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jueves, 18 de septiembre de 2014

Decimatio, un terrible castigo en las legiones romanas

Legionarios romanos (recreación)
(Legionarios romanos -recreación-)
La disciplina en el ejército es esencial y más cuando se está envuelto en un combate o en una guerra. Así, cualquier medida es válida para hacer que un soldado cumpla con su cometido y evitar los actos de cobardía o los amotinamientos. Los romanos, como no podría ser de otro modo, ya lo sabían y tenían un castigo denominado decimatio que aplicaban en casos extremos.

Decimatio les sonará a diez, y no van mal encaminados. El castigo consistía en tomar la cohorte o cohortes seleccionada para recibir el castigo y dividirla en grupos de diez soldados. Cada grupo de estos elegía, al azar, a un hombre para morir, y lo hacía a manos de los otros 9. Habían de apedrearlo o darle varazos hasta que el pobre condenado falleciera. No había distinción de rango, todos entraban en el bombo. Es más, si eras un valiente luchando entre cobardes no estabas a salvo, el castigo era para el grupo.

Pero los que salvaban la vida no se iban sin castigo, sino que eran condenados a dormir fuera del campamento. Esto, además de una cierta vergüenza, era peligroso porque los dejaba casi a merced del enemigo.

martes, 16 de septiembre de 2014

Manuales de derecho para aprender a escribir con estilo

Stendhal
(Stendhal)
He oído comentar muchas veces que el gran Miguel Delibes forjó su estilo y se formó como escritor leyendo un manual de derecho mercantil escrito por el abogado Joaquín Garrigues. Según el literato, el estilo preciso y brillante de aquel manual hacía accesible una materia árida como es el derecho mercantil, y eso era todo un logro. No es este un caso único.

Henri Beyle, un escritor francés del siglo XIX al que todos ustedes reconocerán cuando les diga su seudónimo, Stendhal, fue por el mismo camino. El famoso autor de Rojo y Negro y La cartuja de Parma, tenía también un estilo cuidado y en su prosa llama la atención la precisión y la ausencia de palabras accesorias. Según parece, él mismo comentó en una ocasión que antes de escribir leía una o dos páginas de un libro, siempre el mismo libro: El código Civil de Napoleón. Según Stendhal no había nada mejor escrito en francés, esa obra legislativa era un portento de claridad y sentido.

Dicho esto, amigos, ya saben qué hacer para mejorar su estilo de escritura, leer manuales de derecho. Si no los entienden, tírenlos. Si los comprenden, lean y relean porque ahí está la esencia de un gran estilo literario. Al menos eso parece indicar la experiencia de Delibes y Stendhal.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Supernovas, luces brillantes observadas desde hace siglos

Restos de la supernova de 1604
(Restos de la supernova de 1604)
Una supernova es la explosión muy luminosa de una estrella en la que llega a brillar decenas de miles de veces más intensamente de lo habitual. En algunos casos estos hechos estelares son visibles desde la tierra y se ha dejado constancia en los siglos pasados de su paso por nuestro cielo.

Así, ya en el año 1006 se dejaron testimonios en varios lugares del mundo, entre ellos, China, de uno de estos acontecimientos. Según parece aquella supernova tenían tres veces el tamaño de Venus y los testimonios del oriente lejano nos dicen que fue tan brillante que permitía ver en plena noche objetos en el suelo, suponemos que sin otra luz adicional más que la de la Luna.

Como era de esperar, un hecho de este tipo no presagiaba nada bueno según la mentalidad de la época y tras una de estas supernovas, visible durante algunos días, se esperaban hambrunas y guerras.

En 1052, astrónomos chinos, japoneses, persas y árabes quedaron estupefactos por la aparición de una de las supernovas más brillantes, que incluso fue a plena luz del día y duró varias semanas. Los restos aún nos acompañan ahí arriba, ya que estamos hablando del origen de la Nebulosa del Cangrejo. También se encargaron de dejar testimonio del hecho.

