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jueves, 20 de diciembre de 2012

San Agatón, nombrado papa a los 100 años

Cuando hace unos días consultaba algunos datos sobre los papas en la Wikipedia para la entrada sobre los papados más cortos de la historia, me encontré con el papa Agatón, protagonista hoy de la entrada.

Este hombre nació en Palermo en el año 577 y fue el septuagésimo noveno Papa de la Iglesia Católica, ocupando el trono de Pedro entre el 678 y el 681. Efectivamente, amigos, cuando accedió al papado tenía 100 años, una fecha tan redonda como sorprendente, más sabiendo que hablamos del siglo VI. Pero no es este el único aspecto singular del papa Agatón.

No se formó sacerdote hasta el año 677, cuando ya era centenario. Antes había formado parte de un monasterio benedictino en el que ingresó después de repartir todo lo que tenía, heredado de su padre, entre los pobres. Un año después de hacerse sacerdote fue nombrado Papa. Vivió hasta los 103 años, muriendo el 10 de enero del año 681, y en su tiempo como papa hizo algunas tareas destacadas y algunas acciones que le llevaron a la santidad.

Papa a los 100 años, ahí es nada. Ahora ya saben qué contarle a alguien que les diga eso tan socorrido de “ya estoy viejo para esas cosas”. Cuéntenle la historia del papa Agatón.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Joseph Kittinger y los saltos estratosféricos

Hace unos días se publicaba en la revista digital Anatomía de la Historia un artículo que escribí sobre Joseph Kittinger, pionero en los saltos estratosféricos y que asesoró hace unos meses a Felix Baumgartner cuando este saltó del globo que mantuvo en vilo a medio mundo. Les recomiendo, como no podría ser de otro modo, leer el texto completo, pero les traigo hoy a Curistoria algunos detalles.

Joseph William Kittinger nació en 1928 en Estados Unidos y siendo militar acabó participando en vuelos de prueba y en investigaciones relacionadas con la aviación espacial. El proyecto Excelsior fue el más importante en el que se vio envuelto, a finales de la década de los 50. Kittinger realizó varios saltos de paracaídas desde alturas superiores a los veintitrés mil metros. Como imaginarán, los medios y conocimientos eran mucho más escasos de los que se han tenido para el salto de Red Bull Stratos de hace unos meses.

En varias ocasiones estuvo a punto de fallecer, bien por perder el sentido al girar de manera descontrolada en la caída, el paracaídas de emergencia le salvo, o bien por defectos en el traje, que hicieron que fallara la presurización y su mano aumentara hasta el doble de su tamaño. Pero aquellos saltos dieron lugar a varios récords que han aguantado medio siglo.

Como decía, este texto es un pequeño resumen del artículo de Anatomía de la Historia, una revista que les recomiendo y en la que encontrarán calidad y buenos artículos. Y, por supuesto, es un resumen demasiado corto para lo que hizo un tipo que fue pionero en su campo y abrió caminos jugándose la vida.

martes, 18 de diciembre de 2012

Un conde de Burgos que no era tal

La Curistoria de hoy tiene moraleja, que como es lógico, desvelaré al final. Vivía en Burgos en la primera mitad del siglo pasado un señor llamado Ángel Conde, que se dedicaba a enviar a los periódicos muestras de su trabajo, folletos, para que los medios se hicieran eco del mismo. No solía conseguir su objetivo, todo sea dicho.

En una ocasión estaba Ángel Conde en Madrid y visitó la revista Nuevo Mundo, para hacer campaña in situ. Se presentó ante el conserje de la entrada y le pidió ver a don José María Carretero Novillo, que era su director. El conserje le preguntó su nombre y referencia, para hacérselo saber al director y ver si podría darse el encuentro.
-¿A quién anuncio?
-Al señor Conde, de Burgos, para un asunto importante.
La frase tuvo efecto sorprendente en el conserje y el señor director se digno a darle audiencia al burgalés. El director se encontraba acompañado de dos colaboradores de la revista, Campúa y Verdugo Landi.

