobierno ruso y pruebas armamentísticas, lo comúnmente aceptado es que se trata de un meteorito o meteoro. Hace más de cien años, ocurrió algo parecido, conocido como el evento de Tunguska debido al lugar en el que ocurrió.

A las 0 horas, 17 minutos y 11 segundos (GMT) del 30 de junio de 1908, en Siberia, cerca del río Podkamennaya, en Tunguska, una explosión brutal acabó con todo lo que había a su paso, que afortunadamente y a diferencia del evento de la semana pasada no incluía una ciudad ni gran cantidad de personas en su área de impacto. Se calcula que la explosión fue el equivalente a 12,5 megatones (algunas fuentes dicen que más del doble de ese valor) o lo que es lo mismo, unas mil quinientas bombas de Hiroshima. Algunas personas de la ciudad de Vanavara oyeron las explosiones, tres según los testigos, y luego aquello que cayó del cielo arrasó árboles, cortándolos de cuajo, y generó olas contracorriente en los ríos. Aquel evento incendió y destrozó árboles en más de dos mil kilómetros cuadrados y gente sufrió sus consecuencias a más de cuatrocientos kilómetros de distancia. Según las crónicas, durante varios días las noches fueron tan luminosas que no se necesitaba luz artificial. Hubo de ser impresionante, a juzgar por todos estos datos.

Son muchas las hipótesis que se han defendido y sostenido en torno al evento de Tungunska: meteorito, cometa, explosión nuclear, antimateria, OVNI… La falta de restos del objeto que cayó y de un cráter en el suelo, hacen pensar en un cometa formado de hielo o en que el meteoro fue destruido por un rayo que él mismo generó.

Casi un siglo después, en 2002, un evento similar tuvo lugar cerca del río Vitim, en torno a la ciudad de Bodaibo. Las teorías son similares, cometas, meteoritos... y aunque el evento fue mucho más reducido, algunos kilotones en el peor de los casos, lo que sorprende es que ocurriera a apenas algunos cientos de kilómetros de Tunguska. Y algo más de diez años después de este segundo caso, en 2013, de nuevo en Rusia cae otro meteorito, a algo más de tres mil kilómetros de Tunguska.

Por cierto, gracias a @JaBTi por darme a conocer este hecho.

domingo, 17 de febrero de 2013

Lecciones de marketing de un sastre madrileño

Les contaba el otro día cómo un músico callejero supo aprovechar una oportunidad que le puso delante la vida para hacerse valer más en su quehacer diario. Hoy vuelvo con una curistoria con moraleja parecida, aunque con otro contexto y con otra fuente distinta.

En el Madrid de finales del siglo XIX, había en la capital tres sastrerías conocidas y que se tenían por las mejores de la capital. Como suele ocurrir en muchos casos por tradición de siglos o por atraer conjuntamente a los clientes, las tres estaban situadas en la misma calle madrileña. Con el objetivo de hacerse notar y diferenciarse, es decir, de acercar a los clientes a su local, una de ellas colocó un cartel: “El mejor sastre de Madrid”. Frente a tan rotunda afirmación otra de las sastrerías subió la apuesta con el siguiente eslogan: “El mejor sastre de España”.

Ustedes supondrán que a la tercera de la sastrerías de aquella calle únicamente le quedaba una opción. Si una era la mejor de Madrid, y la siguiente la mejor de España, ella debía ser la mejor de… Y así, colgó el siguiente cartel: “El mejor sastre de esta calle”.

No sólo dejaba claro que era el mejor de aquella calle, sino que así se ponía a la vez como mejor sastre de Madrid e incluso de España. No es poca cosa esta, pero desde luego lo mejor de todo es la capacidad para hacer publicidad con talento, eso siempre lo agradecemos nosotros los clientes.

