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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Los motivos para prohibir el twist en España

Jóvenes bailando twist (Berlin, 1964)
(Jóvenes bailando twist (Berlin, 1964))
No es esta la primera vez que les recomiendo el programa de radio Documentos RNE, lógicamente, de Radio Nacional de España. Documentales sonoros de una calidad y temáticas que los convierten en paso obligado todas las semanas. Y en la actualidad, con los podcast disponibles en la web, un lujo absoluto al alcance de cualquiera. Si todas las semanas es una escucha recomendable, en algunas ocasiones, por temática u otro motivo, se ganan su lugar en el disco duro, como un pequeño tesoro a guardar. Este fue el caso del programa del 15 de noviembre del presente, titulado La censura fonográfica (los discos prohibidos).

Como habrán supuesto, trata sobre las prohibiciones musicales en la España franquista, es decir, la música que no se podía grabar y también la no radiable. Entre otras cosas, algunas que seguro les contaré otro día, daban las razones por las que se prohibía el twist como música a emitir por la radio. El censor Manuel Antonio Zabala Díez tiraba de motivos, unos extraños y otros muy extraños, para acabar desaconsejando, permítanme el eufemismo, la emisión de ese ritmo del demonio que incita a mover las caderas. El texto exacto es el siguiente:
El ritmo denominado twist ha suscitado una general repulsa entre las personas de buen sentir. Diferentes países extranjeros, como Irán, lo han prohibido por inmoral. Además, recientemente se han publicado opiniones médicas que lo consideran peligroso para la salud física. Personas nada timoratas han formulado quejas ante el servicio de censura relativas a la improcedencia de autorizar este baile que, a su juicio, implica concesiones perniciosas para la juventud y para el español sentido del decoro.
El párrafo no tiene desperdicio, pero tomar a Irán como referencia o mencionar el español sentido del decoro, casi invitan a hacerse una camiseta con la sentencia: El twist atenta contar el español sentido del decoro.

Fuente: Documentos RNE

domingo, 23 de noviembre de 2014

Haber, el científico judío y héroe de guerra alemán

Fritz Haber
(Fritz Haber)
Fritz Haber, fue un importante químico alemán nacido en diciembre de 1868 y fallecido en Suiza en 1934. Que falleciera en esas fechas y lugar ya les debería dar alguna pista sobre la evolución de su vida en Alemania, pero comencemos por el principio.

En 1918 recibió el premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre las síntesis del amoniaco, había descubierto un proceso que permitía convertir nitrógeno en amoniaco, lo que fue esencial para el desarrollo de fertilizantes y explosivos. Sus conocimientos fueron clave para la puesta en marcha de la guerra química de Alemania en la Primera Guerra Mundial, y en ocasiones se habla de él como padre de la guerra química moderna, gracias a los procesos que creó para la producción de armas basadas en gas cloro, entre otros.

Era un gran científico y su patriotismo le llevó a colaborar con su país sin otro tipo de miramientos, como hicieron tantos otros. Comenzó a pagar esta colaboración militar muy pronto. En 1915 viajó al frente oriental para supervisar el uso de las armas químicas en la guerra de trincheras y, al día siguiente de su partida, su esposa, Clara, que también era química, se suicidaba con la pistola de su marido horrorizada por el uso que se estaba dando a las investigaciones y conocimientos de este.

Durante la guerra, y tras ella, Haber siguió anteponiendo su patriotismo a todo y no dejo de colaborar con el mundo militar. Investigó más profundamente sobre los gases venenosos y el instituto de Berlín en el que trabajaba acabó creando el Zyklon A, pensado primero como insecticida, pero que acabó sirviendo de base para el Zyklon B, el gas que los nazis utilizaron para exterminar sistemáticamente a la población judía.

Haber era de origen judío aunque según parece no se le puede considerar practicante. Por lo tanto, hubiera sido objeto de persecución por parte de los nazis, pero siendo un héroe de la Primera Guerra Mundial, conocido y reconocido por todos, estaba fuera de peligro. Así lo determinaban las leyes nazis, donde los veteranos de guerra judíos, y más los héroes, no sufrían el tratamiento, la persecución y la discriminación a la que sometían al resto de ellos. A pesar de esto, cuando le pidieron a Haber que despidiera a algunos de sus colaboradores por ser judíos, nuestro protagonista demostró su ética renunciando a su cargo. Prefirió retirarse a colaborar de ese modo con la represión contra los judíos.

