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lunes, 29 de diciembre de 2008

Los experimientos, con gaseosa

Hace ya un buen número de entradas que no hablo del origen de alguna palabra o dicho común en nuestra lengua. Una de esas frases que todos usamos y que a menudo tienen una explicación o nacimiento curioso. Vamos a ver de dónde viene una frase que ya en sí en “graciosa” y que como no podría ser de otra forma entre ustedes, versados lectores, habrán utilizado cientos de veces: “Los experimentos con gaseosa”.

El origen de esta frase, como otras grandes cuestiones, nace en un bar o café, en España. Allí se encontraba un día el escritor, filósofo y algunas cosas más, Eugenio D’Ors i Rovira con unos amigos, intuyo que dispuestos a celebrar algún acontecimiento. Habían solicitado una botella, al menos, de champán, con el que regar las noticias, o simplemente el encuentro, y allí se presentó presto un camarero con ella. El camarero, quién sabe si por neófito, descuidado o por desacostumbrado a servir dicha bebida, no supo abrir con destreza la botella y derramó parte del contenido sobre la chaqueta de nuestro protagonista, Don Eugenio. Y ahí fue cuando soltó la famosa frase, disparada al camarero: “Los experimentos con gaseosa, joven”.

Ocurrente frase, que ha pasado a la historia y que tiene un uso muy adecuado en miles de situaciones por su importante mensaje. Por cierto, que también el marketing ha hecho su labor con esta frase, y así existe una variante, también muy utilizada, que es: “Los experimentos con Casera”. Casera es una gaseosa, sí, pero hagamos honor a Don Eugenio y usemos la versión original. Y ahora, como no hay Casera, me voy; otra “gran” aportación del marketing al lenguaje común.

lunes, 22 de diciembre de 2008

El Gran Duque de Alba y su hijo Don Fadrique

Ya he narrado en una ocasión la reacción del Gran General Ambrosio de Spínola frente a una noticia sobre su las acciones de su hijo en la batalla. Hoy volvemos a una situación similar, por los hechos, por la época y por el contexto: El Gran Duque de Alba y su hijo, Don Fadrique.

Estaba el hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, y de nombre Fadrique, asediando Haarlen allá por el final de 1572 y el comienzo del siguiente año, cuando la situación llegó a extremos desesperanzadores. En los constantes intentos de asalto de la ciudad morían cada vez más españoles y no eran pocos los que abogaban por una “retirada a tiempo”. Varios capitanes tenían esta misma idea y se la transmitieron a Don Fadrique, haciéndole también pensar en el abandono del asedio.

El Gran Duque de Alba, que era ya sexagenario, se enteró de estos hechos y de los pensamientos de su hijo y le envío una carta diciendo que “si alzaba el campo sin rendir la plaza, no le tendría por hijo; si moría en el asedio, él iría en persona a reemplazarle, aunque estaba enfermo y en cama; que si faltaban los dos, iría desde España su madre a hacer en la guerra lo que no había tenido valor o paciencia para hacer su hijo”.

No son suaves las palabras del Gran Duque y obligaron al hijo a persistir en el empeño para que después de mucho esfuerzo, finalmente Haarlem fuera rendida. Imaginen ustedes que hubiera tenido que ir la madre a dirigir el ejército. ¡Inaudito! No quiero pensar qué le diría el Gran Duque al muchacho cuando siendo niño hiciera alguna trastada. Por cierto, hay otra curiosa historia de este asedio que tiene que ver con el hambre, las palomas y los refuerzos. La dejaremos para otro día.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Curistoria: presentación del libro

Como ya había avisado, ayer tuvo lugar la presentación del libro de Curistoria en Madrid. En concreto en la Casa del Libro de Gran Vía. No soy yo la persona adecuada para juzgar el evento, pero en cualquier caso creo que tuvo una muy buena asistencia y fue ameno, y en algunos momentos, hasta divertido.

