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jueves, 31 de enero de 2013

Según Gödel la Constitución de EEUU es inconsistente

Kurt Gödel
Kurt Gödel
Kurt Gödel fue un matemático austrohúngaro nacido en el año 1906 y que como otros muchos matemáticos en la historia, son desconocidos para el gran público pero sin embargo gracias a ellos el mundo es el que es. Gödel trabajó especialmente en el campo de la lógica y sus trabajos, entre otros, fueron definiendo el camino hacia la computación y los ordenadores. Con tan sólo veinticinco años publicó algunos teoremas que fueron revolucionarios en su tiempo y sus desarrollos en teorías en torno a la lógica fueron más que notables.

Como otros muchos matemáticos, su mente era capaz de trabajar en órdenes de abstracción que se nos escapan a la mayoría y quizás por ello era un poco excéntrico. La situación en Europa le llevó a trasladarse a Estados Unidos y después de algunos años llegó el momento de nacionalizarse en aquel país, lo que le obligaba a pasar un pequeño y sencillo examen frente a un juez sobre su conocimiento de las leyes de Estados Unidos. Decidido a preparase para el somero examen, estudió la Constitución de Estados Unidos y llegó a la conclusión de que era inconsistente.

Baste decir que Gödel era capaz de analizar y comprobar en su cabeza qué normas y leyes estaban relacionadas con otras, incluidas, y cuáles chocaban entre sí. No en vano, algunas de sus deducciones clave como matemático iban en esa línea, en la demostración teórica de algo partiendo de unos determinado axiomas. Y hablamos de cuestiones como la hipótesis del continuo, que gira en torno a números infinitos que son más grandes que otros infinitos (la cardinalidad de los números naturales y cosas así), si no me equivoco. Bien, pues leída la Constitución de Estados Unidos, nuestro hombre detectó que era inconsistente, es decir, que tenía lagunas o algunas leyes y cuestiones contradecían a otras.

Sus acompañantes en el examen, que lo conocían bien, nada más y nada menos que Albert Einstein y el economista Oskar Morgenstern, temían que comentara aquello ante el juez y comenzara una discusión que le llevara a no pasar la prueba. Todo iba bien hasta que el juez le preguntó a Gödel si en su opinión era posible que en Estados Unidos llegara a instaurarse una dictadura como la de Alemania. Arrancó entonces el matemático una explicación en la exponía cómo una contradicción en la Constitución permitiría ese caso. El juez y los testigos, Einstein y Morgenstern, cortaron la disertación y todo acabó bien.

Pero dicho todo esto, amigos, no nos olvidemos que según Gödel y por lo tanto podemos darlo por cierto, la Constitución de Estados Unidos no es consistente. Ahí es nada.

Fuente: La computadora universal (de Leibniz a Turing), de Martin Davis

miércoles, 30 de enero de 2013

A favor y en contra del fútbol

Entrada escrita para Curistoria por nicolas161, autor del blog Mundo Fútbol

Pocas batallas han sido tan arduas y persistentes como la mantenida, hace relativamente poco tiempo, por el fútbol y los literatos. Ya en 1880, en Inglaterra, el país creador, Rudyard Kipling se rió del fútbol y "de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". El modelo de intelectual de la época, un alfeñique desgarbado con una barba kilométrica y con cierto desprecio hacia lo mundano y habitual, no veía peor mal que aquel juego diseñado por los imperialistas para distraer al pueblo de la lucha de clases.

Pero la peor época fue en los inicios del siglo pasado. Al Río de la Plata llegaron los británicos que convirtieron a esta zona en una de las más futboleras del mundo y, en Uruguay, el poeta Julio Herrera y Reissig fue uno de los mayores opositores al nuevo vicio. A él, un conocido político y periodista de aquellos días, el doctor Pedro Manini Ríos, le respondió con las siguientes líneas en un tono bastante exagerado:
Al señor Julio Herrera y Reissig se le ha antojado que nuestra juventud debe descuidar su físico, haciéndolo degenerado y misérrimo para gozar del concubinato con las musas ideales. Nosotros opinamos en sentido diametralmente opuesto. No podemos comprender cómo se pretende que crezca y desarrolle el vigor intelectual de nuestra muchachada, cuando la mayor parte de ella prolonga sus días a remiendos; cuando todas las vivacidades del espíritu se debilitan y agostan y acaban por ceder ante las exigencias de un organismo enclenque y raquítico. Toda irregularidad orgánica, todo estado patológico de la fisiología del individuo, señala un tropiezo paralelo en las funciones de su inteligencia. ¡Y encima se les predica a nuestros jóvenes que abandonen los fútbols (sic) y los gimnasios y se entreguen a las vanas superfluidades de la literatura!
Aunque, evidentemente, el arte no podía permanecer impasible ante tamaña belleza durante mucho tiempo. Unas décadas después, Albert Camus, una de las figuras prominentes de las letras francesas, afirmaba que "todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol", retornando al viejo aforismo latino del mens sana in corpore sano. No obstante, Jorge Luis Borges, el más universal de su tiempo, lo consideró un "deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". Para luego añadir: "Mucho más lindas son las riñas de gallos".

A fin de concluir este artículo, dejo una frase de Eduardo Galeano. Para el autor de El fútbol a sol y sombra "la mayoría de los escritores de América Latina somos futbolistas frustrados".

¿Práctica enriquecedora o pérdida de tiempo? ¿Divinidad o sandez? Todo depende del cerebro que lo juzgue y -cómo no- de la mano que lo escriba.

(nicolas161, Mundo Fútbol)

martes, 29 de enero de 2013

La tumba que llora antes de que muera un papa

Tumba de Silvestre II
Tumba de Silvestre II
Dice una vieja leyenda que cuando se acerca la muerte del papa, la tumba del papa Silvestre II, el que vivió el fin del primer milenio, exuda más humedad de la habitual, lo que supone un indicio claro del fin del papado en curso.