Fuente: Anécdotas de la historia, de Pancracio Celdrán

sábado, 16 de febrero de 2013

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, de Santiago Posteguillo

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote
La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, de Santiago Posteguillo
Estoy seguro de que muchos de ustedes conocen a Santiago Posteguillo gracias a sus obras sobre Roma: la trilogía Africanus (éxito de ventas y crítica) y Los asesinos del emperador. Tiene varios e importantes premios, entre los que figuran el premio Hislibris al mejor novelista de novela histórica y en 2009 también se llevó el premio Hislibris a la mejor novela histórica del año. Pero además de todo esto, Posteguillo es profesor de lengua y literatura inglesa y estudió literatura creativa en Estados Unidos. En la obra que les recomiendo hoy, La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, se aúnan esas dos facetas de su curriculum, la maestría a la hora de contar historias y el conocimiento profundo de la literatura y los autores.

Y de ese mezcla sale un libro que les hará pasar un rato maravilloso, en el que en pequeños capítulos Posteguillo repasa aspectos poco conocidos, sorprendentes y geniales de grandes autores y grandes obras de la literatura. No se amedrenten por eso de “grandes obras de la literatura”, ya que el texto se lee con una facilidad y un gusto extraordinarios. Todas las obras y autores de los que habla son muy conocidos y está escrito de tal modo que casi es un juego descubrir sobre qué o quién está hablando en algunos casos. Les aseguro que se pasan las páginas sin darse cuenta y que si se descuidan, y la agenda se lo permite, devorarán en libro de una sola tirada.

Tolkien, Cervantes, Sherlock Holmes, sir Walter Scott, Dumas… todos ellos y sus obras son protagonistas de historias que en realidad son curistorias al cien por cien. Al hecho real, ya de sí atractivo, Posteguillo une su maestría para recrear la situación y el momento como si estuviera escribiendo una novela, es decir, novela la realidad para que nos hagamos una idea perfecta de cómo ocurrió todo y nos transporta al pasado, a aquel momento en el que una chispa marcó la historia de la literatura.

Una lectura muy amena, ligera, de la que aprenderán mucho, sin duda, y que les recomiendo en cualquier caso, como se hace en los juegos de mesa, tengan ustedes la edad que tengan entre los 10 y los 100 años. Ninguno de ustedes se arrepentirá de esta lectura, que es mucho decir, y conocerán mejor la historia, en este caso de la literatura, mientras disfrutan. ¿Hay algo mejor en la vida? Es posible que sí, pero no al precio de un libro.

jueves, 14 de febrero de 2013

Lecciones de marketing de un músico callejero

Pietro Mascagni
Pietro Mascagni
Pietro Mascagni fue un músico y compositor italiano, nacido en 1863 y muerto en 1945. A finales del siglo XIX vio la luz una de sus obras más conocidas, la ópera Cavalleria Rusticana. Estrenada en Roma en 1890, el libreto corresponde a Menasci y Targionni-Tozzetti y es de las pocas obras de Mascagni que siguen siendo interpretadas con cierta regularidad en nuestros días.

En un viaje a Londres, escuchó el compositor a un músico callejero interpretar con su organillo un fragmento de aquella ópera frente al hotel en el que se alojaba. Al parecer del autor, que algo sabría de aquella partitura que había salido de su cabeza, el organillero estaba tocando el fragmento demasiado ligero, es decir, algo acelerado. El autor se dirigió al músico y le reprendió por interpretar mal su obra, diciéndole que la estaba tocando demasiado ligero.

¿Y quién es usted para hacer observaciones? Le respondió el otro algo enfadado. Entonces Mascagni se identificó como el autor de la obra y al momento le cerró la boca con tal argumento al organillero. Además, para mostrarle cómo debía hacerse, Mascagni tomó el lugar del interpreté callejero y tocó su propia composición.

Al día siguiente, al salir del hotel, Mascagni se encontró con el mismo organillero, en el mismo lugar, pero con un cartel enorme que rezaba: “Discípulo de Mascagni”.

Hay que decir que técnicamente no mentía aquel buen hombre, aunque su afirmación quizás era un poco exagerada. En cualquier caso, demostró tener talento para el marketing y para aprovechar las ocasiones, incluso cuando estas hubieran partido de un error.

