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jueves, 21 de mayo de 2015

La identidad ficticia, no digital, del barón de Arizona

James Addison Reavis
(James Addison Reavis)
Son muchos los hombres en la historia que se han inventado un pasado falso y con ello han conseguido cosas. Algunos casos son trágicos, como aquel hombre que simuló haber sufrido el holocausto, otros casi cómicos, y en otros casos han pasado a ser personajes que han conseguido virar el transcurso de la historia.

En el pasado crear vidas ficticias era posible y de hecho la historia está llena de ejemplos, aunque requería su trabajo. Sin embargo, en la actualidad se ha multiplicado la capacidad de generar relatos y vidas ficticias, también para pretender cambiar el rumbo de las cosas, y todo ello gracias a las posibilidades que el mundo web nos brinda, y a la creatividad que cada uno tenga de comprometerse y meterse en un rol.

Un buen ejemplo de estas vidas de ficción antes de la época de Internet fue la de James Addison Reavis, estadounidense nacido en 1843. Tras la guerra de México, que enfrentó a este país con Estados Unidos entre 1846 y 1848, muchos territorios pasaron a Estados Unidos, que además compró otros más tarde. El nuevo propietario prometió mantener cualquier concesión de tierras hecha por España cuando aún México era colonia. Años más tarde, en 1884, entró en escena el barón de Peralta de Arizona y Caballero de los Colorados, título que ostentaba don Jaime, que en realidad no era otro que nuestro Reavis, con una identidad inventada y documentos falsos.

Siendo revisor del tranvía de San Luis su vida no tenía demasiado interés y decidió autoproclamarse Barón de Arizona. En virtud de ese título reclamó una enorme cantidad de terreno en el centro de Arizona y en el oeste de Nuevo México. Consiguió hacerse popular y conseguir apoyos. En la actualidad utilizaría las plataformas online para buscarlos y darse a conocer, pero todo lo que pudo hacer Reavis fue poner carteles en lo que consideraba sus propiedades. Sus pretendidos dominios, 50.000 kilómetros cuadrados, incluían la ciudad de Fénix, el derecho de paso de la línea ferroviaria Southern Pacific y minas que supondrían millones de dólares aún por explotar.

Un tramposo llega en ocasiones lejos con una mentira, pero casi nunca se llega a la meta. Reavis se hizo rico y famoso, pero finalmente fue descubierto y condenado a seis años de cárcel. Al final pareció creerse más su identidad ficticia que la suya propia, ya que al parecer en sus últimos tiempos pasaba el día en la biblioteca leyendo lo que los periódicos contaron sobre él cuando era conocido, quizás viviendo aún en su mentira.

En la actualidad, con las nuevas herramientas que Internet nos brinda, podemos crear nuestra propia identidad y un mundo más allá de nuestra historia vital real, por diversión, por timidez, para ocultar nuestro nombre real… Sin embargo, conseguir separar esa vida real de la que uno se inventa no es del todo sencillo, como el caso de Reavis demuestra.

Fuente: Fraudes, estafas y falsificaciones, de Brian Innes

martes, 19 de mayo de 2015

Las enfermedades venéreas en el ejército de EEUU

Propaganda del ejército de EEUU contra las enfermedades venéreas
(Propaganda del ejército de EEUU contra las enfermedades venéreas)
El ejército de Estados Unidos lleva desde hace casi dos siglos un registro estadístico de las infecciones de enfermedades venéreas que sufren sus soldados. A lo largo de la historia, en alguna ocasión las infecciones de este tipo se han buscado por los propios soldados, para abandonar el frente. Esto ocurrió en la Primera Guerra Mundial y causó que las prostitutas enfermas fueran las más caras, y también pasó en la Segunda Guerra Mundial en algunos frentes.

Volviendo a las estadísticas de Estados Unidos, los ratios de enfermos por venéreas fueron muy elevados en la guerra de Vietnam, siendo más de seis veces superiores, por ejemplo, a los de la Segunda Guerra Mundial. La guerra de Corea también destaca, por lo malo. No conozco en detalle las causas, pero supongo que las relaciones de los militares con los prostíbulos locales tuvieron mucho que ver en esto. En algunas películas queda patente esta situación, que a la vista de estos datos, cobra un especial sentido.

El ratio que se usa para medir el nivel de infecciones es el número de casos por cada mil hombres. Es importante remarcar que son casos de enfermedad detectados por cada mil soldados, no hombres infectados, porque un hombre pudo ser infectado en varias ocasiones. Por otra parte los datos son globales, es decir, la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, tuvo muchos frentes y situaciones, posiblemente con diferentes datos parciales.