En la basílica de San Juan de Letrán está enterrado este papa Silvestre II, que se sentó en el trono de Pedro entre el año 999 y el 1003. Fue el primer francés en ser elegido para el cargo y además parece ser que era un hombre sabio y preparado. Según la leyenda, de su tumba comienza a manar agua cuando la muerte de un papa está cercana. Walter Map, en el siglo XII, escribió que se podía ver un río de agua de la lápida hasta la tierra como claro presagio del fallecimiento. Pero no es este el único texto que recoge el hecho, sino que también lo podemos ver en otros textos de aquella época escritos por Guillermo Godell o Martino Polono. Algunas crónicas narran cómo la basílica de San Juan de Letrán se llenaba de barro por la cantidad de humedad que surge del sepulcro del papa en esos días previos al fin de un pontífice.

Y no es esto todo, ya que según parece, la lápida también suda cuando la muerte de algún cardenal u hombre principal está cerca, pero lo hace en mucha menor medida que cuando el sentenciado es un papa. Incluso algún cronista añade al milagro del agua y la lápida, si me permiten llamarlo milagro a pesar de ser leyenda, ruidos extraños en torno a esta piedra que suda cuando ha de dar la fatal noticia para el sucesor de San Pedro.

Como final poético, podríamos decir que la tumba del papa Silvestre II llora la muerte de un papa antes incluso de que esta ocurra.

Fuente: El cónclave, de Alfredo Urdaci
Fuente de la imagen: wikipedia

lunes, 28 de enero de 2013

El precio de Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Como muchos de ustedes sabrán a estas horas del día, hoy, 28 de enero de 2013, se cumplen doscientos años de la publicación de una de las obras más conocidas de la historia de la literatura: Orgullo y prejuicio. Escrita por Jane Austen, vio la luz en enero de 1813, y desde entonces se han vendido unas veinte millones de copias.

Sin duda un gran negocio. No en vano, en 2003 la BBC hizo una encuesta para conocer el libro más amado del Reino Unido y Orgullo y prejuicio quedó en segunda posición, por detrás únicamente de El Señor de los Anillos. Por aquella obra Jane Austen cobró un único pago. El 29 de noviembre de 1812 Austen envió una carta a una amiga suya llamada Martha Lloyd, comunicándole la venta de su obra por la cantidad de 110 libras, que vendrían a ser dos meses de sueldo en un trabajo medio en aquel tiempo.

En aquella carta Austen decía: “P&P (Pride and Prejudice) está vendida, Egerton ha pagado 110 libras por ella. Hubiera preferido conseguir 150, pero no podíamos estar los dos contentos[…] El dinero se pagará al final del décimo segundo mes”. Dos meses después veía la luz la novela.

Y no hay que olvidar que por aquel precio el editor se llevó también los derechos sobre la primera frase del libro, una de las más reconocidas de la historia de la literatura:
Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

Fuente: Letters of note.

domingo, 27 de enero de 2013

El Fiat 500 y Mussolini

Fiat 500, topolino
Fiat 500, topolino
Podríamos decir que el Fiat 500, de un modo u otro, es un automóvil con casi ochenta años de vida, como veremos a continuación, y que procede de una petición de Benito Mussolini al senador y fundador de Fiat, Giovanni Agnelli. Es excesivo decir que el Fiat 500, predecesor del Fiat 600, Seat 600… salió de la cabeza del dictador fascista italiano, pero fue él quien puso sobre la mesa la necesidad de un automóvil así en Italia.

En 1930, Mussolini le pidió a Giovanni Agnelli, a la sazón senador en su gobierno, la necesidad insalvable y urgente de proporcionar a los italianos un vehículo de precio asequible que impulsara la movilidad en el país de la bota. De aquella petición salió un prototipo, predecesor del Fiat 500, que en sus primeras pruebas no salió muy bien parado, llegando incluso a arder, lo que provocó que el senador Agnelli no fuera capaz de satisfacer tan pronto como deseaba a Mussolini.

Aquellos primeros problemas provocaron un retraso considerable en el proyecto que vio por fin su destino cumplido en junio de 1936, cuando se puso a la venta el Fiat 500 A, también conocido como Topolino. A partir de entonces este modelo, o alguna de sus múltiples variantes, ha estado presente en nuestras vidas, al menos en las vidas de italianos y españoles.

La idea de producir un coche asequible para el pueblo, que al parecer proviene de Mussolini, también tuvo su versión en la Alemania nazi con Volkswagen, donde Ferdinand Porsche recibió el mismo encargo que había recibido Agnelli. Porsche dio lugar al Volkswagen Escarabajo, otro modelo que aún sigue paseando por nuestras carreteras.

sábado, 26 de enero de 2013

Libros sobre la Segunda Guerra Mundial

Por uno u otro motivo, en los próximos días se celebran aniversarios de algunos hechos significativos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. El día 27 de enero, mañana, es el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, precisamente por que el 27 de enero de 1945 el ejército soviético liberó el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Así mismo, el próximo día 30 de enero se cumplen 80 años del nombramiento de Adolf Hitler como Canciller de Alemania por el entonces presidente Hindenburg. Y, por último, el 31 de enero se cumplen setenta años desde que el mariscal alemán Von Paulus se rindiera al general Zhukov, dando por finalizado uno de los episodios más interesantes y espeluznantes de la Segunda Guerra Mundial, la batalla de Stalingrado.

Por todo ello, hoy sábado, día de las recomendaciones en Curistoria, les traigo algunos libros básicos sobre estos temas.