Fuente: Mis anécdotas favoritas, de Carlos Fisas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Julio César, de Shakespeare: son las ocho

He leído en las últimas semanas, alternándolo con otras lecturas, varias obras de teatro de Shakespeare y he de decir que no acabo de cogerle el punto al autor inglés, que se supone una de las cumbres de la historia de la literatura. Será seguramente cuestión mía, o que no es buen momento para que me dedique a leer teatro de hace cuatro siglos. En cualquier caso, no es el objetivo de esta curistoria narrarles mis desventuras como lector.

Como decía, Shakespeare está considerado como uno de los dramaturgos más importantes de la historia y sus obras han sido leídas, comentadas, estudiadas y llevadas al cine desde que fueron escritas. Pero como hasta el mejor escribano echa un borrón, como asegura el dicho popular, también Shakespeare tiene algunos errores, si me permiten llamarlos así, en sus obras, que de ser leídos en las páginas de un autor novel serían tachados de graves y serían blanco de una dura crítica.

En 1599 Shakespeare escribió una obra trágica titulada La tragedia de Julio César, que narra la conspiración y últimos momentos del emperador romano. Es una de las obras de Shakespeare que se basa en hecho reales y está considerada uno de sus mejores trabajos. Hay un momento en el que conversan Bruto, el verdadero protagonista del drama, con el propio Julio César y dicen algo que llama la atención al lector. Se trata de la segunda escena del acto segundo:
César: ¿qué hora es?Bruto: César, son las ocho.
Llama la atención tal exactitud en la hora, aunque sí es cierto que los romanos tenían relojes que medían horas, no con mucha precisión, y en algunos casos hasta habían diseñado relojes de agua con un sistema de flotadores eran capaces de emitir sonidos al cambiar de una hora a otra, pero llama la atención tal exactitud en el diálogo.

Como decía, siendo Shakespeare el autor supongo que lo que cuento en el párrafo anterior justifica el hecho, pero no tendría yo valor de escribir una novela y poner en boca de un romano ese son las ocho.

martes, 12 de febrero de 2013

Protector del Santo de Jerusalén

Godofredo de Bouillón
Godofredo de Bouillón
Godofredo de Bouillón fue un francés que jugó uno de los papeles principales en la Primera Cruzada. En 1099, preciosa fecha, aquella cruzada se acercaba al éxito después de tres años de aventuras pero aún así había problemas entre las filas cristianas, ya que no todos estaban de acuerdo sobre cómo actuar y el siguiente paso a dar. Finalmente decidieron asediar y tomar Jerusalén, que cayó el 15 de julio después de cinco semanas de asedio.

Raimundo de Tolosa, otro de los líderes cristianos, fue propuesto para el título de rey de Jerusalén, pero lo rechazó. Así, el siguiente en la lista era Godofredo de Bouillón, que aceptó gobernar la ciudad pero no ser rey. Según la leyenda dijo que no llevaría una corona de oro donde Cristo había llevado una corona de espinas.

El 22 de julio de 1099 se convirtió en Protector del Santo Sepulcro, Advocatus Sancti Sepulchri en latín, que fue el título que creó y tomó para sí como gobernador de Jerusalén. Tomó posesión del cargo en la iglesia de la Natividad de Belén y un año después, Balduino I, hermano de Godofredo, fue coronado rey en la iglesia del Santo Sepulcro en la propia Jerusalén, sin reparos en ser rey con corona de oro allá don de Cristo llevó la de espinas.

Godofredo fue un año, tan solo un año, Protector del Santo Sepulcro, y con él finalizó también el uso del título.

lunes, 11 de febrero de 2013

El garrote, un regalo del rey a la reina

Garrote vil
Garrote
Cuando había pena de muerte en España, como es lógico, había verdugos y formas oficiales de acabar con las personas. Había varios medios válidos para acabar con la vida de los condenados, pero el garrote como método para las ejecuciones fue un regalo de cumpleaños del rey a la reina.