Al tenerlo en frente, el director de Nuevo Mundo le preguntó al visitante:
- ¿Es usted el excelentísimo conde de Burgos?
- Sí, señor. Soy conde de apellido y de Burgos, pero no tengo tratamiento de excelencia.

El director, supongo que comprendiendo en un momento cómo se habían sucedido los hechos y dónde estaba el malentendido le dijo:
-Pues entonces entiéndase con este señor, que es Verdugo, de Sevilla.

¿La moraleja? Pues que una coma, como tantas veces ocurre, cambia todo el sentido de una frase, y así no es lo mismo un conde de Burgos, que un Conde, de Burgos.

Fuente: Mis anécdotas preferidas, de Carlos Fisas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

J.R.R. Tolkien era un hobbit

J.R.R. Tolkien era un hobbit. Y no es que lo diga yo, que ni siquiera conocí a Tolkien, más que a través de sus obras, y aún no me he cruzado con ningún hobbit en mi vida; sino que lo decía el propio escritor:
"En realidad, soy un hobbit, en todo salvo en el tamaño. Me gustan los jardines, los árboles, los labrantíos sin mecanizar; fumo en pipa y me gusta la cocina sencilla, no los congelados, pero detesto la francesa; en una época sombría como esta, me encantan los chalecos de fantasía y hasta me atrevo a llevarlos. Me encantan las setas, recién cogidas; tengo un sentido del humor muy sencillo, tedioso hasta para los críticos que me aprecian, me acuesto tarde y me levanto temprano, siempre que es posible. No viajo demasiado".
Esto lo decía Tolkien en una carta a uno de sus seguidores y es buena manera de describirse a sí mismo, y de hacernos saber lo que era realmente un hobbit para el creador de esa raza.

Supongo que ahora que está la película recién estrenada en los cines, muchos de ustedes habrán hecho ese propósito de intentar leer el libro en tiempo record para ver la película con el libro leído. Es algo que no comprendo muy bien pero que se hace. En cualquier caso, no se preocupen si no les ha dado tiempo, lo mismo le pasó al responsable de la primera portada de la edición en tapa blanda de El Hobbit en Estados Unidos, que pueden ver en la cabecera de la entrada.

Fue en el año 1965 y en la portada había un león, dos emúes y un árbol. En una carta a su editor Tolkien se quejaba de la portada pero decía que si el objetivo de la portada era animar a la compra a los potenciales lectores y ellos creían que aquella portada cumpliría ese cometido en Estados Unidos, no tenía nada que objetar, pero que alguien le explicara qué tenía que ver aquello con su obra. No obtuvo respuesta a dicha carta, por lo que se vio obligado a llamar por teléfono para quejarse de la ilustración de la portada y entonces le confesaron lo siguiente con respecto al ilustrador: “no le dio tiempo a leer la novela”.

Y dicho todo esto, sólo añadiré: "¡Corred insensatos!"

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

domingo, 16 de diciembre de 2012

Los papados más cortos de la historia

Hace unos días hablaba en Curistoria del reinado de España más duradero y hoy, obsesionado por el paso del tiempo ahora que se acaba el año, voy a narrarles cuáles han sido los papados más cortos de la historia.

Once papas han estado en el trono de Pedro menos de un mes, si nos tomamos la pequeña licencia de extender el mes hasta los 33 días. Sorprendente que a uno lo elijan para un cargo como ese, para el que bien podría estar preparándose toda su vida, y que tan sólo esté en él unas semanas. Hay veces en las que la propia elección del Papa ha llevado más tiempo que los días que estos hombres fueron la cabeza la Iglesia católica. En este texto únicamente consideraremos los papados oficiales y la causa más o menos aceptada para la muerte. Si no hiciéramos esto, Esteban II sería el hombre a batir, y sería casi imposible hacerlo, ya que únicamente fue capaz de mantenerse Papa 3 días.

