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martes, 22 de abril de 2014

Algunas perlas y pullas de Oscar Wilde

Página del manuscrito de El retrato de Dorian Gray
(Página del manuscrito de El retrato de Dorian Gray)
Siguiendo con la semana dedicada a libros y escritores, hoy vamos a ver algunas de las frases más ocurrentes e incisivas de Oscar Wilde.

Frank Harris, un editor, autor y periodista irlandés, presumía en cierta ocasión ante Wilde de su reconocimiento popular: ¿Sabes, Oscar? No hay una sola casa de buen tono en Londres donde no haya sido invitado a comer. Wilde no perdió la oportunidad de rematar aquella sentencia: Sí, pero sólo una vez.

En otra ocasión, tras un estreno teatral, criticaba Wilde la obra asegurando que había sido aburrida hasta el extremo. Uno de los que estaba con él y que había visto cerca del escritor la representación le apuntó: Sin embargo, señor Wilde, usted no silbó la obra, como hicimos otros. De nuevo nuestro protagonista no dejó pasar la oportunidad de dejar una perla, y respondió: Cierto, pero tenga en cuenta que es imposible hacerlo mientras se está bostezando.

Y tras estas dos pullitas, leamos algunas frases maravillosas sacadas de su genial El retrato de Dorian Gray, obra de 1890 que les recomiendo vehementemente. La mayoría de ellas están puestas en boca de lord Henry, uno de esos personajes que hacen que merezca la pena leer.
Como todas las personas que tratan de agotar un tema, logró agotar a sus oyentes.
La puntualidad es el ladrón del tiempo.
Hay muchas cosas de las que nos desprenderíamos si no tuviéramos miedo de que otros las recogieran.
Las personas sin egoísmo son incoloras. Carecen de individualidad.
Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no siempre somos felices.
Se levantan pronto porque tienen mucho que hacer, y también se acuestan pronto porque apenas tienen nada en qué pensar.
Me gustan los hombres con futuro y las mujeres con pasado.
Todo delito es vulgar, de la misma manera que todo lo vulgar es delito.
Haría cualquier cosa para recuperar la juventud, excepto ejercicio, levantarme pronto o ser respetable.

Cabanellas sobre Franco y España, premonitorio

Ustedes no saben lo que han hecho porque no le conocen como yo, que lo tuve a mi órdenes en el ejército de África[...] Si, como quieren va a dársele en estos momentos España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie le sustituya en la guerra, ni después de ella, hasta la muerte.

Miguel Cabanellas
Tras la elección de Franco como jefe de los sublevados (1936)

lunes, 21 de abril de 2014

La primera historia de terror de la historia de la literatura

Horace Walpone
(Horace Walpone)
A pesar del título de la entrada, conviene aclarar que este tipo de afirmaciones siempre son arriesgadas, y más si tenemos en cuenta que no es tan sencillo en algunos casos determinar qué es una obra de terror y qué no lo es. En cualquier caso, ese genero literario está enlazado, en su versión más clásica, con la novela gótica, y de eso hablamos. Y aunque parezca que es un género menor, en ocasiones no hay nada mejor que una buena novela o un buen relato de terror. En algún momento de mi juventud yo dediqué un buen número de horas a leer historias de terror y recuerdo, por ejemplo, cómo un día de instituto se me hizo especialmente largo porque la novela Fantasmas, de Dean R. Koontz, me había dejado enganchado y no quería otra cosa que volver a casa y acabarla. Stephen King también me entretuvo muchas veces. Pero vayamos para atrás en el tiempo, hasta 1764.

El género gótico se inauguró con una obra de Horace Walpole. Nacido en 1717, este inglés y conde, fue político además de escritor y arquitecto y su padre era nada más y nada menos que el Primer Ministro. En 1764 publicó la obra El castillo de Otranto, cuyo subtítulo era: una historia traducida del original italiano de Onuphrio Muralto, clérigo de la Iglesia de San Nicolas de Otranto. Todo era inventado y la historia había salido sencillamente de su cabeza.