El garrote era una máquina que estrangulaba rompía el cuello al reo mediante un sistema mecánico, estando este sentado y con el cuello sujeto por un collarín. El verdugo giraba una rueda que hacía que un resorte ejerciera presión sobre la nuca de reo, que al tener sujeta el cuello no tenía forma de evitar el falta desenlace.

Fue Fernando VII quien determinó que en España se debían ejecutar a los condenados a muerte con el garrote. Esta máquina era un principio un instrumento de tortura, no de ejecución, y fue la Inquisición la primera en usarlo para causar el fallecimiento de los condenados, evitándoles así alguna vez muertes peores como la hoguera. Como decía, gracias a Fernando VII, que sustituyó la horca por el garrote, los condenados a muerte españoles pudieron morir sentados, y con menos sufrimiento, seguramente.

En un Real Decreto fechado el 28 de abril de 1832 en Aranjuez, y como regalo a la reina su esposa, el rey determinó que el garrote debía ser el método oficial de ejecución. Su cuarta esposa, María Cristina de Borbón Dos Sicilias había nacido el 27 de abril de 1806 y desde luego el regalo que se llevó aquel año de su esposo es original.

El texto exacto de aquel Real Decreto es el siguiente:
Deseando conciliar el último e inevitable rigor de la justicia con la humanidad y la decencia en la ejecución de la pena capital, y que el suplicio en que los reos expían sus delitos no les irrogue infamia cuando por ellos no la mereciesen, he querido señalar con este beneficio la grata memoria del feliz cumpleaños de la Reina mi muy amada esposa; y vengo en abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte en horca; mandando que en adelante se ejecuta en garrote ordinario la que se imponga a personas del estado llano; en garrote vil la que se castigue los delitos infamantes sin distinción de clase, y que subsista, según las leyes vigentes, el garrote noble para los que correspondan a la de hijos-dalgo.
Los diferentes tipos de garrote se diferenciaban en el modo en que el reo era conducido hasta la terrible máquina y en cómo se le trataba allí.

Fuente: Documentos RNE

domingo, 10 de febrero de 2013

Ladrones de cuerpos, los resucitadores

En la segunda mitad del siglo XVIII y hasta el primer cuarto del siglo XIX, en Inglaterra, la necesidad de cadáveres para el aprendizaje de la anatomía por parte de los médicos tuvo un cierto repunte. Existía, desde siglos antes, una ley que permitía a los cirujanos quedarse con algunos de los cuerpos de los ejecutados para estas labores, pero el flujo de cadáveres nunca fue suficiente para las necesidades que había.

Aparecieron entonces los que se conocieron como resucitadores, que no eran más que hombres con pocos escrúpulos que se dedicaban a desenterrar a los recién fallecidos y entregar el cuerpo a la ciencia, pero no por amor a esta, sino por una golosa cantidad de dinero. Según la calidad del cadáver, el importe variaba, llegando en algún caso a ser el equivalente varios meses de sueldo en el campo o en labores similares. Un cuerpo sin mucho deterioro y que sirviera para hacer un buen estudio de músculos y demás órganos era el pasaporte a la riqueza. Así, no es de extrañar que proliferaran los resucitadores, oficio tétrico donde los haya, y que incluso algunos de ellos llegaran al punto de fabricar los cadáveres, ustedes ya me entienden.

Todo esto provocó que los cementerios se convirtieran en lugares muy vigilados por la policía y que aquellos más pudientes se construyeran panteones impenetrables. El cuerpo de un hombre de más de metro ochenta centímetros, joven y fornido, era un regalo caído del cielo, nunca mejor dicho, para un resucitador y en esa categoría estaban los boxeadores. Así, estos tenían un justificado pavor a que su cuerpo fuera desenterrado y vendido una vez que fallecieran, si lo hacían jóvenes y fuertes, claro está. Algunos boxeadores llegaron a pedir ser enterrados a cinco metros de profundidad para evitar así el ser resucitados.