La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts
La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts
Tapa blanda (reforzada): 838 páginas
Editor: Siglo XXI
Fecha de publicación: junio de 2012

La Segunda Guerra Mundial, de Antony Beevor

La Segunda Guerra Mundial, de Antony Beevor
Tapa dura: 1211 páginas
Editor: Pasado Y Presente
Fecha de publicación: septiembre de 2012
Auge y caída del Tercer Reich, de William L. Shirer

Auge y caída del Tercer Reich, de William L. Shirer
Pack de dos volúmenes: 1696 páginas
Editor: Booket
Fecha de publicación (en pack): enero de 2013
La batalla por Stalingrado, de William Graig
La batalla por Stalingrado, de William Graig
Tapa blanda (reforzada): 576 páginas
Editor: Booket
Fecha de publicación: noviembre de 2005

jueves, 24 de enero de 2013

El título de los libros y su lomo

He de confesarles, amigos, que me encantan los libros: coleccionarlos, verlos, olerlos, ojearlos, hojearlos, tocarlos, colocarlos, mirarlos, comprarlos… y a veces hasta leerlos. Cada vez más, creo que afortunadamente, me sorprendo al pasear la vista por las estanterías y reencontrarme con el lomo de un libro que ya no recordaba tener y de repente, al leer su título, quién sabe por qué, me llama la atención. Entonces lo saco de su estrechez, miro la portada, quizás leo algo, o reviso alguna marca que en dejé tiempo atrás señalando una página.

Y precisamente en un libro, dónde si no, me he enterado que esa ronda de vigilancia que hago por los lomos de los libros no tendría sentido alguno si no fuera porque la cabeza de Lewis Carroll, el padre de Alicia en el país de las maravillas, además de buenas historias y matemáticas, tenía grandes ideas. De allí salieron inventos como una pluma eléctrica, un modo de giro postal, un triciclo, un método para justificar márgenes en las máquinas de escribir, un prototipo de parches adhesivos de doble cara o un sistema mnemotécnico para recordar nombres y fechas.

Pero también fue Carroll el que tuvo la brillante idea de usar los lomos de los libros para imprimir el título de los mismos y así tener mayor facilidad a la hora de buscarlos en las estanterías. Me sorprende que fuera un hombre del siglo XIX el que tuviera la idea de mostrar esa información de los libros en su lomo, de hacerla tan visible. Sin duda, antes de esto los bibliotecarios se ganarían aún más su sueldo ya que cazar un libro en concreto en una biblioteca atestada de lomos inmaculados y similares requería organización y memoria.

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

miércoles, 23 de enero de 2013

Nombres de operaciones de la Segunda Guerra Mundial

Ataque a Pearl Harbor
Ataque a Pearl Harbor
La Segunda Guerra Mundial está tan repleta de operaciones por parte de unos y otros que por fuerza los nombres de tales operaciones tuvieron que forzar la mente y la capacidad creativa de sus creadores. Es más, algunos de esas denominaciones serían una casualidad o no tendrían detrás mayor significado, pero seguro que muchas otras tiene su curistoria asociada, que explica y justifica el nombre.

Aquí les dejo un listado de algunos de los nombres que más me llaman la atención:

Operación Canto del pájaro - contra los partisanos soviéticos.
Operación Demonio - evacuación de las tropas aliadas de Grecia.
Operación Edad de Piedra - convoy hacia Malta.
Operación Escombro - rescate de buques mercantes.
Operación Félix - toma de Gibraltar.
Operación Flor de los pantanos - contra los partisanos soviéticos.
Operación Hacha de guerra - contra los alemanes en Libia.
Operación Jugada del Caballo - ataque alemán contra los convoyes en el Ártico.
Operación Paludismo - contra los partisanos soviéticos.
Operación Redoble de tambor - ofensiva submarina alemana.
Operación Trampa del Salmón - contra la vía férrea de Murmansk.
Operación Z - ataque a Pearl Harbor.
Operación Arca de Noe - contra los alemanes en el norte de Grecia.
Operación Bobadas - desembarco en una isla ocupada por los japoneses.
Operación Circundar - contra los submarinos alemanes.
Operación Crisantemo flotante - plan japonés basado en un ataque con pilotos suicidas.
Operación Chattanooga Choo-Choo - contra el equipo ferroviario alemán.
Operación Drácula - toma de Rangún.
Operación Ratón Mickey - secuestro del almirante Horthy por parte de los alemanes.
Operación Taparrabos - Tras las líneas japonesas en Birmanía.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial, de Martin Gilbert (2 volúmenes)

martes, 22 de enero de 2013

Aniversario de Curistoria 2

Hace ya un año que publiqué el segundo libro de Curistorias, Curistoria 2, con el objetivo de ayudar a una ONG, en concreto, a Médicos sin Fronteras, que fue a la que ustedes decidieron. En este año de vida, el libro ha estado entrando y saliendo de la lista de libros más vendidos de Amazon en su categoría (historia), lo cual es un gusto. Por satisfacción propia, por supuesto, pero también porque así se engorda la cuenta de la ONG.

Algunos comentarios que se han hecho en este tiempo sobre el libro en Internet son:
"Divertido, entrenido y solidario. El libro perfecto para tener en el kindle y leer a ratos cuando apetezca una lectura ligera y amena" (Javier)
"Curistoria 2 es un libro tan bueno como el primero: Curistoria. Merece mucho la pena." (Olga)
"Es uno de los libros más entretenidos que he leído nunca, con unas historias que en la mayoría de los casos no conocía y lo he disfrutado mucho, me he enganchado sin poder parar." (Bárbara)

Les recuerdo dónde pueden hacerse con el libro y además me propongo sacar tiempo para preparar el libro para que esté listo en iBooks y en algún sitio más, además de Amazon, ya que es algo que me piden ustedes reiteradamente y que lamentablemente voy retrasando.