El récord oficial lo tiene el Papa Urbano VII, que fue nombrado el 15 de septiembre de 1590 y 13 días más tarde fallecía por culpa de la malaria. Detrás de él tenemos a Bonifacio VI, que en abril del año 896 se hizo con el cargo y tras 15 días falleció de gota, dejándolo de nuevo vacante. Tan sólo un día más aguantó Celestino IV, que entre octubre y noviembre de 1241 fue Papa, y además fue el primero elegido en cónclave. Por cierto, dicho cónclave tuvo a los cardenales deliberando dos meses, mucho más de lo que duró el propio Papa. Quizás de haberlo sabido alguno hubiera dicho aquello de “para este viaje no se necesitaban esas alforjas”. Y no acaba aquí la cosa, sino que su sucesor, Inocencio IV, tardó en ser elegido dos años desde la muerte de nuestro breve hombre. Parece ser que los cardenales no querían volver a juntarse a deliberar.

La lista de papas breves, una vez repasado el medallero, quedaría así:

  • Teodoro II ⎯ 20 días en el año 897, posiblemente murió envenenado.
  • Sisino ⎯ 21 días en el año 708.
  • Marcelo II ⎯ 22 días en el año 1555.
  • Dámaso II ⎯ 24 días en el año 1048.
  • Pío III ⎯ 27 días en el año 1503, pudo morir envenenado, aunque también era gotoso, lo que le obligó a permanecer sentado durante toda la ceremonia de nombramiento.
  • León XI ⎯ 27 días en el año 1605, lo que le llevó a ser apodado el Papa Relámpago en su tiempo. Parece ser que cuando volvía de un viaje una dolencia se lo llevó con Dios. Estas dolencias repentinas siempre son sospechosas.
  • Benedicto V ⎯ 33 días en el año 964.
  • Juan Pablo I ⎯ 33 días en el año 1978. En este caso la versión oficial habla de problemas de corazón pero hay especulaciones diversas.

Curiosamente, el sucesor de este último, que no fue otro que Juan Pablo II, ha sido el segundo Papa hasta el momento con el pontificado más largo: 26 años, 5 meses y 18 días.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Recomendaciones de libros para esta Navidad

Aunque no lo cumplo todos los sábados, en ese día de la semana en Curistoria suele haber recomendaciones, casi siempre de libros, pero también de otras cuestiones relacionadas con la temática del blog y que creo que gustarán a los lectores habituales de este blog, que por cierto son ustedes ya más de 100.000 cada mes.

Y como se acerca la Navidad y es época de regalos y autoregalos, ahí va una lista de recomendaciones de libros, muchos de los cuales ya han sido protagonista de alguna entrada a lo largo del año. Por cierto, el orden en la lista no es importante.

The Company. Una historia de la CIA. (Robert Littell)
Una obra monumental en varios sentidos. Más de mil páginas de novela de espías, con mucho trasfondo histórico y que nos llevará desde el Berlín de posguerra hasta los últimos días de la Guerra Fría. Una auténtica maravilla que he recomendado muchas veces y que todo el que lo ha leído y me ha hablado de él lo ha disfrutado. (Ver libro)


Napoleón de Kubrick
Bajo este título tenemos una impresionante libro de Taschen que recoge todo los apuntes, el guión, trabajos, notas... de Stanley Kubrick, uno de los directores clave en la historia del cine, sobre su proyecto nunca llevado a cabo: Napoleón. Es un placer absoluto para los amantes de los libros, de la historia, del cine o de todo ello. Además, junto con el libro tenemos una tarjeta que nos permite acceder a una web con las miles de imágenes (17.000) que recopiló Kubrick para su trabajo. Por cierto, hay una edición limitada del libro cuyo precio supera los 12.000€ por si alguien se anima a hacer un buen regalo. (Ver libro)