Fuente: Psicokillers: Los asesinos en serie más famosos de la historia, de Juan Antonio Cebrián

jueves, 7 de febrero de 2013

Leibniz engañaba a sus jefes

Leibniz
Leibniz
Hace unos días leí un libro titulado La computadora universal, escrito por Martin Davis, que repasa la historia de los avances matemáticos que han permitido a lo largo de los últimos dos siglos llegar hasta el concepto de computadora universal que Von Neumann y Turing acabaron convirtiendo en el germen de los ordenadores actuales y por supuesto de nuestros smartphones, tabletas… Es un recorrido muy interesante, en el que aparecen hombres como Boole, Frege, Cantor, Hilbert, Gödel, el propio Turing… y cómo cada uno contribuyó, sin saberlo, al avance de la ciencia matemática y de la lógica hasta el punto en el que floreció el computador o la máquina universal. Si me permiten un momento de nostalgia, he disfrutado en general del libro, que les recomiendo si les interesa el tema, pero recordando cuándo estudié, aprendí y trasteé con el concepto de las máquinas de Turing, he vuelvo un puñado de años atrás.

Decía que gran parte de estos hombres no eran conscientes de que sus avances y aportaciones, plenamente teóricos en la mayoría de los casos, tendrían alguna vez la aplicación que hoy conocemos en el mundo de la computación, incluso cuando vislumbraran una idea parecida. Pero los que sí que no esperaban esto, ni siquiera contribuir a la ciencia, eran los duques de Hannover, sin los que seguramente no se habría podido andar este camino del modo que se ha hecho ya que no se hubieran dado algunos de sus pasos iniciales, concretamente, los que salieron de la cabeza de Leibniz.

Gottfried Wilhelm Leibniz, nació en 1646 en Hannover y falleció en 1716. Filósofo, matemático, experto en lógica, jurista, bibliotecario, político… todo esto fue esta gran mente de la historia. Pudo dedicar gran parte de su vida al estudio teórico y a la filosofía gracias a la protección y dinero de los duques de Hannover. Pero estos no contribuían por placer o como mecenas a la vida de Leibniz, sino que habían contratado a este como historiador de la familia y, principalmente, para que construyera el árbol genealógico y documentara la vida de sus antepasados. Y así, podríamos decir que gracias a esa ocupación tan mundana, Leibniz tuvo oportunidad de generar un conocimiento para la humanidad que la ha hecho avanzar de manera significativa. Le pagaban sus empleadores por puro egocentrismo, si me permiten exagerar un poco, para mayor gloria de los Hannover y Leibniz se dedicaba a pensar y escribir sobre matemáticas, filosofía… sin dejar de lado su labor como historiador de aquella familia. Así, gracias a que Leibniz engañaba a sus jefes, estamos hoy donde estamos.

Continuando con el comentario que hace Martin Davis al final del libro, en su epílogo, sirva esto de ejemplo para comprender que no siempre se ha de buscar el beneficio inmediato y los resultados a corto plazo cuando se habla de ciencia en el sentido más amplio. Si Leibniz se hubiera dedicado a lo que le pedían, al corto plazo, es decir, a escribir la historia de los Hannover, no habría contribuido como lo hizo a la otra historia, a la de todos nosotros, que también incluye a los Hannover. No trabajaba Leibniz para crear ordenadores, sino en un mundo teórico y abstracto, que un día y después de pasar por muchos otros hombres, se materializó en esto por lo que usted está leyendo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Concurso por el séptimo aniversario de Curistoria

Para celebrar que en este mes de febrero de 2013, el día 1 concretamente, este blog cumplió siete años desde su primera publicación, voy a celebrar un pequeño concurso cuyo premio es, como era de esperar, unos lotes de libros de Curistoria.

El premio
Curistoria y Curistoria 2 son los títulos de los libros y su temática es obvia. El primero fue editado por la editorial Ediciones Evohé y en el caso del segundo, el editor fui yo mismo ya que tiene un objetivo solidario, destinando todo el dinero que genere el libro a la ONG Médicos Sin Fronteras.