Agradezco desde aquí de nuevo la asistencia a todos los que pasaron por allí y os dejo unas fotos del evento. De todas formas, todavía estoy alucinado por los carteles, por oir mi nombre por megafonía en toda la tienda cada pocos minutos, por todas las personas que se acercaron hasta allí... y por el escaparate. Os dejo una foto del escaparate, que aún sabiendo que es flor de un sólo día, mostraba un libro de Carmen Posadas, uno de César Vidal, el superventas "Gomorra"... y seis ejemplares de Curistoria. Ilusión me hizo, para qué negarlo. Además, antes de la presentación estuve trasteando por la Fnac y también tenían varias copias del libro. Fue un buen día por muchos motivos.

Lo dicho, gracias y ahí van unas fotos.

Uno de los carteles anunciando el evento. En este caso en la puerta de la librería.
En el escaparate, junto a Posadas y Vídal, entre otros y con varios ejemplares.
Diciendo alguna tontería, según indica la cara de los amigos que me flanqueaban: Javier (editor y con chaleco) e Ignacio (historiador)

¿Hablando o cantando flamenco?

Firmando y dedicando ejemplares. Fueron muchos.

martes, 16 de diciembre de 2008

¿Por qué los madrileños son gatos?

En Madrid hay muchos “inmigrantes” venidos de otras zonas de España y de otras zonas del mundo. ¿Habrá alguien venido de otras zonas de la galaxia? A veces pienso que sí. El que escribe estas líneas se encuentra entre los venidos de fuera (seleccione el lector el ámbito: España, Mundo o Galaxia), por lo que se puede decir que no es “gato”. Entendiendo “gato” como el sobrenombre que reciben los “madrileños, madrileños”. Por favor, lea usted esto con la chulería característica del mismísimo “Pichi” que castiga desde el chotis.

¿Y por qué gatos? Pues porque allá por el siglo XI el rey de Castilla, Alfonso VI, reconquistó Madrid a los moros. Ya era por entonces una ciudad fuertemente amurallada y el asalto de los cristianos se presentaba complicado. Pero un soldado valiente y osado, escaló la muralla de forma tan ágil que parecía un gato; abriendo camino. Tanto le gustó el mote a susodicho que cambió su apellido por el de “gato”.
Y tal fue la fama posterior de este soldado, y como parte de la reconquista de Madrid se le atribuía, que desde entonces no hay madrileño que se precie que sea “gato”, es decir, que no descienda de este valiente soldado.

Dicho todo esto, dude el lector de todo esto dicho. Como es común en temas similares, estamos cabalgando sobre la leyenda y, además, con varias versiones. En cualquier caso, la época, la muralla, la escalada de la misma y la reconquista están presentes en todas ellas. Al menos en todas las que yo conozco.

domingo, 14 de diciembre de 2008

El timo del principio de Arquímedes

Supongo que ustedes conocerán la historia que narra cómo el amigo Arquímedes corrió por las calles medio desnudo voceando “¡Eureka!”, después de descubrir el principio que lleva su nombre. Pero lo que quizás no conozcan es que lo que le llevó a darse cuenta de que todo cuerpo sumergido en un fluido… era la búsqueda de un método que le permitiera al rey Hierón II de Siracusa saber si le habían timado con una corona. Antes de seguir me veo en la obligación de recomendar al lector una vez más que aplique su escepticismo y sentido común en la lectura de la historieta.

El rey había adquirido una corona y quería saber si le habían timado en la compra. Le pidió a Arquímedes que intentara descubrir si la corona era de oro puro, o si tenía otro metal (plata posiblemente) mezclado. Así, andaba el matemático griego dándole vueltas al tema cuando la inspiración le vino en unos baños públicos, mientras entraba en el agua. Se dio cuenta de que a medida que entraba él en el agua, esta rebosaba.

Fue este hecho obvio lo que le llevó a darle vueltas al tema, hasta que llegó a la conclusión de que si tomaba la corona, la metía en agua y medía el agua que desplazaba; y comparaba esto con el agua que desplazaba el mismo peso de la corona en oro puro, tendría la solución. Este descubrimiento le pareció tan genial, que salió del baño y comenzó a correr por las calles gritando.