La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts
Este libro no sólo fue protagonista de una entrada propia en Curistoria, sino que también ha sido la fuente de muchas curistorias, como habrán podido ir viendo en las últimas semanas. Es una gran obra sobre la Segunda Guerra Mundial, narrando el conflicto de inicio a fin con maestría y con una análisis, desde mi punto de vista, muy adecuado. Es un libro perfecto para regalar a cualquiera aficionado a la historia, podría ser un comodín, ya que es una historia del conflicto mundial en un sólo volumen, y además, una buena obra. (Ver libro)

El puente de los asesinos, de Arturo Pérez Reverte
Aunque Pérez Reverte acaba de publicar novela nueva, El tango de la guardia vieja, y seguro que esta también merece ser leída y regalada, yo me quedo con la última entrega de las aventuras del capitán Alatriste, que son ya un clásico y que a mi me parece de lectura obligada para jóvenes y mayores. Personalmente considero esta última aventura, El puente de los asesinos, que transcurre en Venecia, una de las mejores de la serie y también es un seguro en caso de regalo, nunca defrauda. Y puestos a ser generosos, háganme caso y regalen a alguien toda la serie, los siete libros, le dará besos y abrazos cuando los lea. (Ver libro)

Catedrales, de Miguel Sobrino
Aunque en los últimos tiempos se han publicado otros libros sobre los monumentos más impresionantes de nuestra tierra, me sigo quedando con este magnífico libro de La Esfera de los Libros. Con más de 400 ilustraciones, es un lujo que se puede leer, releer y consultar una y otra vez. Antes de una visita a una catedral o a una ciudad con catedral para sacar así más partido a la visita y no perderse detalle. La obra recibió el premio Hislibris al mejor ensayo histórico y el galardón, que conozco de cerca y tiene valor por quiénes y cómo lo otorgan, es merecido. (Ver libro)

HHhH, de Laurent Binet
Esta novela, y no es trivial que la categorice como novela, escrita de un modo sorprendente, narra dos cosas: la preparación del atentado contra Reinhard Heydrich, una de las más crueles y destacadas figuras del nazismo; y el propio proceso de escritura y preparación de la novela. Se van alternando ambos aspectos y el resultado es muy atractivo. Yo disfruté de su lectura por la combinación de ambos aspectos, pero esta novela gustará a los aficionados a la Segunda Guerra Mundial, la historia y/o la literatura. Yo la tengo como una de las mejores novelas que he leído este año que agoniza. (Ver libro)

Napoleón, batallas y campañas, de Richard Holmes
¿Otro de Napoleón? Sí, pero en este caso tomo este como excusa para recomendar una serie de libros. Son libros especiales, con reproducciones de documentos de la época, muy gráficos, grandes y con una cuidada edición. Napoleón, científicos, Segunda Guerra Mundial, Miguel Ángel Buonarroti... de todo ello hay editados libros similares. Yo tengo en mi biblioteca unos cuantos y los disfruto enormemente. Poder ver la hoja de servicio de Murat o leer cartas de Napeoleón, con su letra, mapas con anotaciones... reproducciones, como he dicho, pero fieles al original incluso en el formato. Una manera más directa aún de acercarnos a la historia. Yo espero seguir agradando mi colección. (Ver libro)

jueves, 13 de diciembre de 2012

Los Nobel, el nazismo y Estados Unidos

Niels Bohr y Albert Einstein en 1925.
El nazismo cambio muchas cosas en Alemania y su impacto se deja ver aún hoy en día. Y algunos de aquellos cambios, provocados de manera más o menos intencionada por el propio régimen, tuvieron su peso en cómo acabó la Segunda Guerra Mundial y por lo tanto en el destino del nazismo y de la propia Alemania.

Entre 1901, año en el que se entregó por primera vez el Premio Nobel, y 1932, Alemania fue la patria de 25 premiados en física y química, sin duda un dato muy significativo. En 1933 Hitler accedió al poder y la tradición de los nobel alemanes cambió. En los 50 años posteriores a la guerra, sabiendo que también cambiaron las fronteras, únicamente en 13 ocasiones los alemanes fueron reconocidos con el Nobel. En cualquier caso, sigue siendo un número nada desdeñable.