Los datos completos son los siguientes, aunque no hay datos las últimas décadas ni sobre la Guerra del Golfo:
1829-1838Paz60
1840-1846Paz70
1846-1848Guerra de México90
1849-1854Paz70
1861-1865Guerra Civil82
1880-1890Paz83
1895Paz74
1897Paz84
1917-1918Primera Guerra Mundial87
1941-1945Segunda Guerra Mundial49
1950-1953Guerra de Corea146
1965-1972Guerra de Vietnam325
Fuente: Strange but true military facts, de Steve Crawford

sábado, 16 de mayo de 2015

Memorias de la Condesa de Espoz y Mina

Memorias de la Condesa de Espoz y Mina
(Memorias de la Condesa de Espoz y Mina)
El nombre de doña Juana María Vega de Mina, mujer nacida en La Coruña en 1805, posiblemente no les diga mucho, pero si mencionamos que fue la Condesa de Espoz y Mina, quizás ya alguno pueda situarla en la historia de España. La dama, esposa del militar Francisco Espoz y Mina, vivió de cerca algunos de los momentos más importantes del siglo XIX español. Entre 1841 y 1843 fue aya y camarera mayor de la reina Isabel II de España, nacida en 1830. En la época en que la condesa de Espoz y Mina fue camarera mayor de la reina, aún menor, Espartero ejerció la regencia.

Quiso la condesa dejarnos para la historia su experiencia y vivencias de aquel periodo escritas, y así lo hizo nada más dejar sus obligaciones en palacio, en 1844. Plasmó todo ello en un libro titulado Apuntes para la historia del tiempo en que ocupó los destinos de aya de S.M. y A. y camarera mayor de palacio. En 1910 se descubrió el manuscrito en cuestión, sin que se hubiera publicado, en el archivo del Congreso de los Diputados y se publicó entonces. Ahora la editorial del Boletín Oficial del Estado ha lanzado una edición facsímil de aquella en la que podemos leer las historias de palacio narradas por la condesa.

Espartero, Diego de León, la reina, Narváez… son personajes que pasan por las páginas del relato, que aúna pequeños detalles, curiosidades y una visión del momento histórico desde una atalaya privilegiada. El momento político era complicado y el juego de poderes dio para mucho, por lo que es una buena oportunidad poder leer las sensaciones y descripciones de un testigo directo.

Una oportunidad que puede aprovechar, como decía, gracias a la publicación reciente de estas Memorias de la Condesa de Espoz y Mina.

jueves, 14 de mayo de 2015

Domingo no de Paz en la Segunda Guerra Mundial

El USS Arizona durante el ataque a Pearl Harbor
(El USS Arizona durante el ataque a Pearl Harbor)
Ya sé que los lunes son odiosos y que esa cuesta del comienzo de la semana es una maldición común a casi todos. Incluso está la conocida canción de Bob Geldof, escrita a partir de los asesinatos de Brenda Spencer, que nos lo recuerda. Pero creo que deberíamos comenzar a tenerle también algo de tirria a los domingos.

Ya hace mucho que les hablé de algunos domingos sangrientos de la historia, pero aunque parezca que el domingo debería ser un referente de paz, por ser día de descanso y tener un componente religioso para muchos, lo cierto es que la Segunda Guerra Mundial nos lleva a pensar lo contrario. En realidad todos los días de la semana fueron sangrientos entre 1939 y 1945 o, si me apuran, a lo largo de toda la historia, pero durante la Segunda Guerra Mundial fueron varias las operaciones importantes que fueron lanzadas en domingo y también ese fin del fin de semana fue testigo de algunos hechos clave.

Por ejemplo:
3 de septiembre de 1939 – Inglaterra entra en guerra contra Alemania al vencer el plazo del ultimátum que habían dado los primeros por la invasión de Polonia.
22 de junio de 1941 – Alemania comienza la invasión de la Unión Soviética. El frente del este arranca.
7 de diciembre de 1941 – Japón ataca la base de Pearl Harbor, llevando a la guerra a Estados Unidos.
17 de septiembre de 1944 – Comienza la Operación Market Garden, una de las operaciones más importantes llevadas a cabo por los aliados.
1 de abril de 1945 – Comienza la Batalla de Okinawa, que se extendería casi tres meses y costaría decenas de miles de vidas.
En realidad creo que si hiciéramos un repaso similar de cada día de la semana descubriríamos que todos ellos están sembrados de atrocidades, pero, qué quieren que les diga, el domingo es el domingo. Si no por día del Señor, que sea por pereza, pero el domingo hay que vivirlo con calma, incluso en tiempo de guerra.

martes, 12 de mayo de 2015

Un error en una palabra que costó centenares de miles de vidas

Kantarō Suzuki
(Kantarō Suzuki)
A veces la casualidad hace que todo cambie, un error tiene consecuencias impredecibles y de vez en cuando una palabra acaba modificando la historia. Quizás, y sólo quizás, la mala elección de una palabra acabó costando centenares de miles de vidas en la Segunda Guerra Mundial.

Kantarō Suzuki fue un militar japonés nacido en 1868 que en abril de 1945 fue nombrado Primer Ministro, cuando tenía 77 años. Poco después, en julio, los aliados celebraron la Conferencia de Potsdam, que incluía entre sus acuerdos un ultimátum a Japón instándole a rendirse sin condiciones. Al parecer, Suzuki y sus hombres eran partidarios de aceptar las condiciones y acabar con la guerra definitivamente, aunque querían gestionar el momento con sumo cuidado.

