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La guerra de las dos rosas - Trinidad, de Conn Iggulden

16:00:00
La guerra de las dos rosas - Trinidad, de Conn Iggulden
(La guerra de las dos rosas - Trinidad, de Conn Iggulden)
Desde hace unas semanas está a la venta la segunda parte de la trilogía sobre la Guerra de las Dos Rosas, de la que ya les recomendé el primer volumen: Tormenta. Esta segunda parte tiene por título Trinidad y sigue en su línea. No quisiera repetirme, así que no les diré lo amena que me parece la forma de escribir de Iggulden y tampoco insistiré en lo atractiva que es la parte de la historia de Inglaterra sobre la que se trama el libro.

Las diferentes casas con aspiraciones al trono inglés se cruzan, alían y traicionan mientras que el rey, Enrique VI, hace lo que puede. La Guerra de las Dos Rosas comenzó realmente en 1455 y el libro arranca a mediados del año anterior, por lo que lo que nos vamos a encontrar es la conocida historia del rey Enrique VI y la reina Margarita de Anjou, despreciada por francesa, los Lancaster y los York, todos contra todos y donde los intereses pasan por encima de cualquier barrera. El premio es suculento: el trono.

Y en ese punto histórico Iggulden nos entretiene. Por cierto, como ya ocurría en el primer volumen, cierra este una nota histórica donde el autor nos dice los hechos históricos sobre los que se apoya, cuáles ha modificado un poco para ajustarse a su objetivo como narrador y nos deja muestra clara de cómo conoce y domina el periodo. Justifica y explica algunas de las cosas que cuenta y acaba por completar la ficción. Ese ejercicio, en mi opinión, tiene valor y además pone de manifiesto que el autor no se ha limitado a escribir una novela ambientada en un determinado periodo histórico, sino que se ha propuesta escribir una novela histórica en al que la historia sea un pilar básico.
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La inocente carta que envió Fidel Castro a Roosevelt cuando era niño

21:20:00
Carta de Fidel Castro a Franklin D. Roosevelt
(Carta de Fidel Castro a Franklin D. Roosevelt)
A estas alturas ya todos sabrán que Fidel Castro ha fallecido, tan sólo hace unos días. Tenía 90 años y durante gran parte de su vida política estuvo enfrentado con su vecino del norte, Estados Unidos. Pero no siempre fue así, y en otro tiempo de su vida, hasta llegó a pedir un billete de 10 dólares al presidente de Estados Unidos. Era 1940 y en la Casa Blanca habitaba Franklin D. Roosevelt, y Castro era entonces un chaval, que con buenas intenciones y algo de ingenuidad, escribió al presidente.

Aunque en la carta dice que tenía 12 años, en realidad tenía 14, y usando papel del Colegio Dolores de Santiago de Cuba le hablaba con cierta inocencia a Roosevelt. Castro comienza diciendo que su inglés no es muy bueno, pero sí lo suficientemente bueno como para escribirle. De hecho, la carta contiene varios fallos gramaticales y el propio nombre de Roosevelt está mal escrito.

La respuesta fue una de esas frías y oficiales cartas que no dicen nada en realidad. Por supuesto, Roosevelt no atendió la petición de Castro y no le envió los 10 dólares.

La carta fue descubierta en 1977 en un archivo y su transcripción es la siguiente:
Santiago de Cuba
6 de noviembre de 1940
Sr. Franklin Roosvelt [sic], Presidente de Estados Unidos

Mi buen amigo Roosvelt, no sé mucho inglés, pero sé lo suficiente como para escribirle. Me gusta escuchar la radio, y estoy muy feliz, porque he escuchado en ella que usted será Presidente durante un nuevo periodo [en español en el original la palabra periodo]. Tengo doce años. Soy un niño pero pienso mucho, pero no pienso [sic] que esté escribiendo al Presidente de Estados Unidos.

Si le agrada, deme un billete verde americano de 10 dólares, en la carta, porque nunca he visto un billete verde americano de 10 dólares y me gustaría tener uno.

Mi dirección es: Sr. Fidel Castro
Colegio de Dolores
Santiago de Cuba
Oriente Cuba


No sé mucho inglés pero sé mucho español y supongo que usted no sabe mucho español pero sabe mucho inglés porque usted es americano, pero yo no soy americano.