En 1572 y 1604 volvieron las supernovas a hacer acto de presencia en el cielo, y fueron entonces observadas y documentadas por Tycho Brahe y Johannes Kepler. El primero se sirvió de aquel hecho para explicar cómo quedaba demostrado que las estrellas no eran algo fijo, sino que nacían y morían. El estudio y documentación que nos legó Brahe, le convierten casi en padre modernos de las supernovas. Galileo se basó en la supernova de 1604, asociadas a Kepler, para apoyar esa misma teoría sobre la evolución vital de las estrellas.

Fuente: Historia de la ciencia sin los trozos aburridos, de Ian Crofton

jueves, 11 de septiembre de 2014

Romanos, cántabros y vetones, no se comprendían unos a otros

Estrabón
(Estrabón)
Siempre es curioso ver cómo los pueblos de la antigüedad se veían unos a otros, aunque es cierto que no siempre nos han llegado esas impresiones. Y cuando lo han hecho han sido filtradas en ocasiones por una determinada parte, como en este caso, en el que un griego nos cuenta cómo veían los vetones a los romanos.

Los vetones eran una tribu hispana (recuerden la palabra carpetovetónico) y según cuenta Estrabón en su famosa Geografía, se sorprendieron cuando entraron en un campamento romano por primera vez y vieron a algunos hombres pasear. Al parecer, los vetones vieron a los oficiales y soldados romanos paseando y charlando por las calles, si se pueden llamar así, del campamento y tomaron a los romanos por locos, diciéndoles que era mejor que se fueran a sus tiendas a descansar.

A ojos de los hispanos un soldado, como eran aquellos romanos, o estaba descansando o estaba combatiendo, y de nada servía perder energía paseando y caminando sin ir a un lugar concreto.

Qué pensarían los romanos de aquel campamento de los consejos de los vetones lo desconocemos, pero el mismo Estrabón y en la misma obra narra cómo los romanos se sorprendieron cuando algunos cántabros, otra tribu hispana, comenzaron a entonar cantos de victoria tras ser hechos prisioneros y clavados en cruces. Tomaron aquel hecho como una muestra clara de la inhumanidad y ferocidad de los cántabros.

Fuente: Gabinete de curiosidades romanas, de J.C. McKeown

martes, 9 de septiembre de 2014

Las pelotas de Narváez

Ramón María Narváez y Campos
(Ramón María Narváez y Campos)
Ramón María Narváez y Campos fue un militar y político español que vino al mundo en el año 1800 y lo dejó sesenta y ocho años después. Conocido como El Espadón de Loja, fue Presidente del Consejo de Ministros de España en siete ocasiones y no le faltaron el temperamento y la mala leche durante sus mandatos. Como vamos a ver, hasta en el lecho de muerte hizo gala de sus atributos masculinos, aunque ya los había puesto encima de la mesa, casi literalmente, mucho antes.

En una reunión que presidía del Consejo de Ministros, en la década de 1840, se estaba tratando el tema de cambiar la constitución, cosa sería como supondrán. Había que formar una comisión para llevar la cuestión adelante y a la hora de seleccionar los miembros de dicha comisión el marqués de Viluma, Manuel de la Pezuela y Cevallos, a la sazón Ministro de Estado, se negó a que algunos nombres formarán parte de ella. El marqués se negaba pomposamente, con aspavientos y frases altisonantes. En un momento dijo:
-Jamás tocaré la pluma para firmar esa designación.
Entonces Narváez explotó de ira, cogió la pluma y se la colocó de malos modos al otro en la mano mientras decía:
-Usted toca la pluma ya con la mano derecha y, con la izquierda, me toca usted, si lo tiene a bien, los cojones.
Lógicamente firmó el marqués.