En cambio, en esos mismos 50 años fue Estados Unidos el que se hizo con el trono acaparando 67 premios entre su comunidad científica. El nazismo y otros regímenes similares provocaron que muchos científicos emigraran a Estados Unidos y algunos de ellos contribuyeron de manera significativa al desarrollo del proyecto Manhattan, es decir, a la creación de la bomba atómica.

En esa lista están:

  • Albert Einstein: alemán, judío y Nobel en 1921.
  • Leo Szilárd: húngaro y judío.
  • Hans Bethe: alemán, judío y Nobel en 1967.
  • Edward Teller: húngaro.
  • Eugene Wigner: húngaro de origen judío y Nobel en 1963.
  • Emilio Segré: italiano y Nobel en 1959.
  • Enrico Fermi: italiano y Nobel en 1938.
  • Stanislaw Ulam: polaco.
  • Niels Bohr: danés y Nobel en 1922.

Todos ellos dejaron una Europa abocada al abismo buscando un futuro al otro lado de Atlántico. En muchos casos huían del régimen nazi directamente. Aún así y a pesar de todo, la capacidad científica de Alemania siguió siendo importante.

Fuente: La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El secreto de los Stradivarius

Quién no conoce el mito de los violines de Stradivarius, que tienen nombre propio y se conocen sencillamente como Stradivarius. Deben su nombre a Antonio Stradivari, un lutier italiano del siglo XVII que comenzó muy joven a dedicarse a ese trabajo. De los más de mil instrumentos que fabricó en su vida, se conservan aproximadamente la mitad, y según los entendidos tiene un sonido especial que ha provocado que durante décadas se hayan investigado los violines para descubrir el secreto. Conocido dicho secreto, sería posible replicar el trabajo y obtener nuevos instrumentos con esa calidad y sonido.

Hay muchas teorías con respecto a por qué esos instrumentos, fabricados hace siglos, tienen esa magia sonora. Entre todas ellas, si yo tuviera que escoger una teoría, me quedaría con la que asegura que la madera usada en su fabricación provenía exclusivamente de barcos hundidos. Esta leyenda es tan falsa como bonita. Pero la ciencia habló hace unos años.

En el año 2009, un científico de la Universidad de Texas llamado Joseph Nagyvary, publicó un estudio después de estudiar muestras de los instrumentos que demostraba que el secreto estaba en el barniz que Stradivarius aplicaba a los violines. Este hombre, experto en bioquímica, aseguraba que todo se debía a que el lutier se vio obligado a proteger sus violines de unos insectos aplicando un barniz especial y que ese elemento cambia la sonoridad.

Según parece, Stradivarius daba ocho capas de barniz a cada pieza de madera de sus violines pero no se conocen con exactitud los componentes exactos de aquellos barnices y por lo tanto el secreto de los violines Stradivarius, que está en su barniz, permanece desconocido. Sabiendo el valor millonario de estas piezas de coleccionismo casi podríamos afirmar que el secreto de su fórmula es más valioso que el de la Coca-Cola.

martes, 11 de diciembre de 2012

¿Cuál ha sido el reinado más largo en España?

La curistoria de hoy es sencilla, obvia; responde a la pregunta que plantea el propio título: ¿Cuál ha sido el reinado más largo en España? La respuesta es Felipe V de Borbón, pero no nos quedemos en ese dato, ahondemos.

Felipe V de Borbón, el Animoso, nació en Versalles el 19 de diciembre de 1683. Es decir, no está mal que el rey que más tiempo ha ostentado el trono de España fuera en realidad francés. Como no era el primogénito no se esperaba que fuera a alcanzar el trono de Francia y por diferentes problemas en su ascendencia tampoco parecía probable que se sentara en el español. Su abuela paterna, hija de Felipe IV de España y hermana de Carlos II, había renunciado a sus derechos al trono español para poder casarse con el rey de Francia. Pero cuando todo parecía apuntar a que José Fernando de Baviera sería el próximo rey de España, este tuvo la mala fortuna de fallecer. Y así, aunque la cuestión tuvo sus más y sus menos, Carlos II decidió que su sobrino-nieto Felipe sería el rey de España a su fallecimiento.

