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lunes, 18 de agosto de 2008

Maximilien de Robespierre y Luis XVI

Maximilien de Robespierre, el famoso abogado y político francés, principal responsable del Reinado del Terrror que siguió a la Revolución Francesa, tuvo una infancia nada sencilla. Su madre murió cuando era un niño, y su padre partió en busca de fortuna al otro lado del Atlántico, pero murió también al poco tiempo. Así, siendo Robespierre el mayor de sus hermanos, no era más que un niño cuando quedó como “cabeza de familia”. En esta situación, el obispado de Arras, su pueblo natal, le otorgó una beca para estudiar, y Robespierre la aprovechó, porque según parece era el mejor de su clase. Seguramente fue así durante gran parte de su vida.

Y ser el primero de la clase le llevó a ser el responsable del discurso de honor y bienvenida al rey Luis XVI, cuando este pasó por el lugar. El rey estaba recién coronado y esa ocasión no sería la última en la que se cruzaran la vida de Robespierre y Luis XVI, como todos sabemos. Pero esta primera situación, ya tuvo sus detalles interesantes.

El rey pasaba por allí, su carroza paró para recibir las adulaciones y Robespierre comenzó a leer su discurso, evidentemente, cargado de loas y honores. Pero tan mala suerte tuvo aquel niño, que comenzó a llover ligeramente y el rey dio la vuelta, subió a su carroza y siguió camino, dejando a aquel niño con la palabra en la boca y el discurso a medias.

Es obvio que este hecho no es determinante para nada en el futuro, pero cuando Robespierre era un hombre poderoso, y tras abolirse la monarquía francesa en 1792, Robespierre reclamó insistentemente la ejecución del rey Luis XVI, y finalmente la Convención Nacional condenó a muerte al monarca, que fue guillotinado el 21 de enero de 1793, en la plaza de la Revolución.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La pierna de Lord Uxbridge

Henry Paget, más conocido en la historia militar como Lord Uxbridge, es famoso por la pérdida de su pierna en la batalla de Waterloo. En aquel momento, tenía bajo su mando unos 13000 jinetes y algunas piezas de artillería, y en el transcurso de la batalla combatió al frente de alguna carga de caballería.

Pero el momento cumbre llegó cuando estaba junto al Duque de Hierro, es decir, Wellington, mirando cómo la caballería napoleónica de Ney se retiraba y los británicos cargaban de modo triunfante. Todo un espectáculo, sin duda alguna. La artillería francesa disparaba para cubrir la retirada de sus jinetes y uno de esos disparos catapultó a la historia de las anécdotas militares a Lord Uxbridge, destrozándole la pierna derecha, que finalmente tuvo que ser amputada por la rodilla.

Y es que según se cuenta, el pobre Uxbridge dijo con aplomo inglés después de que un disparo le destrozara la pierna: “Por Dios, Señor; he perdido mi pierna”. Wellington, que estaba a su lado y no tenía menos aplomo, le contestó: “Por Dios, Señor; creo que así es”.

lunes, 11 de agosto de 2008

¡Arresten a este hombre!

Hablábamos de la batalla de Spion Kop, y volvemos sobre ella. Finalizábamos aquella entrada comentando que unos mandos torpes fueron el complemento perfecto para el uso del algodón pólvora, provocando así que los británicos no salieran bien parados de aquella aventura.

Uno de estos torpes mandos eran el General Sir Charles Warren Cuando la batalla ya tocaba a su fin y los soldados británicos estaban acosados y prácticamente derrotados, un mensajero enviado desde la colina en la que se desarrollaba el combate, llegó al puesto del general. El mensajero informó de la urgente y desastrosa situación y solicitó refuerzos y cobertura de artillería. Pero como había ocurrido durante todo el combate, el general Warren siguió indeciso y sin ordenar acción alguna.

Allí, junto al general, había un joven corresponsal de guerra, que había visto toda la escena. No pudo aguantarse y le espetó al general: “General, haga algo, por amor de Dios”. El general, cuya indecisión no significa que no fuera consciente del problema, le contestó: “¡A usted eso le importa un cuerno!¡Arresten a este hombre!”.

Y efectivamente así ocurrió. Los soldados del general tomaron a aquel periodista, joven y en principio sin muchos conocimientos sobre como llevar o dirigir un combate. Arrestado por pedir acción. Años más tarde, esto ocurrió en el año 1900, aquel periodista lideró un combate mucho más grade y decisivo, porque el tipo al que arrestó el General Warren no era otro que Winston Churchill.

jueves, 7 de agosto de 2008

El algodón pólvora

A mediados del siglo XIX se hizo un gran descubrimiento, que como muchos otros, tuvo una aplicación directa en las batallas y guerras. Este invento no era otro que el algodón pólvora, o lo que es lo mismo, nitrato de celulosa. Como en otros muchos casos, la suerte cruzaba por allí en el momento en que Christian Friedrich Schönbein desarrollaba una fibra textil para un cliente.

Trató el algodón con ácidos nítricos y obtuvo el nitrato de celulosa, que es la base de la pólvora sin humo, algo que le vino muy bien a los artilleros de aquel tiempo. Por supuesto, a Schönbein, dedicado a la industria textil, aquello de hacer camisas explosivas no le atrajo mucho, pero en cambio, un tipo llamado Alfred Krupp, dedicado a los negocios armamentísticos, enseguida le encontró un buen uso.

¿Y cuál era este buen uso? Pues que hasta aquel momento, cuando comenzaba la feria de disparos desde una posición de artillería, esta quedaba claramente visible y localizable por el humo que desprendían los cañones. Esto permitía al enemigo dirigir sus disparos con cierta eficacia. Pero con el algodón pólvora, los cañones podían disparar camuflados en algún lugar, y en la distancia, se hacía complicado para el enemigo, divisar la posición exacta de la artillería a atacar.

Por ejemplo, el algodón pólvora fue uno de los determinantes, junto con unos mandos poco dotados para el combate, en la batalla de Spion Kop, que tuvo lugar en Sudáfrica en el año 1900 dentro de la Segunda Guerra Anglo-Boer.

[Photo by lu6fpj - Facundo A. Fernández's]

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