Comprar libro impreso en Amazon.es (11,03€)
Comprar libro impreso en Amazon.com (16$)
Comprar libro impreso en lulu.com (11,95€)
Comprar ebook en Amazon.es (2,68€) 
Comprar ebook en Amazon.com (2,68€)

Por cierto, que Curistoria 2 fue el libro de 2012, autopublicado con fines solidarios, pero habrá novedades en breve, en este caso volviendo a ir de la mano de una editorial, como en el caso del primero libro que nació del blog: Curistoria (con Ediciones Evohé). Ya les contaré llegado el momento, ya.

lunes, 21 de enero de 2013

Juan XXIII, el papa cuyo nombre fue borrado

Baltassare Cossa, Juan XXIII
Baltassare Cossa, Juan XXIII
Contra toda lógica, dos papas han llevado el nombre de Juan XXIII en la historia de la Iglesia católica, y para aumentar la rareza, uno, el que todos conocemos, el papa número 261 que ocupó el sillón de Pedro entre el año 1958 y el 1963, es considerado uno de los mejores y más bondadosos que han existido; y en cambio el otro, el Juan XXIII del siglo XV, ha pasado a la historia con más sombras que luces. En cualquier caso, hablemos de él, del primer Juan XXIII que existió.

Nacido en la provincia de Nápoles en 1370, tenía como nombre Baltassare Cossa y abandonó pronto su carrera militar para adentrarse en el mundo eclesiástico, donde llegó a cardenal en 1402. Cuando el Cisma de Occidente provocó que la Iglesia tuviera varios papas, hasta tres llegó a tener en un mismo momento, nuestro hombre abogó por quitar el título de todos ellos y elegir un papa nuevo. Así se hizo, pero ninguno de los antiguos renunció y se añadió a la lista de papas en vigor un nuevo, Alejandro V. Cuando este murió en 1410, Baldassare Cosa fue nombrado papa con el nombre de Juan XXIII, aunque seguía compartiendo su título con otros y todos se consideraban legítimos.

Hasta aquí cómo llegó al trono de Roma este papa, pero veamos cómo lo dejó tan vacante que hasta su nombre como papa volvió a quedar libre. Como no podría ser de otro modo en aquel tiempo, Juan XXIII apoyó a unos reyes en sus luchas contra otros en Europa, lo que le obligó incluso a dejar Roma e instalarse con su curia en Florencia. Enemigos, por lo tanto, nunca le faltaron.

Con el objeto de acabar con el cisma que seguía pesando sobre la Iglesia se organizó en 1414 el Concilio de Costanza, presidido por nuestro protagonista en un principio pero cuyo rumbo comenzó a torcerse para sus intereses. Y temiéndose lo peor huyó de la ciudad vestido con ropas simples y a caballo, todo lo contrario a como llegó, lleno de boato y esplendor. Pudieron más sus enemigos que sus apoyos y acusado de los más graves delitos (asesinato, sodomía, tortura…) fue encarcelado y obligado a dejar su posición como cabeza de la Iglesia. El 29 de mayo de 1415 fue destituido y se borró también su nombre de la lista oficial de papas, quedando así este libre de nuevo: Juan XXIII.

Hubieron de pasar más de quinientos años antes de que otro pontífice, cuyo nombre era Angelo Roncalli, en 1958, tuviera el valor de adoptar como suyo el nombre de Juan XXIII, el mismo que había usado un papa del siglo XV acusado de más de setenta cargos y cuyo nombre oficial fue borrado del listado de nombres papales.

Fuente: El giro: De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, de Stephen Greenblatt

domingo, 20 de enero de 2013

A la cárcel para esconderse de la justicia

Joseph Chinard
Joseph Chinard
Pocos sitios existen mejores para esconderse de la justicia que dentro de una cárcel, siempre que la justicia no conozca la identidad real del hombre que tiene preso. Y esta curistoria que comienza por donde debía finalizar, es decir, por la moraleja, tiene como protagonista y ejemplo de su máxima al francés Joseph Chinard.

Nacido en Lyon en 1756, Chinard fue un escultor de fama, que se formó y ejerció entre Francia e Italia. Durante el Terror, entre 1793 y 1794 en Francia, fueron muchos los que vieron su vida en peligro y los que acabaron aguillotinados o ajusticiados de un modo u otro. Nuestro hombre era uno de los que buscaba la policía revolucionaria para ser ejecutado.

Y fue entonces cuando el escultor aplicó el truco de escapismo de la justicia del que hablaba en el primer párrafo. Compró documentos falsos para simular otra identidad y robó en un comercio, dejándose coger en plena faena por la justicia. Así, un tribunal común lo juzgó y condenó, tomándole por aquel que decían sus documentos, falsos, que era. Se le impuso un año de cárcel y una vez preso, bajo otra identidad, se sabía a salvo, ya que la policía no buscaría en sus propias prisiones. Era de suponer que si era detenido por un tal Joseph Chinard por cualquier cuestión se hubieran enterado, pero siendo otro el nombre del preso…

No es mal negocio permutar una pena de muerte por un año de cárcel, por no hablar de la tranquilidad, relativa, que da el saberse a salvo de la justicia.

jueves, 17 de enero de 2013

Gayarre, el tenor que se dejó la piel en el escenario

Julián Gayarre
Julián Gayarre
En la curistoria de ayer repasábamos las últimas de algunos hombres de letras antes de morir y seguimos hoy la estela de la muerte, aunque cambiando ligeramente el porqué. Julián Gayarre fue un tenor nacido el 9 de enero de 1844 en Roncal, en Navarra, y del que Lagartijo dijo que fuera del cante, na’, como ya quedó escrito en otra curistoria de hace unos meses. Gayarre murió casi sobre el escenario, como vamos a ver, y eso bien merece un reconocimiento.