Muchas gracias.
Adios [Good by]. Su amigo,
Fidel Castro.

Si usted quiere hierro para construir sus barcos le enseñaré las más grandes minas [en español en el original la palabra minas] de hierro de la tierra [land en el original]. Están en Mayari Oriente Cuba.


Fuente: National Archives Catalog
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Leonid Rogozov, el médico que se operó a sí mismo

21:52:00
Leonid Rógozov, durante la operación
(Leonid Rogozov, durante la operación)
Hace unos meses, un británico, harto de sufrir dolores mientras su puesto en la lista de espera de la sanidad nunca llegaba a meterlo en quirófano, se operó a sí mismo. Los dolores, para mayor desesperación suya, se debían a que en una operación anterior los cirujanos se habían dejado un trozo de nylon dentro de su cuerpo. Graham Smith, que así se llama, llevaba 15 años con ese agente extraño en su cuerpo y en su operación tuvo que abrirse, deshacer 12 nudos que tenía el nylon, sacarlo y coserse la herida.

Lógicamente, esa práctica no es nada recomendable. Pero el señor Smith no es el único caso de autocirugía de la historia. Uno de los más conocidos es el del soviético Leonid Rogozov, que a diferencia del inglés no tuvo opción y se tuvo que operar a sí mismo en 1961.

Rogozov, que tenía a su favor que era médico, comenzó a sentirse mal en abril de aquel 1961 y tras unas horas con náuseas y fiebre, apareció un dolor agudo en la parte inferior derecha del abdomen. A pesar de que intentó mejorar su situación, no lo consiguió y esta cada vez fue a peor, haciéndose obvio para él mismo que su apéndice debía extirparse y que de lo contrario la peritonitis podía ser su final. Por otra parte, Rogozov no tenía a quién pedir ayuda, ya que estaba en una estación de investigación en la Antártida, a miles de kilómetros de cualquier otro médico.

No tenía un avión a su alcance que lo pudiera trasladar y además la meteorología estaba en su contra. En esa situación, sólo quedaba un camino: auto operarse para extirpar de su propio cuerpo el apéndice.

Se inyectó anestesia local y con la ayuda de dos compañeros de la estación, un conductor y un meteorólogo, comenzó la operación. Tuvo que parar varias veces para descansar porque no se sentía bien, como es lógico. Como Rogozov dejó escrito:
El sangrado era bastante pesado, pero me tomé mi tiempo... Al abrir el peritoneo, dañé el intestino y tuve que coserlo. Me sentía más y más débil, mi cabeza comenzó a girar. Cada cuatro o cinco minutos descansaba 20 ó 25 segundos.
Sus ayudantes le iban diciendo cómo estaban las cosas dentro del cuerpo, mirando por el agujero de 12 centímetros que Rogozov se había hecho en el vientre y por el que él no podía mirar como quisiera. Pensó en usar un espejo, pero finalmente lo descartó.

Tras dos horas la operación concluyó y en las horas siguientes comenzó la mejoría, desapareciendo finalmente la fiebre y restableciéndose totalmente en un par de semanas.

Desde luego, hay que tener muchas cosas en la cabeza, algunas buenas y otras malas, para realizarse una cirugía a uno mismo. En mi caso, no haría falta anestesia alguna, sólo con pensarlo ya me desmayo.

Fuente: El Mundo, BBC
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El extraño testamento del millonario Wellington R. Burt

23:11:00
Wellington R. Burt,
(Wellington R. Burt)
Imagínense que fallece uno de esos famosos ricachones que lideran la lista de Forbes, Fortune o cualquier otra que enumere los hombres más ricos del mundo. Estoy convencido de que, a pesar de lo triste del hecho, muchos de nosotros pensaríamos al momento en los herederos y en la riada de millones que caerían en sus cuentas bancarias. En marzo de 1919 fallecía uno de esos hombres, uno de los ocho hombres más acaudalados de Estados Unidos, dejando una fortuna de varias decenas de millones de dólares, de 1919, a sus herederos. Eso sí, sus herederos no serían los que esperaban serlo.