Lógicamente la decisión acabó por marcarle y aunque no fue perseguido, se vio obligado a dejar Alemania. No comprendía por qué se le trataba así y aseguraba que siempre había hecho lo mejor por su país, se había guiado por el patriotismo al que hacía mención anteriormente. Destrozado, y con su familia también exiliada, murió poco después de dejar Alemania. No llegó a saber lo que harían algunos de sus compatriotas contra otros de ellos, judíos estos últimos, usando los gases en los que tantas horas y esfuerzo había puesto Haber.

Fuente: Al servicio del Reich (la física en tiempos de Hitler), de Philip Ball

jueves, 20 de noviembre de 2014

Fotos de veteranos de las guerras napoleónicas

Hay un momento en la historia a partir del cual la fotografía se populariza y se convierte en una fuente esencial de información de primera mano. Pero hasta ese momento las fuentes visuales son escasas y nunca reales, sino que se trata de pinturas o esculturas. Piensen por ejemplo en lo impresionantes que serían las fotos de una legión romana en combate, de una batalla naval de hace siglos o de una carga de caballería napoleónica. Precisamente la fotografía llegó tarde para ser fuente de la época de Napoleón, pero sí que hay fotos de veteranos de aquel mítico ejército, de la Grande Armée, con su uniforme, aunque décadas después de su esplendor.

Cuando algunos veteranos de las guerras napoleónicas ya habían pasado los 70 años de edad fueron fotografiados con sus uniformes y condecoraciones. Parece claro que los uniformes fueron arreglados para que se adaptaran a los cuerpos tras el paso de los años, pero aún así siguen siendo estas fotos una maravilla. Granaderos de la Guardia, mamelucos, húsares, lanceros… todos ellos tienen su homenaje y representación en esta bonita colección.

Las fotos fueron tomadas el 5 de mayo de 1855, aniversario de la muerte de Napoleón. Según parece, todos los años se reunían veteranos en esa fecha en París para conmemorar el fallecimiento del que fuera su emperador y en una de esas reuniones fueron convocados frente a la cámara.

















Fuente: Brown University Library

martes, 18 de noviembre de 2014

Contad los muertos, Rocroi y los tercios

Rocroi, el último tercio, por Augusto Ferrer-Dalmau
(Rocroi, el último tercio, por Augusto Ferrer-Dalmau)
Hay algunos días marcados a fuego en la historia de España, y hoy vamos a hablar de uno de ellos, el día de la batalla de Rocroi. Bien harían ustedes en desconfiar un poco de la épica de la siguiente curistoria, pero también es cierto que ahí está y así es como se cuenta.

El 19 de mayo de 1643 el duque d’Enghien, al mando de las tropas francesas, destrozó a los tercios españoles de Flandes, cuyo mando a la sazón descansaba el portugués Francisco de Melo. Aunque derrotados sin paliativos, y quizás por dar pie a la épica de la que antes hablaba, cuentan las historias que los tercios lucharon aquel día como todos los anteriores, hasta el último hombre o hasta la victoria y con el arrojo del que prefiere morir a ser vencido. Y así fue, fueron vencidos tras ser muertos.

La caballería enemiga se coló entre las tropas imperiales y consiguió descomponer el ejército de Francisco de Melo. El famoso cuadro que solían formar los tercios en batalla, aguantó los envites en un primer momento, pero la artillería y la caballería francesas acabaron por dejar el suelo lleno de piqueros, arcabuceros y mosqueteros imperiales heridos y muertos.

Cuando terminó el combate, según parece, un oficial francés quería saber el tamaño de las tropas que habían combatido por ambos ejércitos para dejar constancia del dato en su narración de la batalla y le preguntó a un oficial de los tercios herido:
-¿De cuántos hombres se componía vuestro tercio?
-Contad los muertos.
Lo segundo, lógicamente, fue la respuesta del soldado español. Para cerrar la épica podríamos decir que el vencido exhaló tras pronunciar esas palabras…

Fuente: Museo del Ejército, de Juan Antonio Marrero

domingo, 16 de noviembre de 2014

Alan Turing, un gran corredor aficionado

Alan Turing
(Alan Turing)
No voy a volver a contarles mi admiración por Alan Turing, pero sí vuelve a Curistoria para hacer buena la máxima latina Mens sāna in corpore sānō. No sólo fue un genio y un adelantado a su tiempo, sino que también fue un gran deportista. Adelantándose también a la fiebre actual por correr, fue un gran corredor aficionado.