De familia humilde, se vio obligado a trabajar de pastor, de dependiente y de herrero. Cantaba mientras trabajaba y alguien le recomendó probar suerte con el Orfeón de Joaquín Maya y la fortuna le sonrió, ya que fue admitido como primer tenor. No fue de aquí en adelante su camino en el mundo de la música un paseo, pero no es su vida lo que nos interesa, al menos en esta ocasión, sino su muerte.

En los últimos días de 1889, estaba interpretando Los pescadores de perlas, una ópera de Bizet, cuando sufrió un desvanecimiento. Estaba enfermo, a pesar de lo cual accedió a actuar y cuando la obra le obligó a dar el do de pecho, a alcanzar el máximo de lo que le permitía su voz, esta se rompió y con ella Gayarre entero.

Murió el 2 de enero de 1890, con tan sólo cuarenta y seis años, y si bien no falleció directamente sobre el escenario, sino que allí únicamente se desmayó, sí podemos decir que se dejó la vida en la interpretación, literalmente.

miércoles, 16 de enero de 2013

Últimas frases de algunos escritores

En una entrada de hace unos años, repasaba algunas de las más curiosas frases dichas antes de morir por algunos personajes, según un libro de Hans Halter. En estos días me he topado con un listado similar en otro libro, pero en este caso únicamente tomando en cuenta a literatos. Cuando uno es una genio o pretende serlo en el uso de la lengua y la inventiva, se ha de ir de esta vida con un último latigazo ocurrente, aunque no siempre se consigue, ya que muchos no pensaban que aquellas serían sus últimas palabras. Ahí va la lista.


  • Ahora me iré a dormir. Buenas noches (Lord Byron)
  • ¡Que Dios ayude a mi pobre alma! (Edgar Allan Poe)
  • Ten valor, Charlotte, ten valor (Anne Brontë)
  • Alce, indio (Incomprensible frase de Henry David Thoreau)
  • Incorpórame, quiero cagar (Walt Whitman. Vive Dios que ningún hombre debería irse de este mundo con esa sensación en el cuerpo. Descargue primero y luego lléveselo Dios a su vera)
  • Pero los campesinos… ¿Cómo mueren los campesinos? (Lev Tolstói)
  • Se disipa la niebla (Emily Dickinson)
  • ¿No es meningitis? (Louise May Alcott)
  • O se va él o me voy yo (Oscar Wilde. Al parecer se refería al papel pintado de la habitación, que no debía ser de su agrado. Ganó el papel pintado)
  • Ahora puedo cruzar las arenas movedizas (Lyman Frank Baum)
  • Eres maravillosa (Arthur Conan Doyle, dirigiéndose a su mujer. No es mal final para una vida)
  • Vete, estoy bien (Herbert George Wells)
  • ¿Cuál es la respuesta? ¡Ah!, ¿cuál es la pregunta? (Gertrude Stein. Entre una frase y otra hubo un silencio)
  • ¿En serio nadie la entiende? (James Joyce. Se refería a una obra suya, Finnegans Wake. Si supiera lo que piensan muchos de su Ulises…)
  • ¡Mátame, o si no eres un asesino! [sic](Franz Kafka)
  • Nacido en una habitación de hotel y ¡maldita sea! Muerto en otra (Eugene O’Neill)


Y para cerrar, de postre una frase que ya estaba en la recopilación que publiqué hace tiempo de la que les hablaba al comienzo.

  • Me he bebido 18 vasos de whisky puro. Creo que es todo un récord (Dylan Thomas)


Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

martes, 15 de enero de 2013

Ojo por ojo y misas por zapatos

don Pedro I de Castilla
don Pedro I de Castilla
Tenemos hoy entre manos una leyenda en torno al rey Pedro I de Castilla, al que personalmente tengo un gran aprecio, ustedes me comprenderán lo que quiero decir, y que es protagonista no sólo de esta, sino de otras muchas historias de dudosa realidad. Aunque Pedro I, El Cruel para algunos y El Justiciero para otros, era de Castilla según su nombre, tuvo mucho relación con Sevilla, donde está sepultado si no me equivoco y donde ocurrió lo que nos ocupa.

Al parecer, un arcediano de la catedral de Sevilla había llevado una discusión que le enfrentó a un zapatero hasta el extremo máximo, dando muerte de una puñalada el religioso al pobre remendón. Mereciendo mayor castigo por el asesinato, finalmente sus influencias y el ser hombre de Iglesia dejaron la pena en la prohibición de decir misa durante un año.

El hijo del zapatero fallecido, zapatero también, considerando que la pena era una ofensa a la misma justicia, fue a demandar esta al rey, presentándole la situación y los hechos y pidiéndole que enmendara la sentencia inicial.
-¿Dices que el arcediano no ha sido castigado?
-Sí, señor; le han condenado a no decir misa durante un año.
-Y tú, ¿te crees capaz de matar al arcediano?
-Sí señor, en cuanto pueda.
-Pues hazlo.

Y siendo casi orden del rey, el hijo del asesinado se dispuso a cobrarse la venganza por la vida de su padre en la del propio asesino. En plena procesión, el joven salió de entre la gente y llegándose directo hasta el arcediano lo mató como había sido liquidado su padre, de una puñalada. Se formó un pequeño tumulto que apresó al vengador y cuando ya lo llevaban preso, el rey don Pedro, que asistía a aquella procesión, intervino.
-¿Por qué has matado al arcediano?
-Porque mató a mi padre de una puñalada y he querido pagarle con la misma moneda.