Por cierto, según parece, finalmente el rey había sido estafado, por lo que supongo que ya desde sus comienzos el principio de Arquímedes provocó que algunas personas se acordarán de la familia de este con no buenas intenciones. Y digo desde el comienzo, porque podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que algunos de nuestros infantes actuales también recordarán la familia del griego en algún examen o prueba de evaluación.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Edgar Allan Poe y el reto criptográfico

El escritor Edgar Allan Poe era un gran aficionado a la criptografía, como habrán intuido ustedes después de la lectura de algunos de sus relatos, como “El escarabajo de oro”. Esta afición le llevó a publicar en un periódico, el Alexander's Weekly Messenger de Filadelfia, un mensaje solicitando que le fueran enviados textos cifrados por parte de los lectores, y que él los resolvería o descifraría. Corría el año 1839 y el premio ofrecido era una suscripción gratuita a la publicación.

Resolvió muchos de aquellos enigmáticos mensajes, pero un lector remitió un mensaje que Poe no fue capaz de descifrar, después de estudiarlo y trabajar sobre él. Finalmente descartó que se hubiera aplicado un código real a un texto en claro para obtener aquel texto codificado, y lo dejó, convencido de que no era más que una broma de un lector. Le habían enviado una serie de letras puestas sin sentido y orden alguno, según su deducción final.

Pero un siglo más tarde aquel texto fue finalmente descifrado por dos expertos criptográficos y descubrieron por qué se le había resistido, probablemente, al escritor decimonónico. El texto tenía un buen número de faltas de ortografía, nada más y nada menos que dieciséis, y esto hizo imposible el estudio con éxito del texto cifrado. Un simple estudio estadístico quedaría seriamente inutilizado por estas erratas.

Por cierto, William Friedman, uno de los más importantes criptógrafos estadounidenses, que trabajó durante la Segunda Guerra Mundial en la ruptura de los códigos japoneses, reconoció la influencia de Poe en su vocación. El interés por estos temas nació a partir de la lectura de “El escarabajo de oro” cuando era un niño.

martes, 9 de diciembre de 2008

La muerte de Trotsky

Lev Davídovich Bronstein, más conocido como León Trotsky, fue un político ruso que nació en Ucrania en 1879 y murió en 1940 en México. Y es este último momento de su vida lo que nos lo trae a Curistoria. Antes de su muerte, Trotsky había caído en desgracia y había sido expulsado de su partido político, deportado a Kazajistán y finalmente expulsado de Rusia. Así, finalmente acabó en México.

Pero Stalin no se conformó con esto y ordenó su asesinato. El 20 de Agosto de 1940, un comunista de origen catalán llamado Ramón Mercader tuvo acceso a la casa de Trotsky. Al parecer, se saltó la vigilancia gracias a la amistad que tenía con una de las secretarias del ruso. Le entregó a Trotsky un texto para que lo leyera y cuando este estaba ensimismado en la lectura, le clavó un piolet de alpinismo en la cabeza. ¡Qué delicadeza! Le clavó un piolet. Podría haberlo hecho con un martillo o incluso con una hoz, pero optó por un piolet.

La “gracia” está en que el malherido político ruso no murió instantáneamente y atacó a su vez a Mercader provocando una lucha. Todo este jaleo alertó finalmente a los guardaespaldas de Trotsky, que por fin llegaron a salvar a su protegido, y la emprendieron a golpes con el asesino, en aquel momento, aún en grado de tentativa. Trotsky les detuvo diciéndoles: “¡No lo matéis! Este hombre tiene una historia que contar”. Así le salvó la vida y Mercador pasó un buen número de años en la cárcel. Finalmente el político ruso fue llevado al hospital y operado, aunque moriría unas horas después, por lo daños que tenía en el cerebro.

Mi pregunta es… ¿durante la lucha con Mercader llevaría Trotsky el piolet clavado en la cabeza? Sin duda esa imagen sería grotesca. Pero no lo es menos que no muriera en el momento, que salvara a su asesino después de luchar con él, y que hiciera todo esto con la cabeza abierta; literalmente.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Beethoven ayudó a los británicos en la Segunda Guerra Mundial


[punto punto punto raya] Esta es la pista, estimado lector.
- ¿Morse? –
- Correcto. Hablemos del autor: Beethoven.–
- ¿Beethoven? –
- Correcto.–

La sinfonía número 5 en C menor, Opus 67, de Ludwig van Beethoven fue creada por el genial compositor entre 1804 y 1808. Es una de las más famosas obras de todos los tiempos y si usted no la reconoce simplemente por el nombre, me va a permitir este tararero escrito: “pam pam pam paaaaaaam” ¿Más claro? Me temo que no, pero ahí queda.