Wellington R. Burt, que es el hombre del que hablamos, estableció en su testamento que habrían de pasar 21 años después de que el último de sus hijos y de sus nietos falleciera, antes de que su fortuna fuera entregada a los herederos que correspondiera.

La condición puesta por el Sr. Burt, casi Sr. Burns, comenzó a cumplirse en 1989, cuando el último de sus nietos fue a reunirse con él en el cielo. Era su nieta Marion Lansill. Supongo que esta no le pondría muy buena cara a su abuelo cuando se encontraran allí, en el cielo, por dejarle si herencia, pero lo cierto es que comenzaba entonces la cuenta atrás de 21 años. En 2011, por fin, casi un siglo después de su muerte, doce herederos lejanos, doce bisnietos de Burt, se repartieron unos cien millones de dólares, que no está mal.

En realidad, para los millonarios que hoy están en la lista de Forbes 100 millones de dólares son migajas, pero imagínense que hoy un siglo después de que muriera su bisabuelo les llegara una herencia de unos 10 millones...

Fuente: The Guardian
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Evelyn McHale, el suicidio más hermoso

23:26:00
Evelyn McHale, el suicidio más hermoso
(Evelyn McHale, el suicidio más hermoso)
Recuerdo una vieja historia que contaba Jesús Hermida y que hablaba de un hombre cuyo único objetivo en la vida era salir en los periódicos. Lo intentó de varios modos, sin éxito, y finalmente un día subió a la Torre Eiffel y saltó, como último cartucho para conseguir verse en los diarios. Al día siguiente efectivamente se comentaba el hecho en el periódico, pero para su mala suerte el periodista se equivocó al escribir su nombre.

Justo lo contrario ocurrió con el caso de Evelyn McHale. Nacida en California, trabajaba como contable en Nueva York cuando el 1 de mayo de 1947, con 23 años, fue hasta el Empire State Building, y como otros tantos pagó y subió hasta el observatorio del piso 86º. Desde allí saltó al vacío y se estampó contra el techo de un coche.

Minutos después, el fotógrafo Robert Wiles inmortalizó el cadáver y convirtió a Evelyn McHale en un mito, en el suicido más hermoso de la historia, como popularmente se conoce al hecho. Aunque no había dado ningún indicio que llevara a pensar en su intención de quitarse la vida, Evelyn dejó una nota de suicidio:
No quiero que nadie, dentro o fuera de mi familia, vea algunas partes de mí. ¿Podrían destruir mi cuerpo incinerándolo? Te ruego a ti y a mi familia: no hagan ninguna ceremonia o conmemoración por mí. Mi prometido me preguntó si quería casarme con él en junio. No creo que fuera una buena esposa para nadie. Él estará mucho mejor sin mí. Díganle a mi padre que tengo muchas de las tendencias de mi madre.
Tras la identificación del cuerpo por parte de su hermana, Evelyn McHale fue incinerada sin funeral, ceremonia alguna o tumba, tal y como había pedido en su nota.

Pero a diferencia del protagonista de la historia que contaba Hermida, lo cierto, como decía, es que McHale se hizo muy famosa y hoy, 80 años después, sigue siendo su muerte popular y la fotografía de su cadáver, un clásico.
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El Decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana de Thomas Jefferson

22:42:00
El Decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana de Thomas Jefferson
(El Decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana de Thomas Jefferson)
Me temo que esta curistoria llega un par de días tarde, ya que alguno de los consejos que contiene habrían venido muy bien frente a esas compras compulsivas e irracionales de los últimos días. Ya saben, por esos black friday y cyber monday que hemos importado de Estados Unidos. Y también de allí habrían llegado los consejos, ya que su autor fue Thomas Jefferson.

Nacido en 1743, cuando ya era un hombre anciano, en torno a 1825 y por lo tanto un año antes de morir, escribió un decálogo que, más allá de la broma sobre las compras del primer párrafo, contiene algunas frases cargadas de sentido común. Jefferson había sido presidente de Estados Unidos y es considerado como uno de los fundadores de aquella nación, por lo que no es extraño que un admirador pusiera a su hijo Thomas Jefferson en honor del presidente. Además de esto, el feliz padre, suponemos lo de feliz, le escribió una carta al Jefferson senior, solicitándole algunos consejos para que el niño los tuviera en cuenta en su vida.