La novela comienza contando cómo Conrand, hijo único del gobernante de Otranto, es golpeado por un yelmo que sale despedido de una estatua y fallece, durante su propia boda. El padre de Conrand se separa entonces de su esposa para casarse con la prometida de su hijo, aquella que quedó casi viuda, por no haberse casado aún, el mismo día que se disponía a hacerlo. Y, lógicamente, si quieren conocer el resto de la historia, deberán ir al texto original.

Y si les gusta este tipo de literatura, quizás quieran echarle un vistazo a estas recopilaciones antológicas de la editorial Valdemar: Felices pesadillas y Miedo en el cuerpo.

Fuente: 50 cosas que hay que saber sobre literatura, de John Sutherland

domingo, 20 de abril de 2014

Los escritores y sus mascotas

Mark Twain con uno de sus gatos
(Mark Twain con uno de sus gatos)
Dentro de unos días se celebra el día del libro, el 23 de abril, y sirva eso de excusa para rendir homenaje una vez más a los escritores, en esta ocasión hablando de algunas de las mascotas que tuvieron algunos de ellos. Comencemos por una obra maestra: la mosca de Virgilio. Hace algo más de un año ya les conté que el autor de La Eneida tuvo una mosca como mascota, que enterró en sus tierras tras un suntuoso funeral y que además le sirvió para evitar la voracidad infinita del fisco.

Gerárd de Nerval, poeta francés del siglo XIX, no queda muy lejos de Virgilio en lo que a mascotas raras se refiere. Tenía una langosta por compañera y no se conformaba con llamarla Tenacitas, como hizo Homer Simpson, y quererla, sino que la sacaba de paseo por las calles de París. Según él, eran criaturas pacíficas y serias, que conocen los secretos del mar y además no ladran. Dicho todo esto, hay que ser fieles a la verdad y contar también que Nerval pasó largas temporadas en hospitales psiquiátricos porque parecía algo loco.

Tras estos ejemplos excéntricos, vamos con algo más popular y habitual: los perros. Elisabeth Barret Browning tuvo un cocker spaniel llamado Flush que llegó a inspirar poemas a su dueña. Este perro protagonizó su propia biografía, escrita por Virginia Woolf en 1933. Pocos animales pueden contar con semejante curriculum literario. También merece una mención el amor de Lord Byron por los perros.

Ernest Hemingway era más amigo de los gatos que de los perros. Se dice que en algún momento estuvo rodeado de más de treinta gatos a los que puso nombre peculiares. Mark Twain también fue amigo de los mininos y tuvo varios con nombres tan impactantes como Belcebú, Pecado, Satanás o Zoroastro. Supongo que estaba clara para él la conexión entre los gatos y el diablo.

Pero T.S. Elliot gana a estos últimos en su mundo gatuno. Escribió un libro entero lleno de poemas en torno a los felinos, que acabó inspirando el famoso musical Cats.

Por último les dejo un enlace a un tablón de pinterest donde aparecen un buen número de escritores con sus mascotas, de donde por cierto, he tomado la imagen que acompaña la entrada.

Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg

martes, 15 de abril de 2014

Las caricaturas de Leonardo Da Vinci

Hoy, 15 de abril, se celebra el Día Mundial del Arte. Y se hace en tal fecha porque el 15 de abril de 1452 nació Leonardo Da Vinci. Aunque personalmente tengo debilidad por Miguel Ángel Buonarroti, Da Vinci también ha protagonizado algunas curistorias, y estoy seguro que volverá a aparecer. Para celebrar este día, además de recordar esas curistorias sobre Da Vinci, les dejo también algunos dibujos de Leonardo Da Vinci que parecen sacados de comics actuales.