Cuando murió Carlos II, en noviembre de 1700, se cumplía su mandato y el 16 de aquel mes de 1700 subía al trono Felipe Borbón, que reinaría como Felipe V. Y su reinado se extendió hasta su muerte el 9 de julio de 1746, si bien el 16 de enero de 1724 abdicó en su hijo, Luis I, que falleció el 31 de agosto de aquel mismo 1724 y obligó a su padre a volver al trono el 5 de septiembre, donde se mantendría hasta su muerte.

En resumen, Felipe V de Borbón reinó 45 años y 3 días, entre 1700 y 1746, quitando esos meses en los que su hijo fue el rey de España. El actual rey, Juan Carlos I, fue proclamado el 22 de noviembre de 1975, por lo que lleva poco más de 37 años en el trono. Quién sabe si con un poco de aguante batirá el record de su pariente Felipe V, o quizás deje paso antes a su hijo, que será Felipe VI.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Allan Poe, aprendiendo a sumar en el cementerio

Roberto Bolaño escribió en su momento una lista de consejos para escritores, en los que recogía qué autores había que leer y qué autores eran prescindibles e incluso contraproducentes. En dicha lista Bolaño afirma: “La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra”. No podemos pasar por alto sus crímenes de la calle Morgue, el escarabajo de oro, el cuervo, el barril de amontillado… y no en vano Poe se suele asociar con cuentos macabros y terroríficos.

Y digo no en vano porque Poe fue un niño huérfano y fue acogido por una familia con cierta comodidad económica. Se formó en un internado cuya clase lindaba con un cementerio. El profesor de matemáticas, quizás por la falta de libros y otros recursos, solía sacar a los alumnos de la clase y hacerlos pasear por entre las lápidas. Los muchachos debían elegir una lápida y calcular la edad a la que había fallecido aquel que estaba bajo tierra, restando las fechas de nacimiento y defunción que figuraban en la tumba.

Pero no acaba ahí la relación entre aquellos jóvenes, entre los que se encontraba Edgar Allan Poe y el cementerio del internado, ya que eran ellos, lo niños, los que cavaban las tumbas cuando algún miembro de la parroquia moría y era enterrado en aquel lugar. Con estas vivencias en la juventud de Poe, no es de extrañar que su cabeza diera lugar años más tarde a algunas historias que hoy, casi dos siglos después, siguen siendo referencias en el mundo del terror y el misterio.

Quizás les gustaría repasar otras curistorias sobre Poe, capaz de predecir el futuro y de generar un ritual en torno a su tumba durante años.

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

domingo, 9 de diciembre de 2012

François Villon, condenado a muerte, dos veces

François Villon fue un poeta francés nacido en la década de los 30 del siglo XV y al que se le perdió la pista en 1463. Así, no se sabe en qué fecha exacta murió ni cómo fueron sus últimos tiempos. Y todo esto, después de ser preso y condenado a muerte en dos ocasiones.

Capturado y declarado culpable de asesinato y de robo, fue encarcelado en las mazmorras del obispo de Orleans a la espera de su ejecución, pero tuvo la suerte de beneficiarse por la entronización de Luis XI de Francia, que declaró una amnistía, y se salvó así de su primera condena a muerte.

Esto ocurrió en 1461 y no tardó, puesto en libertad, en volverse a meter en problemas. Un nuevo homicidio volvió a llevarle a la prisión y a ser condenado a muerte. Había pasado tan sólo un año desde que fue amnistiado y esta vez, después de apelar en los primeros días de 1463, la pena capital el fue conmutada por el destierro, siendo obligado a dejar París.