El rey se giró hacia los eclesiásticos, que habían sido responsables de la condena impuesta al arcediano, y les dijo.
-¿Cómo no fue castigado el arcediano por este crimen?
-Sí, señor, lo fue; se le condenó a no decir misa durante un año.
-Pues yo condeno a este hombre a no hacer zapatos durante un año.

Y aquel día, don Pedro de Castilla, el Cruel para muchos, pero El Justiciero para los suyos, honró ese segundo sobrenombre como si fuera Salomón.

Fuente: Carlos Fisas

lunes, 14 de enero de 2013

Consejos sexuales desde el púlpito

Poggio Bracciolini
Poggio Bracciolini
Poggio Bracciolini fue un humanista italiano que vivió a caballo entre el siglo XIV y el XV y que llegó a ser secretario del Papa. No será esta la última vez que hable en Curistoria de este personaje que para dar un poco de interés a su vida en Roma, mantenía reuniones con otros secretarios en los que se contaban, como vecinas de corrala, los cotilleos y chistes del lugar. Muchos de ellos tenían que ver con la vida disoluta y pecaminosa de los propios miembros de la curia papal, que eran muchísimos.

Poggio dejó constancia de estas conversaciones ya que las relató con detalle en las denominadas Facecias. Algunas de las historias son truculentas y otras son cómicas, como la de un cura que en pleno sermón contra la lujuria comenzó a dar detalles de aquellas prácticas sexuales que debían evitarse por ser búsqueda absoluta del placer y pura lascivia. Tan detalladamente hablaba aquel hombre de lo que debía evitarse que sus feligreses tomaban nota de lo que decía para luego ponerlo en práctica.

La verdad es que personalmente lo que más me sorprende no es que los parroquianos actuaran así, tomando nota de lo prohibido para probarlo después, sino que lo que realmente me llama la atención es cómo conocía el cura tantas prácticas y posturas y, además, era capaz de calibrar el placer que aportaba al acto sexual cada una de ellas. Un misterio.

Esta curistoria es similar a una de hace casi siete años en las que se explicaba en la época de la Ley Seca, en el envase de un zumo, qué no debía hacerse con él ya que de otro modo se tendría una bebida alcohólica.

Fuente: El giro: De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, de Stephen Greenblatt

domingo, 13 de enero de 2013

El discurso preparado por si fallaba el viaje a la luna

Discurso preparado por si fallaba el viaje a la luna
Última página del discurso preparado por si fallaba el viaje a la luna
En 1969 Armstrong y Aldrin aterrizaron en la luna, era todo un hito en la historia de la humanidad, de la ciencia, de la tecnología… Afortunadamente salió bien, pero cuando se hacen cosas de la envergadura de aquella aventura, a pesar de todo, hay que cruzar los dedos y confiar un poco en la suerte. Nixon, presidente de Estados Unidos en aquel momento, sabía qué había en juego y que había riesgos nada desdeñables.

William Safire, un reputado escritor y columnista nacido en 1929 escribía discursos para el presidente Nixon. Y escribió uno en aquellos días que afortunadamente no vio la luz, ya que era la declaración que el presidente pronunciaría en caso de salir mal la misión lunar. El texto exacto, junto con algunas notas y advertencias, que escribió Safire para Nixon es el siguiente:

EN CASO DE DESASTRE LUNAR:
El destino ha decretado que los hombres que viajaron a la luna para explorar en paz se queden en la luna para descansar en paz.
Estos hombres valientes, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza en torno a su rescate. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad en el que sacrificio que realizan.
Estos dos hombres están dando sus vidas por el objetivo más noble de la humanidad: la búsqueda de la verdad y el conocimiento.
Serán llorados por sus familias y amigos; serán llorados por su nación; serán llorados por todas las personas del mundo; serán llorados por la Madre Tierra que envió desafiante a dos de sus hijos a los desconocido.
En su exploración, han movido a la población del mundo a sentirse como uno sólo; en su sacrificio, han unido más estrechamente al hombre en su hermandad.
En la antigüedad, los hombres miraban a las estrellas y veía a sus héroes en las constelaciones. En nuestro días, hacemos casi lo mismo, pero nuestros héroes son hombres épicos de carne y hueso.
Otros vendrán, y con seguridad encontrarán su camino de vuelta a casa. La búsqueda del hombre no será detenida. Pero estos hombres fueron los primeros, y permanecerán como los primeros en nuestro corazones.
Todo ser humano que mire arriba, hacia la luna, en las noches que están por venir sabrá que existe un rincón de otro mundo que será de la humanidad para siempre. (For every human being who looks up at the moon in the nights to come will know that there is some corner of another world that is for ever mankind.)

PREVIAMENTE A LA DECLARACIÓN DEL PRESIDENTE:
El presidente debe telefonear a cada una de las que serán viudas.

DESPUÉS DE LA DECLARACIÓN DEL PRESIDENTE, EN EL MOMENTO EN EL QUE LA NASA CORTE LAS COMUNICACIONES CON LOS HOMBRES:
Un clérigo debe llevar a cabo el mismo procedimiento que se hace con los desaparecidos en el mar, encomendando sus almas a “lo más profundo de las profundidades”, concluyendo con una oración.
Otra declaración preparada que nunca vio la luz y que ya conté en Curistoria fue la de Eisenhower, preparado a asumir toda la responsabilidad si fallaba el día D, en la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: mental_floss

jueves, 10 de enero de 2013

Bertha Benz, pionera en el mundo del automóvil

Bertha Benz
Bertha Benz
Bertha Benz, nacida en 1849, fue la mujer del Dr. Karl Benz, inventor del automóvil en Alemania en el año 1886. Y sin entrar en la sempiterna y absurda discusión sobre la maestría, o falta de ella, de las mujeres al volante, veremos que la relación entre las féminas y los coches viene de lejos, de hecho, más de lejos que la relación entre los hombres y los coches.