La última cena de Da Vinci, destruida para cenar caliente
Los inventos de Leonardo Da Vinci
Verrocchio y Leonardo Da Vinci
El retrete y Leonardo Da Vinci
Ataques sufridos por la Mona Lisa

Las siguientes imágenes son caricaturas y dibujos grotescos del gran artista renacentista.


Cinco cabezas de caricaturas


Cabeza grotesca


Caricatura de un hombre de pelo frondoso


Ancianos


Caricatura


Caricatura


Caricaturas


Caricatura


Fuente: Leonardo Da Vinci, the complete works


lunes, 14 de abril de 2014

La España de los años 50 en la revista LIFE

En abril de 1951 la revista LIFE publicaba un artículo sobre un pueblo de Extremadura llamado Deleitosa. Este pueblo, en la provincia de Cáceres, tiene hoy menos de mil habitantes pero entonces había unos 2.300. Era la España de la posguerra, de Franco. El reportaje, hecho por W. Eugene Smith, decía que algunos de aquellas personas nunca habían visto la vía del tren, que estaba a cuarenta kilómetros. El teléfono más cercano estaba a veinte kilómetros y que las calles apestaban por causa de los burros y los cerdos.

El reportaje de fotos es muy interesante, y aquí les dejo una pequeña selección:


Guardia Civil En el artículo la denominan la guardia rural de Franco


Camino de misa Lorenza Curiel, de 7 años, espera que su madre cierre la puerta para ir a misa


Panorámica de Delitosa


La visita del médico El médico, Dr. José Martín, lleva un farol para iluminar el interior de las casas que visita


Trabajo en el campo La mujer tira de dos burros, uno de ellos prestado. El hombre presiona con su propio cuerpo contra el suelo para arar


Hora de la comida La familia Curiel come un guiso de patata y judías en el suelo de la casa. Todos comparten cazuela y también dormitorio


Velatorio Las mujeres de la familia velan a un fallecido



Fuente: Life.Time.com

domingo, 13 de abril de 2014

Carga y regalía de aposento

Construcciones contra la regalía de aposento
(Construcciones contra la regalía de aposento)
Aunque la tradición de la que voy a hablarles hoy es de origen medieval, duró siglos. En la Edad Media la regalía de aposento no era otra cosa que la obligación de ceder la mitad la casa de uno para que se alojaran allí los hombres que acompañaban a la Corte cuando esta se desplazaba de un sitio a otro.

En la época de Felipe II esta tradición continuaba vigente, aunque cambió el nombre de regalía a carga. En esta época había que sumar a los nobles los altos funcionarios que servían al rey. En 1561 Madrid fue designada capital y por lo tanto la Corte se acomodó en sus calles. Al parecer parte de los madrileños habían puesto de manifiesto su disposición a hacer sacrificios como contrapartida de los beneficios que les reportaría ser la sede de la Corte. Entre esos sacrificios se contaba la carga de aposento. Pero ya saben ustedes que las cosas se dicen mejor que se hacen, habitualmente.

Las casas que fueran divisibles debían ceder parte de su espacio, hasta la mitad si era posible, para alojar a algunos nobles y a los muchos funcionarios asociados con la Corte. Con el paso del tiempo los madrileños fueron perdiéndole el gusto a meter a extraños en su casa y acabaron por darle sentido a aquello de hecha la ley, hecha la trampa.

Las normas de la carga de aposento determinaban que si la vivienda no se podía dividir, no era válida para la carga. Aún quedaba un mínimo de intimidad a proteger. Esta regla se convirtió en la base para escapar de la ley y así comenzaron a construirse las casas de manera que no fueran divisibles. Es decir, se construían y diseñaban las casas pensando en la regalía de aposentos, en cómo evitarla. Estas casas se denominaban casas a la malicia, por lo oscuro de sus intenciones. Esto causó, por ejemplo, que durante aquel tiempo se construyeran pocas casas en Madrid de dos pisos, porque lógicamente dos pisos convertían una vivienda en claramente divisible.

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