El expresidente contestó con otra misiva de vuelta que contenía varios consejos. Ya le decía al niño que él ya estaría muerto para cuando el destinatario real, el propio niño,  pudiera valorar lo que iba a decirle. Le pedía que honrara a sus padres y que amara a sus vecinos como a sí mismo. También debía amar a su país, ser justo y sincero.

Tras algunos consejos religiosos, Jefferson enunció lo que él mismo denominó como el Decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana:
  1. Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
  2. Nunca molestes a alguien con lo que puedas hacer tú mismo.
  3. Nunca gastes tu dinero antes de tenerlo.
  4. Nunca compres algo que no necesites sólo porque es barato; te saldrá muy caro.
  5. El orgullo nos cuesta más que el hambre, la sed y el frío.
  6. Nunca nos arrepentimos de haber comido demasiado poco.
  7. Nada de lo que hacemos de buena gana debe molestarnos.
  8. ¡Cuánto dolor nos han causado los males que nunca han ocurrido!
  9. Toma las cosas siempre por el lado bueno.
  10. Cuando estés enfadado, cuenta hasta diez antes de hablar; si estás muy enfadado, hasta cien.
No sé qué pensarán ustedes, pero yo creo que este decálogo es muy acertado y que al menos cuatro o cincos de las frases son buenos consejos.

Fuente: Listas memorables, de Shaun UserThe  bully pulpit
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Los indios de Norteamérica tenían caballos gracias a los Reyes Católicos

20:09:00
Tres jefes Pies negros a caballo en una pradera
(Tres jefes Pies negros a caballo en una pradera)
Las películas de Hollywood nos han hecho llegar una imagen de los indios norteamericanos en la que los caballos son esenciales. Los pieles rojas, los pies negros y las demás tribus, cuyos nombres también conocemos gracias al cine en la mayoría de los casos, cabalgaban sobre las llanuras a lomos de caballos, defendiendo sus territorios frente a los colonos y viendo al caballo de hierro echar humo y cruzar su mundo a toda velocidad. Pero esos caballos no estaban allí, en América, desde siempre, sino que llegaron en el siglo XVI y XVII gracias a los españoles.

Todo se remonta a un documento firmado por los Reyes Católicos en 1493, autorizando la exportación al Nuevo Mundo de caballos. En Europa el caballo había sido un elemento esencial en la vida y, especialmente, en la guerra. Sin ir más lejos, la Edad Media no se comprende sin la caballería. En América, en cambio, no había caballos entonces y cuando los conquistadores españoles comenzaron su alucinante aventura de descubrimiento y conquista, solicitaron a los reyes españoles que autorizaran el envío de algunos animales.

Los reyes firmaron la cédula que permitía la exportación en ese año, y veinte caballos y cinco yeguas del Reino de Granada cruzaron el Atlántico y llegaron al nuevo continente. La importancia de los caballos para la conquista de América es indudable, pero también se usaron en otras labores y poco a poco fueron ganando terreno, llegando a tener presencia de norte a sur.

Es de suponer que algunos caballos llegaron a escaparse o quedaron libres por algún motivo, y formaron manadas salvajes, que acabaron siendo la fuente de la que los indios tomaban sus monturas. Con el paso del tiempo, los cimarrones y los mustangs se hicieron parte esencial de la vida de los nativos. Así, los caballos de los pieles rojas, los sioux... provenían de los españoles y llegaron allí, a América, gracias a la autorización de los Reyes Católicos a hacerlo.

Hay algunas teorías que aseguran que hubo caballos en América hace unos 15.000 años, pero llegaron a extinguirse y lo que sí es cierto es que volvieron allí, muy cambiados, con los españoles. También los del sur, los que montaron los gauchos, descienden de animales llevados hasta América por los conquistadores.

Dicho todo esto, y volviendo al mundo del cine, no deja de ser curioso que tantas películas del oeste, como se conoce popularmente a los western, fueran rodadas en el sur de España con los indios montando caballos españoles, pero del siglo XX.
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