Cuando le preguntaron por la Conferencia de Potsdam y sus repercusiones en Japón, el primer ministro Suzuki quiso ser cauto y no mostrar todas su cartas. Usó entonces una palabra que quizás no fue la más adecuada por ambigua. No sabemos si la ambigüedad era su elección o el ser tan cuidadoso con las palabras le jugó una mala pasada. Dijo que estaba adoptando una posición de mokusatsu con respecto a lo expuesto en las conclusiones de Potsdam.

Esa palabra, mokusatsu, tiene dos significados. El primero es algo así como guardar silencio por el momento, pero el segundo significado es ignorar. Esa ambigüedad causó que la Agencia de Noticias Japonesa cometiera el error de dar por buena la segunda acepción y traducir las declaraciones de Sukuzi de ese modo, es decir, indicando que Japón ignoraba el ultimátum de Potsdam. Aquel mensaje voló por todo el mundo.

La postura de Japón que se deducía de aquel mensaje del primer ministro Suzuki llevó a que el presidente de Estados Unidos, Truman, decidiera ir un paso más allá para finalizar en la guerra y usar la bomba atómica. Aquel error de interpretación o traducción costó la vida de centenares de miles de personas.

Fuente: The greatest stories never told, de Rick Beyer

domingo, 10 de mayo de 2015

Robert Liston, un cirujano rápido y letal

Robert Liston
(Robert Liston)
Si dijéramos que era rápido y letal al referirnos a un pistolero estaríamos hablando bien de él, en cambio, si de un cirujano se dice que es letal, la cosa cambia de punta a punta. Pero nuestro hombre, Liston, también era rápido, y eso era importante en su época, cuando aún no existía la anestesia y las cirugías eran un martirio para el paciente, y cuanto más corto el martirio, mejor.

Este escocés nacido en 1794 era famoso por su rapidez en las operaciones quirúrgicas. Manejaba el escalpelo y la sierra como si el diablo le persiguiera, y en realidad bien parece que el mismo diablo le guiaba en ocasiones en la mesa de operaciones. Los estudiantes asistían a ver cómo trabajaba para aprender sus técnicas, aunque en ocasiones los resultados no eran del todo los esperados. Rápidos, pero letales.

En una ocasión le amputó la pierna a un hombre en tan sólo dos minutos y medio, con un serrucho, lógicamente. No está nada mal la marca, pero ya saben que las prisas no son buenas consejeras y en aquella ocasión el serrucho se llevó la pierna del enfermo pero también sus testículos. Pero aquel día en el que fue a por una pierna y se llevó más de lo que debía no fue el peor de su carrera.

Su mayor y peor hazaña tuvo lugar cuando en una de sus operaciones para apuntar una pierna, la precipitación le llevó a cortar la pierna, aunque esta vez no los testículos; lo que estaba bien. Pero no paró ahí la cosa y a su ayudante le serró los dedos de una mano, y no sé muy bien qué locura con el serrucho le poseyó, pero rebanó la chaqueta de otro cirujano que estaba observando la operación de cerca y que murió del susto, literalmente. Finalmente también murieron el paciente original, sin pierna pero con gangrena, y el ayudante al que serró los dedos. La gangrena de nuevo. No está mal, un 300% de mortalidad en esa operación, un paciente y tres muertos. Letal, letal, letal.

En resumen, amigos, cuando vayan al médico recuerden aquello de vísteme despacio que tengo prisa.

Fuente: Historia de la ciencia sin los trozos aburridos, de Ian Crofton

sábado, 9 de mayo de 2015

Escuela de Saber

Escuela de saber
Hace unos días me presentaban el proyecto Escuela de Saber, y desde el primer momento, a pesar de su reciente nacimiento, me pareció que merecía la pena ser conocido, seguido y utilizado. Y lógicamente, también pensé que sería interesante para los lectores de Curistoria. Personalmente paso mucho tiempo a la semana metido en el coche de camino al trabajo desde casa y viceversa. Tiempo casi perdido pero que al que rasco algo de sentido escuchando podcast o programas de radio descargados, podcast también al fin y al cabo. Y música, por supuesto, pero en cualquier caso siempre estoy deseoso de nuevos contenidos que merezcan la pena, para descárgalos en el ipod o al teléfono y aprovechar algunos ratos y actividades.

Y en ese marco encaja Escuela de Saber. Contenidos de calidad, audios bien grabados, exhaustivos… Aunque pensados para la divulgación del conocimiento, detrás de los contenidos hay profesores, lo que resulta una combinación muy interesante. Yo he probado Imperio Romano: la historia de Roma y la diferencia con algunos otros podcast, de los que también disfruto pero que están realizados de forma más amateur, es sustancial. Ese curso sobre Roma son casi trece horas de audio.

Como decía, acaba de ver la luz y poco a poco irá creciendo el abanico de temas tratados, pero creo que bien merece la iniciativa un momento para echarle un ojo por su parte y al menos probar. Hay que aprovechar el tiempo que pasamos en el coche, en el bus, corriendo, paseando… y opciones como esta nunca está de más.

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