A lo que iba, el comienzo de esta obra son cuatro notas, las tres primeras “cortas” y una última “larga”. Estas cuatro notas fueron utilizadas durante la Segunda Guerra Mundial por la BBC británica para introducir sus boletines europeos. La emisión de estas notas tenían un significado oculto, ya que en código morse podrían traducirse por “. . . –“.

Y este [punto punto punto raya] no corresponde a otra letra que a la “V”, y de ahí su especial significado: V de Victoria. Este sencillo a la vez que rebuscado modo de enlazar la Victoria de soldados aliados con la obra de Beethoven me parece sencillamente genial. Supongo que ahora lo vemos un poco lejano, pero aquellos soldados estaban tan acostumbrados al código morse, que el oír las cuatro notas les ponía directamente una “V” en la cabeza.

Y para cerrar la historieta, digamos que el compositor era alemán, por lo que los británicos utilizaban una obra alemana contra los propios alemanes. Además, y quizás esto ya es ir demasiado lejos, Anton Felix Schindler, quien conoció personalmente a Beethoven, escribió:

"El mismo compositor proporcionó la clave a estas profundos temas cuando un día, en la presencia del que escribe, señaló el principio del primer movimiento y expresó con estas palabras la idea fundamental de su trabajo: "¡Así el destino toca a la puerta!"

Es decir, aquellas cuatro notas de la BBC no sólo significaban “Victoria”, sino también “¡Así el destino toca a la puerta!”. Todo un mensaje para la Alemania Nazi desde la isla británica.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La guía Michelín en la Segunda Guerra Mundial

La pequeña curiosidad que me dispongo a relatar hoy la leí hace ya mucho tiempo, en la narración de una acción de tanques alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Hace unos días, viendo por enésima vez la grandiosa película “Los violentos de Kelly” (“Kelly’s héroes”) me vino de nuevo a la cabeza, ya que en ella hacen referencia a nuestra protagonista de hoy: la guía Michelín.

La guía Michelín se comenzó a editar al nacer el siglo XX, pensando en los automovilistas pioneros que disfrutaban de los viajes en coche. El trabajo realizado en la guía fue tan bueno durante años, que los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial adoptaron estos mapas de carretera como sus mapas oficiales. Otra de las ventajas era la accesibilidad de estos datos cartográficos, que además, tenían información sobre restaurantes y hoteles.

Precisamente lo que quiere “Big Joe” en la película, es saber qué hotel es el mejor en el pueblo que esperan ocupar, y para ello pide que consulten la guía Michelín.

martes, 2 de diciembre de 2008

El ojo de Millán Astray

Amigos, antes de nada pedirles disculpas por estos días de ausencia en la publicación de entradas en Curistoria. Una dolencia sin transcendencia nos ha afectado en casa; algunos hemos estado recluidos en cama y algún infante hasta ha tenido que ser ingresado. Lo dicho, sin trascendencia real, pero no he podido cumplir con ustedes, mis disculpas otra vez.

Dicho esto, volvamos “al turrón”. Ya conocerán ustedes el semblante del General José Millán Astray, y si no es así, miren la foto adjunta. Este coruñés combatió en Marruecos a primeros del siglo pasado y allí, al mando de unidades indígenas, perdió un brazo y un ojo. En 1920 fundó el Tercio de la Legión y participó en el levantamiento del 36.

Su relación con la Legión, como es lógico, es muy estrecha y era todo un referente para muchos legionarios. Uno de estos, en concreto un teniente, le pidió en una ocasión un recuerdo personal al General Astray, y este, ni corto ni perezoso, abrió un cajón, sacó uno de los varios ojos de cristal que tenía y se lo ofreció. No tengo datos sobre si el admirador aceptó el presente del admirado, pero desde luego es un recuerdo que no se olvida fácilmente.

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