Después de que el Dr. Benz construyera el primer automóvil, en el año 1888 un invento que nadie quería comprar, todo sea dicho, su esposa Bertha tomó aquel coche sin consultárselo a su marido y junto con sus dos hijos, de catorce y quince años de edad, hizo lo que se considera como el primer viaje, por lo longitud del trayecto, en automóvil. La ruta llevó a la pionera señora desde Mannheim hasta Pforzheim y aquellos poco más de cien kilómetros que recorrió la esposa de Benz la llevaron a la historia del automóvil. Ella sola, con un invento nuevo, un automóvil primitivo, se hizo cien kilómetros en el siglo XIX, sin duda, una mujer de valor.

Bien es cierto que la señora Benz siempre había apoyado a su marido en el trabajo de este con el automóvil y por lo tanto aquel cacharro tampoco era algo nuevo para ella, pero fue la primera que lo llevó más allá de un pequeño trayecto de prueba. Bertha quería usar el vehículo para hacer el viaje, pero también quería mostrarle a su marido, y a otros, que era un invento realmente útil.

Como era de esperar, no todo fue un camino de rosas. Cuando hubo de hacerse con más combustible para el coche se vio obligada a buscar una farmacia para comprarlo y también necesitó la ayuda de un herrero para solucionar algún problemilla mecánico. Después de todo esto, no es extraño que hacer aquel centenar de kilómetros le llevara a Bertha Benz y a sus hijos casi un día completo.

Aquel viaje, como decía, fue el primer viaje en coche, lo hizo una señora, pero además sirvió para dar a conocer el invento por una parte, y para ayudar al Dr. Benz a solucionar algunos problemas y fallos en el diseño. Actualmente asociamos a Benz el nombre de Mercedes, que se debe a la hija de un hombre de negocios, también pionero en el mundo del automóvil, y no al nombre de Bertha. Quizás alguna marca debería llamarse Bertha Benz en su honor.

Fuente: www.daimler.com

miércoles, 9 de enero de 2013

Blasco Ibáñez, política, honor y un duelo

Vicente Blasco Ibáñez
Vicente Blasco Ibáñez
En estos días que nos ha tocado vivir, el honor es cosa de poco valor en muchos casos y viendo lo que ocurre en la política, el caso del ilustre literato español Blasco Ibáñez viene a ser algo incomparable con cualquier aspecto actual. Aquel se batió hace un siglo en duelo, como les contaré a continuación, y quizás sea excesivo jugarse la vida por unas palabras, pero en la actualidad ni un triste acto honorable se ve entre los políticos. Basta leer las noticias de hoy en España para darse cuenta de ello.

Pero vayamos a lo que nos interesa, que no es otra cosa que la ocasión en la que Blasco Ibáñez se vio respondiendo en un duelo con pistola por un discurso político en el Congreso de los Diputados. Nacido en Valencia en 1867, en 1904 era diputado y en un discurso parlamentario atacó a las fuerzas del orden ya que al parecer había sido zarandeado por uno de ellos en la calle, al que llamó tenientencillo en el estrado del Congreso. Aquella queja de Blasco ofendió a dichas fuerzas del orden y se vio retado a duelo, y ya que esto significaba retractarse públicamente o batirse, la tercera opción, no contemplada, era perder su honor, eligió jugarse la vida.

Como contrincante para el político fue elegido el teniente Alestuei, un buen tirador. El duelo sería a muerte y con pistola. Y así se llevó a cabo. No hay que olvidar que todo comenzó por que un político se quejó de que había sido zarandeado. Hoy, un político en ese mismo parlamento insulta a otro ladrón y este le responde con el consabido y tú más quedando ahí todo. Como decía antes, ni tanto ni tan calvo.

El duelo se lleva a cabo en una finca y después de dar veinticinco pasos, ambos se volvieron y dispararon. Blasco dispara sin suerte y Alestuei también yerra su primer tiro. Vuelve a fallar el escritor y en su segundo intento el teniente acierta en el cuerpo de su contrincante, que cae al suelo. Todos le daban por muerto, pero al acercase comprueban que Dios había estado de su lado. La bala había impactado en la hebilla del cinturón y había quedado después trabada en el cuero del propio cinto. Aquello le permitió al político y escritor salir del duelo con honor y con vida, a pesar de ser la pelea a muerte.

Según la norma de los duelos, estaba prohibido llevar cinturón o cualquier otro objeto que pudiera servir de parapeto o interrumpir la trayectoria de una bala. Por lo tanto, Blasco incumplió dicha regla. Pero la vigilancia de la misma correspondía al padrino del contrincante, por lo que la culpa recae en el padrino del teniente Alestuei en aquel duelo, que descuidó sus obligaciones, aunque así acabara salvando la vida al político. Blasco bastante tendría con templar los nervios antes del duelo como para pensar en si cumplía las normas de caballeros en duelo.

Fuente: Documentos RNE

martes, 8 de enero de 2013

El valor de la vida de un copista

Escribano, copista o amanuense
Escribano, copista o amanuense
La labor de los copistas o amanuenses en la Edad Media era muy valorada, y cuando alguno de ellos era especialmente bueno y rápido en su trabajo era toda una joya para el monasterio o institución en la que militaba. No en vano, gracias a aquellos hombres gran parte del conocimiento de la humanidad no se ha perdido y ha llegado a nuestro días.

Una muestra clara del valor que se atribuía a estos hombres está en el código wergeld. Este código marcaba las compensaciones económicas que se exigían a aquellos que eran declarados culpables de homicidio. Muy común en los países germánicos y en Irlanda, como era lógico para aquella época, el valor de la multa a pagar dependía de la clase social del fallecido. Así, no era lo mismo matar a un esclavo que asesinar a un obispo. Y dentro de las categorías importantes estaban los copistas.