Dejó París, salvó el pellejo y desapareció para siempre. Nunca más se supo de él. No se sabe cuánto tiempo sobrevivió, pero pocos hombres habrán podido decir que fueron hechos presos y condenados a muerte en dos ocasiones y que finalmente salieron airosos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los piojos de Luis XIV

Luis XIV de Francia, el conocido como El Rey Sol, que también reinó en Navarra, todo sea dicho, era un hombre poco aficionado a la limpieza. Pero no era este un mal exclusivo del rey, sino que él era más bien el representante, el máximo representante incluso, de la forma en la que se vivía y se veían la cosas en los lejanos días del siglo XVII.

El rey de Francia se bañaba únicamente bajo receta, es decir, cuando el médico le aconsejaba que tal paso por el agua era saludable. Y es que en aquel tiempo no es que se pensara que el baño era una pérdida de tiempo y una inutilidad, sino que se tenía por algo contraproducente y perjudicial. Luis XIV se conformaba con asearse cada mañana la cara con un algodón impregnado en alcohol o incluso en saliva, como haría cualquier gato.

¿Y cuáles eran las consecuencias de la falta de higiene? Pues muchas, como es lógico, pero una de ellas era la aparición de pequeños bichitos como los piojos que además encontraban un paraíso cuando la moda obligaba a llevar unas enormes pelucas. Bajo esas enormes cabelleras falsas estaba la real, tapada y llena de estos insectos. De hecho, en aquel tiempo era común que estos hombres y mujeres de la alta sociedad llevaran una pequeña mano de marfil al final de un largo mango, que tenía como finalidad el rascarse la cabeza por debajo de la peluca, allá donde el piojo gobernaba la cabeza del rey de Francia.

Fuente: Mis anécdotas preferidas, de Carlos Fisas.

Colaboraciones

Ya les he comentado en otras ocasiones los diferentes lugares por los que voy recalando colaborando en cuestiones relacionadas con la historia y aprovecho para hacer otra pequeña recopilación y mostrárselas a ustedes, por si no las han leído ya.

También recordarles que siguen mis colaboraciones en Onda Cero, en el programa Nits de Radio, por si quieren sintonizarlo o buscarlo en los podcast.

Y por último, vuelvo a hablar de mi libro (qué fácil nos lo puso a todos Umbral con su arrebato aquella noche en televisión). Pueden aprovechar y hacerse con él para uso y disfrute propio o para hacer un regalo navideño, que además ya saben que estarán ayudando de paso a Médicos sin Fronteras, donde van todos los ingresos que el libro genera:

martes, 4 de diciembre de 2012

La bandera soviética sobre el Reichstag


El 3 de mayo de 1945 la revista Ogonjok publicaba una imagen tomada el día antes, cuando un fotógrafo ruso estaba en el sitio adecuado en el momento idóneo y pudo disparar una foto que se ha convertido en historia. El fotógrafo en cuestión era Yevgenni Jaldei, o Khaldei, y era un ruso, judío ucraniano para ser más exactos, nacido en 1917. Aunque de su cámara salieron otras fotos de la Segunda Guerra Mundial y del Proceso de Núremberg, la que encabeza esta entrada es la más conocida.

La cámara que utilizó Jaldei era un Leica y la bandera había sido construida artesanalmente. Un hombre que trabajaba en la intendencia rusa llamado Grisha le había dado al fotógrafo unos manteles rojos a petición de este. El propio Jaldei, junto con un sastre amigo suyo, habían recortado hoces y martillos y habían cosido las formas en los manteles para componer la bandera soviética. Por lo tanto, lo que ondeó sobre el desbastado Berlín no fue una bandera propiamente dicha, sino un simple mantel.

El hombre que está sujetando la bandera roja sobre el Reichstag era un soldado llamado Aleksei Kovalyev y le acompañaban en la aventura otros dos soldados. Cuando las fotos fueron editadas, vieron que Kovalyev llevaba dos relojes de pulsera, uno en cada muñeca, lo que era una muestra clara del saqueo al que los rusos habían sometido a Berlín a medida que la conquistaban. Para poder publicar la foto Jaldei se vio obligado a eliminar ese detalle de la foto con un aerógrafo y más tarde más retoques fueron hechos para darle más dramatismo a la imagen: más humo, otro cielo...