Y decía antes que esta actitud chulesca de Narváez le acompañó hasta su lecho de muerte. Según parece, cuando estaba ya en sus últimos momentos, el cura que le acompañaba en aquellos momentos le preguntó si perdonaba a sus enemigos, a lo que respondió nuestro protagonista:
-¿Enemigos? Yo no tengo enemigos, los he fusilado a todos.
Fuente: Museo del Ejército, de Juan Antonio Marrero

domingo, 7 de septiembre de 2014

El uso de perros en la Segunda Guerra Mundial

Samoyedo en la nieve
(Samoyedo en la nieve)
Los animales han sido utilizados por el hombre en las guerras desde hace siglos y siglos, y eso no es algo que nos llame la atención. Lo que sí parece más extraño es que en conflictos contemporáneos, donde las armas, la tecnología y el modo de combatir nos lleva a pensar lo contrario, siguen ahí presentes. Y por si esta sorpresa fuera poca, hoy vamos a ver cómo se entraba a los perros en la Segunda Guerra Mundial para que formaran parte del ejército, para que tuvieran su cometido en la batalla.

Durante la Segunda Guerra Mundial fueron varios los países que entrenaron perros para que llevaran a cabo distintos cometidos. Como era de esperar, en algunos casos su destino era terrible. De hecho, rusos y japoneses utilizaron perros del modo más cruel posible. Ataban bombas a los animales y los enviaban a las líneas enemigas, donde acababan volando por los aires.

Se estima que los rusos entrenaron de un modo u otro a unos cincuenta mil perros en aquella época, antes y durante la guerra. Su cometido en ocasiones era descubrir dónde estaba el enemigo e incluso atacarlo. Otros fueron entrenados para rescatar y ayudar a soldados heridos. Los perros se mueven rápido en la nieve y cuando localizaban a un herido debían en primer lugar tenderse a su lado para darle calor y además ayudar a que fuera rescatado, avisando de la presencia del herido con sus ladridos. Hubo un animal que rescató durante sus años de servicio, gracias al calor de su cuerpo, a dieciséis hombres, recibiendo una mención especial por ello.

Había una destino especial para los samoyedos blancos: el rescate en la nieve. Localizaban a un hombre herido en mitad de la nieve, habitualmente también vestido de blanco, y lo arrastraban silenciosa y pacientemente hasta ponerlo a salvo.

Volviendo al caso de los perros-bomba, los rusos solían mantenerlos hambrientos y escondían comida bajo los tanques, de tal forma que al final los animales buscaban su alimento bajo ellos. Así, cuando eran liberados con la bomba adosada a su cuerpo, corrían, hambrientos como estaban, hasta los tanques enemigos y entonces la bomba se accionaba. Aunque este método se mostró muy efectivo, en ocasiones no todo salían bien, ya que los perros volvían sobre sus pasos y acababan en las propias líneas rusas.

Fuente: Military's strangest campaigns and characters, de Tom Quinn

viernes, 5 de septiembre de 2014

4 obras tan cortas que caben todas completas en esta entrada

Samuel Beckett
(Samuel Beckett)
Conocido como Pulgas, el siguiente poema es una oda a la antigüedad de los microbios y es tan corto como ocurrente. Aunque es del siglo XX no está claro quién es su autor y se atribuye a varios y a ninguno. El poema completo es:
Adán los tenía.
Samuel Beckett escribió un brevísima obra de teatro titulada Exahalación. La duración de esta obra es de unos treinta y cinco segundos. Comienza con el llanto de un recién nacido, luego se oye una respiración y finalmente otro grito. En el escenario no hay nadie, sólo basura dispersa. Esto, amigos, es toda la obra.

No hace falta mucha presentación del siguiente relato de Monterroso ya que es un clásico. Bajo el título de El dinosaurio, el relato, publicado en 1959, dice así:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Por último, y aunque técnicamente no es un obra como tal, sí me parece curioso y por lo tanto adecuado añadir a esta lista el versículo más corto de La Biblia, al menos en la mayoría de traducciones. Corresponde al pasaje en que Jesús resucita a Lázaro, en Juan 11:35:
Jesús lloró.
Fuente: Listamanía

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