El asesinato de un aldeano se penaba con una multa de doscientos chelines, trescientos en el caso de que el fallecido fuera un clérigo de rango menor… y así se estipulaban diferentes precios. Un aspecto curioso es que si un clérigo, penado con trescientos chelines en un primer momento, era asesinado cuando estaba celebrando misa, la multa subía en cien chelines extra. En este código, un amanuense conllevaba la misma cantidad de chelines en la multa al homicida que un obispo o un abad, personajes muy principales en la escala social de la época.

Fuente: El giro: De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, de Stephen Greenblatt


lunes, 7 de enero de 2013

La vida postmortem de Sir Walter Raleigh

Sir Walter Raleigh
Sir Walter Raleigh
Sir Walter Raleigh fue un británico nacido en el año 1554 y que si bien durante su vida fue muchas cosas, poeta, soldado, espía, aventurero… lo que le trae a Curistoria es su muerte y los años que pasó su cabeza dando tumbos, literalmente, después de ella. Con los españoles tuvo algún encontronazo durante sus exploraciones en busca de El Dorado y finalmente en 1618 fue ejecutado en Inglaterra por algunos de sus actos, en parte contra territorio español.

Fue decapitado el 29 de octubre de aquel 1618 y mientras que su cuerpo fue enterrado, su cabeza le fue entregada a su esposa. Según parece, esta conservó consigo la cabeza de su fallecido marido hasta que ella misma fue a su encuentro en el más allá. Así, la cabeza de Sir Walter Raleigh estuvo en una bolsa de terciopelo nada más y nada menos que veintinueve años. No sé cómo se conserva una cabeza para que no se deteriore y no huela a muerto, si es que huele, pero desde luego me parece un recuerdo algo macabro.

Finalmente, después de todo ese tiempo los restos de Raleigh estuvieron completos en su tumba al enterrar la cabeza junto al resto del cuerpo.

Esta curistoria me recuerda a la de la cabeza de Haydn, que también tuvo un interesante vida postmortem.

jueves, 3 de enero de 2013

El primer preso, que huyó de la torre de Londres

Enrique I de Inglaterra
Enrique I de Inglaterra
La Torre de Londres ha sido utilizada para varios fines a lo largo de la historia, como el de servir de zoo y, quizás uno de los más conocidos, el de cárcel. La Torre de Londres era prisión ya en el siglo XII y albergó entre sus muros a personajes importantes, para los que estaba destinada, siendo también el lugar de la ejecución de algunos de ellos. Allí vieron su final Tomás Moro, Ana Bolena, Enrique VI y Eduardo V, entre otros. Rudolf Hess, ya en pleno siglo XX, pasó cuatro días allí cautivo. Pero no todos han corrido la misma suerte y algunos han sido capaces de burlar el cautiverio y fugarse de la torre.

El primer en hacerlo fue un tipo llamado Ranulf Flambard, obispo de Durham, que fue encarcelado en el año 1100 allí por Enrique I de Inglaterra, según parece como chivo expiatorio y sin más razones que haber servido a un señor equivocado. Nuestro hombre tiene el honor de ser el primer prisionero de la torre del que se tiene constancia y también el primero en escapar de allí. Por lo tanto, parece que la Torre de Londres no comenzó con buen pie su carrera como prisión ya que el primer hombre que custodió se le escapó entre los dedos.

Flambard fue capaz de escapar de la Torre de Londres y huir a Normandía, donde siguió enredando entre señores, aunque permaneció largo tiempo alejado de Londres, quizás por precaución. Consiguió una cuerda, que le llegó escondida en un barril de vino. Con dicho vino, emborrachó a los guardias que tenían como misión vigilarle y una vez que estos cayeron dormidos, ató la cuerda a una columna y salió descolgándose por una ventana. Una vez fuera, recibió la ayuda de unos partidarios que le estaban esperando y que le proporcionaron el caballo con el que escapó de Londres.

Fuente: Historic Royal Palaces

miércoles, 2 de enero de 2013

Rechazos y críticas a obras de grandes escritores

Después de unos días sin actualizar el blog arranca de nuevo con el año 2013, dejando atrás el 2012, con 257 entradas, casi un millón de páginas vistas, más de 3.500 amigos en Facebook y más de 18.500 suscriptores por RSS.

Para comenzar el año con ánimo y no dejarse vencer por esa vocecita interior que nos aconseja en ocasiones bajar los brazos, vamos a repasar las críticas y comentarios que algunos de los más grandes escritores y obras de la historia tuvieron que soportar, lo que pondremos en contraste con el hecho de que en la actualidad son hitos en la historia de la literatura.

A Herman Melville, el autor de Moby Dick, le dijo un editor al rechazar su novela que era “demasiado extensa y más bien anticuada”. Orwell, el autor de 1984 y Rebelión en la granja, recibió un comentario sobre esta última que rezaba: “en este país los cuentos sobre animales no venden”. Faulkner, un autor que es mencionado de manera constante por otros escritores como una influencia importante, escribió en 1931 una novela titulada Santuario en la que una mujer era violada con una mazorca de maíz y que fue rechazada ya que de ser publicada, según el editor, ambos, autor y editor, acabaría en la cárcel.

Y quizás la cosa sea aún peor cuando es un autor el que critica a un compañero de gremio. En este caso, ni un personaje de la entidad de Shakespeare, al que uno tendría miedo de criticar aunque únicamente sea para no nadar como un salmón, se ha visto libre de golpes. De su obra dijo Voltaire que era un “enorme estercolero”. Dickens afirmó que era tan aburrida que le había provocado nauseas y Tolstoi la calificó de “rudimentaria, inmoral, vulgar y sin sentido”.

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

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