Y para dar al César lo que le corresponde, tal y como pasara con la foto de los soldados estadounidenses elevando su bandera en el monte Suribachi, otra foto histórica de Iwo Jima, la que todos conocemos no fue la primera vez que se sostuvo la bandera soviética sobre el Reichstag aquellos días. Al parecer, el 30 de abril, tres días antes, otro soldado llamado Mikhail Minin ya escaló hasta allí y dejó una bandera ondeando en lo alto del edificio.

Fuente: La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts

lunes, 3 de diciembre de 2012

La colección de vellos púbicos de Lord Byron

El tópico que reza que la realidad supera en ocasiones a la ficción es tan común que casi ya ha perdido su significado por el desgaste de tanto uso. Pero a pesar de ello, lo que les traigo hoy es un ejemplo más. Muchos de ustedes recordarán la película La escopeta nacional del genial Berlanga, en la que el marqués de Leguineche, interpretado por Luis Escobar, mantiene una colección de frasquitos con el vello púbico de aquellas damas que ha ido conquistando a lo largo de su vida. Frente a esta ficción un personaje histórico, Lord Byron, tenía una afición similar.

George Gordon Byron, que así se llamaba nuestro protagonista, nació en Londres en 1788 y el poeta inglés fue un aventurero, excéntrico y según parece mujeriego. Según la leyenda este casanova llevó a su lecho a más de doscientas mujeres en el tiempo que vivió en Venecia. Byron mantenía una colección como la del berlanguiano marqués de Leguineche, cambiando únicamente el recipiente. El escritor guardaba recortes de vello púbico provenientes de sus conquistas en sobres, escribiendo en el mismo el nombre de la mujer a la que había pertenecido.

Aquella curiosa colección permaneció en los locales de la editorial londinense de Byron hasta 1980, cuando desapareció y se le perdió la pista.

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

domingo, 2 de diciembre de 2012

Chester Greenwood, inventor y mucho más

En los últimos días ha comenzado el otoño a presentarnos al inverno, sabiendo que cada vez le quedan menos días al primero. Lo digo porque aun sin ser días de frío extremo, al menos en la gran parte de España, sí han bajado las temperaturas. Y quizás por ello algunos de ustedes hayan hecho uso de un invento que salió de la cabeza de un joven llamado Chester Greenwood, cuando tan solo tenía quince años de edad.

Greenwood había nacido en el año 1858 en Estados Unidos y era aficionado en sus años jóvenes a patinar sobre el hielo, donde como es lógico, sufría los rigores del frío. Un día le cogió a su abuela un par de ovillos de un hilo de piel y lo enrolló en unas formas de alambre que él mismo había construido. Así inventó las primeras orejeras de la historia que le sirvieron para patinar más contento y para ganarse la vida.

Patentó la idea de los protectores de orejas y creó una fábrica, supongo que unos años después, que se mantuvo en funcionamiento casi sesenta años. Pero Greenwood no inventó únicamente las orejeras, también patentó una tetera, un rastrillo con cerdas de acero, una caja de cerillas pensada para servir de soporte publicitario y una máquina para fabricar carretes de madera para enrollar cable. Y por si todo esto fuera poco, también se embarcó en negocios más allá de sus patentes: bicicletas, calefacción, telefonía…

Con todo esto no es extraño que el bueno de Greenwood recibiera honores en vida como los sigue recibiendo después de fallecer. En 1977 el estado de Main declaró el 21 de diciembre como el día de Chester Greenwood y Farmington, su pueblo natal, sigue celebrando un desfile, entre otros eventos, en el día anual en el que le sirven honores: el primer sábado de diciembre. Es decir, ayer mismo.

Todo un personaje este Greenwood que a la tierna edad de quince años ya ideó las orejeras que nos siguen manteniendo las ideas caldeadas.

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