Turing siempre fue un gran aficionado al deporte que solía ir en bicicleta de un lado para otro y que además jugaba al tenis, al hockey, navegaba… y cuando digo que solía ir en bicicleta, no sólo es que fuera de casa al trabajo y vuelta en bici, sino que en sus vacaciones recorría en largas giras Francia y Suiza. En una ocasión, cuando tenía algo más de veinte años, un equipo de campo a través le ofreció correr con ellos ya que les faltaba un hombre. Turing se apuntó a la carrera e hizo un papel memorable, y como si fuera Forrest Gump, comenzó y ya no paró.

Creció en él una afición un poco más seria por ese deporte, al running, como dicen en la actualidad. Se puso como objetivo correr una maratón y entrenaba seriamente como parte del Walton Athletic Club. Y no sólo entrenaba, sino que podemos decir que correr era su medio de desplazamiento habitual. Solía visitar un laboratorio que estaba en el norte de Londres, a unos veinticinco kilómetros del suyo, y tras ponerse la ropa adecuada corría esa distancia para realizar la visita. Cuando hablamos de ropa adecuada, hay que aclarar que se tratan de un par de pantalones de franela atados con una cuerda en la cintura. Hasta la casa de su madre había casi treinta kilómetros desde la suya y también los recorría corriendo, para visitar y comer con su progenitora.

Los periódicos de la época ya se hacían eco de la afición de Turing, comentando cuánto se alejaba dicha afición de los tópicos con los que cargan los científicos. Acabó en buenas posiciones algunas carreras e incluso estuvo en preparándose para optar a las olimpiadas, pero una lesión frustró el intento. En cualquier caso, Turing siguió corriendo como aficionado toda su vida.

Fuente: Alan Turing, de Jack Copeland

viernes, 14 de noviembre de 2014

Los modelos reales del cuadro Gótico estadounidense

Gótico estadounidense, de Grant Wood
(Gótico estadounidense, de Grant Wood)
La obra sobre la que gira esta entrada es una de las más conocidas del arte estadounidense y sin duda es el cuadro más popular de Grant Wood. Pintado en 1930, presenta a un granjero y su mujer y pretende, según su autor, simbolizar los roles del hombre y la mujer en la sociedad.

Para llevar a cabo la obra Wood tomó dos modelos, a su hermana Nan, que tenía entonces en torno a 30 años y a su propio dentista, el doctor Byron McKeeby, que había pasado ya los 65 años cuando inspiró al hombre del cuadro. La diferencia de edad, una vez conocida, queda patente en el cuadro de forma clara.

La siguiente imagen es una foto de ambos, posando junto a la pintura de Wood.
Los modelos reales del cuadro Gótico estadounidense
(Los modelos reales del cuadro Gótico estadounidense)


martes, 11 de noviembre de 2014

Andrew Carnegie y su ingenio contra sus sobrinos

Andrew Carnegie
(Andrew Carnegie)
Vaya por delante que esta curistoria es de esas que a mí, escéptico por naturaleza, me parece tan hecha a medida que dudo de su veracidad. Bien podría ser que se la atribuyan a su protagonista o incluso que este mismo la inventara para darse lustre.

Andrew Carnegie, el protagonista, nació en 1835 y fue un industrial de éxito, uno de esos nombres míticos de la historia económica de Estados Unidos. Aunque escocés de origen, emigró de niño con su familia al otro lado del Atlántico. Precisamente en su familia, cuando ya era Carnegie un hombre de provecho, había dos sobrinos que estaban estudiando en Yale y que vaya usted a saber por qué no daban señales de vida ni respondían a las cartas de su madre. Una actitud, por otra parte, lógica y habitual de la juventud.

La cuñada de Carnegie, a la sazón madre de los mozos, le transmitió su preocupación a este, diciéndolo que por más cartas que enviaba sus hijos no respondían. Recibió entonces el compromiso del industrial de hacer algo para que los muchachos respondieran a su madre.

Hombre ocurrente, lo que hizo fue enviar una carta a sus sobrinos y al final de la misma indicaba que había incluido en el sobre cinco dólares para cada uno de ellos, esperando que hubiera llegado el dinero sin problema a sus manos.

No tardó mucho en llegar una carta de vuelta por parte de sus sobrinos que además de noticias e información sobre sus vidas, para felicidad de su madre, contenía el aviso de que el dinero que les había enviado Carnegie se había extraviado y seguramente alguien lo había robado por el camino. Como habrán adivinado, el industrial no había incluido dinero alguno y era sencillamente una treta para que sus sobrinos escribieran a la familia, treta que funcionó a las mil maravillas, por cierto.

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