Cada uno de los ganadores del concurso se llevará un lote con ambos libros en formato papel que recibirá en su casa.
El concurso
Desde el momento de publicación de esta entrada y hasta el próximo 15 de febrero de 2013, inclusive, todos los seguidores de la cuenta en Twitter del blog, que en realidad es la de su autor, y todos los fans de la página en Facebook de Curistoria podrán optar al premio. Para participar basta con que dejen un comentario en esta entrada indicando su usuario en Twitter o su nombre en Facebook, de tal forma que si son elegidos pueda contactar fácilmente con ustedes.

La elección de los premiados se hará tomando al azar algunos comentarios de esta entrada y comprobando que efectivamente cumplen con los requisitos.

Si ya son seguidores de la cuenta en Twitter (@vitike) o son fans en Facebook de Curistoria, únicamente tendrán que dejar el comentario indicando que desean participar en el concurso. En otro caso, se lo pongo fácil, pueden hacerlo desde aquí mismo:




Por cierto, como ya les adelanté, en breve habrá nuevas sorpresas editoriales relacionadas con Curistoria.

Y por último, mil gracias a todos ustedes por seguir y leer Curistoria durante estos siete años, por comentar, por twittear las entradas, por corregir mis erratas... sin lectores esto no tendría sentido, y ya somos cien mil cada mes.

lunes, 4 de febrero de 2013

En política nada cambia

Marcel Sembat
Marcel Sembat
Son días revueltos para los políticos y la política en España, corrupción, escándalos, incapacidad, desvergüenza, irresponsabilidad… todo se mezcla. Pero, lamentablemente, no es esto algo nuevo bajo el sol. Si no me creen, basta con que lean el Episodio Nacional que dedicó Galdós a la corte de Carlos IV, que es el segundo de la primera serie, para que comprueban que en los albores del siglo XIX el tráfico de influencias, el amiguismo y el arribismo ya estaban a la orden de día en la política, aunque en realidad en aquel tiempo política y realeza eran uno.

Otro ejemplo lo tenemos recogido por Carlos Fisas en una de sus recopilaciones de anécdotas históricas, cuando narra lo que ocurrió con una petición del pintor Renoir al diputado Marcel Sembat. Este hecho, como supondrán, corresponde a la política francesa, pero bien lo pueden ustedes mover de país y época sin miedo a sacarlo de contexto. El político, Sembat, le había ofrecido muchas veces a Renoir ayuda en cualquier cosa que necesitase, y un día se presentó esa oportunidad. Conocía Renoir a una dama, maestra de su pueblo según parece, que estaba siendo acosada por el alcalde de la localidad con objetivos pocos decentes, ya me entienden.

Así, el pintor le contó el caso a Sembat y le pidió que siendo el otro tan solo un alcalde y él un diputado, se hiciera valer y pusiera fin al abuso.
-¡Vaya cerdo! Debe ser un alcalde reaccionario. Déjemelo de mi cuenta, hablaré con el ministro Briand.

Esta fue la respuesta del diputado en un primer momento, de la que hubo de retractarse después de un tiempo.
-No he podido hacer nada sobre el caso de aquella maestra. Resuelta que el alcalde es de nuestro partido.

Como vemos, nada nuevo bajo el sol. Ya entonces imperaba esa forma de pensar tan partidista, nunca mejor dicho, en la que haga lo haga alguien, si es de los míos, bien hecho está.

domingo, 3 de febrero de 2013

Vauban, el padre de la ingeniería militar

Señor de Vauban
Señor de Vauban
Sébastien Le Pestre, más conocido como Marqués de Vauban o directamente por Vauban, fue un militar francés nacido en mayo de 1633 y fallecido en marzo de 1707. Su habilidad en el diseño de fortificaciones y, consecuentemente, en cómo asediarlas y rendirlas, le ha hecho merecedor de un lugar privilegiado en la historia militar y del título, al menos sostenido por algunos, de padre de la ingeniería militar.

Mariscal de Francia al final de su carrera, fue educado por un prior carmelita que se encargó de que su formación en ciencias, matemáticas y geometría fuera al menos la básica. Y bien parece que le sacó partido a aquello que aprendió, ya que estos conocimientos son sin duda necesarios para las labores que desarrolló como militar.

Fortificación de Lille
Fortificación de Lille
En 1655, con veintidós años, fue nombrado ingeniero militar y dos años más tarde dirigió su primer asedio en Montédy. Su fama llegó diez años más tarde, cuando en 1667 Francia y el Imperio Español, ya en decadencia, se enfrentaron y en sus manos estuvieron varios asedios finalizados con éxito. Nombrado gobernador en 1668 de la ciudad de Lille, que él mismo había tomado anteriormente, pasó entonces de asediador a defensor y convirtió aquella ciudad en un punto vital en el norte de Francia. Poco después ya había definido con detalle cómo debían ser las fortificaciones y cómo atacarlas.

En 1673 llegó el uno de los momentos más destacados de su carrera cuando en tan sólo trece días rindió la ciudad de Maastricht, dotada en aquel momento de una gran guarnición. En la parte contraria, en la defensa, también se mostró como un maestro, cuestión que quedó de manifiesto en repetidas en ocasiones. No en vano aconsejó al rey Luis XIV sobre el mejor modo de defender sus fronteras, incluso con alguna recomendación que podría parecer descabellada: ceder tierras difícilmente defendibles para construir tras ellas unas fronteras verdaderamente impenetrables.

El último asedio en el que participó Vauban tuvo lugar en Breisach en 1703, tomando la ciudad después de dos semanas. Después de esto fue nombrado mariscal de Francia y su carrera se fue alejando poco a poco del apasionante mundo del asedio y la fortificación. Cuando falleció en 1707 dejó en su haber más de cien fortalezas diseñadas o planificadas por él y unos cuarenta asedios dirigidos. En algunos casos, curiosamente, tuvo que asediar fortalezas diseñadas por él mismo, que así de retorcido es el destino en tiempos de guerra.

Fuente: 50 cosas que hay que saber sobre la Guerra, de Robin Cross.

sábado, 2 de febrero de 2013

El Giro, de Stephen Greenblatt

Hace unos días publicaba en Hislibris una reseña sobre el libro El Giro, escrito por Stephen Greenblatt y publicado en España por la magnífica editorial Crítica. Extiendo la recomendación que hacía en el texto que escribí para Hislibris a ustedes a través de esta entrada.

Se trata el que nos ocupa de un ensayo que narra y trata sobre varios temas, todos ellos relacionados, pero heterogéneos en cualquier caso. En torno al descubrimiento del poema clásico De rerum natura, escrito por Lucrecio en el siglo I a.C., el libro se adentra en la forma de pensar que plantea el texto clásico, pero también en cómo chocó esta con la visión del mundo de la Iglesia y del hombre renancentista, momento en el que se rescata el poema del olvido. Fue un hombre muy importante dentro de la curial papal de aquel siglo XV llamado Poggio Bracciolini el que retornó a la vida a este De rerum natura. Poggio era un hombre casi obsesionado por los textos y la cultura clásica y parte del libro podría tomarse como su biografía.

El libro navega por la filosofía, el mundo clásico, la religión, cómo han llegado textos romanos y griegos a nuestros días, por las intrigas papales... y todo ello de una manera amena y sin caer en el tedio. Un gran libro que les recomiendo por todo ello y que ademas ha sido reconocido por importantes premios: National Book Award en 2011 y Pulitzer en 2012.

Les invito a leer la reseña que hice en Hislibris, en la que me extiendo más y a leer otra, aún más profunda, escrita por Jorge Pisa en Anatomía de la Historia.
El giro: De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno
Stephen Greenblatt
Tapa blanda (reforzada): 328 páginas
Editor: Editorial Crítica
Fecha de publicación: 5 de septiembre de 2012

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