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jueves, 24 de julio de 2014

Archie Fire Lame Deer, el indio bromista de Hollywood

Archie Fire Lame Deer
(Archie Fire Lame Deer)
No mucha gente puede decir que se ha interpretado a sí mismo, o casi, en películas de Hollywood. Y que además se haya reído de todos, aún menos. Ese es el caso de Archie Fire Lame Deer, un indio lakota nacido en 1935 y fallecido en el año 2001. Además de hombre medicina, aspecto de su vida que no nos interesa hoy, creció en una reserva y acabando trabajando en el mundo del cine como extra y asesor.

Autor de su biografía, algunos de sus antepasados combatieron en la mítica batalla de Little Bighorn. Su vida pasó por los problemas con el alcohol y las peleas con sus semejantes antes de acabar dando un vuelco y volverse un hombre espiritual. Combatió en Corea como paracaidista en una unidad aerotransportada y trabajó como cazador de serpientes de cascabel. En definitiva, una vida sorprendente y llena de idas y venidas.

En Hollywood participó como extra en clásicos del western como La diligencia o Flecha rota, y fue asesor de El regreso de un hombre llamado caballo. A pesar de estas participaciones, nuestro protagonista no estaba muy conforme con la manera en la que los suyos eran representados en las producciones de cine y quizás eso le llevaba a no tomarse muy en serio su las propias películas.

En más de una ocasión, cuando estaba trabajando como asesor en temas de indios para las productoras, utilizó canciones infantiles lakota en las escenas de danzas y ceremonias fúnebres, lo que le parecía divertido. Por supuesto, cuando tenía que hablar o escribir diálogos, lo hacía para que fueran y sonaran indios, que así se ganaba el sueldo de asesor, pero lo que decían en realidad no tenía nada que ver con la escena. Es decir, donde los subtítulos ponían algo como gran jefe pensar que caballo de hierro ser demonio, en realidad el indio estaba diciendo algo como a ese blanco del sombrero no se le levanta.

Personalmente me habría gustado ver alguna de estas películas con un indio lakota al lado y contemplar cómo se tronchaba de la risa en pleno funeral de la tribu cuando entendiera lo que se decía en realidad.

Por cierto, no sé por qué pero este doble lenguaje que sólo entendían los indios y todos los demás tomábamos por serio me recuerda a esos tatuajes habituales con caracteres orientales. Cuántos habrá por ahí pensando que llevan escrito en el brazo cómo suena una palmada ejecutada con una sola mano; y en realidad llevan escrito pato laqueado con soja.

Fuente: Héroes, aventureros y cobardes, de Jacinto Antón
Imagen: Lamedeer.org

martes, 22 de julio de 2014

La emotiva carta en la que Hemingway narra cómo mato al gato

Hemingway y sus hijos con tres gatos, en 1942
(Hemingway y sus hijos con tres gatos, en 1942)
El conocido escritor Ernest Hemingway fue un gran amante de los gatos. Su primer compañero felino se llamó Snowball, como el gato de los Simpsons, y a partir de ahí la familia fue creciendo y creciendo hasta llegar a mantener decenas de gatos en su finca de Cuba.

En febrero de 1953 uno de ellos, Tío Willie, fue atropellado por un coche. Tras este accidente Hemingway escribió la siguiente carta a un amigo.
Querido Gianfranco:
Justo después de escribirte y mientras ponía la carta en el sobre Mary bajó de la Torre y dijo: algo terrible le ha pasado a Willie. Salí y encontré a Willie con sus dos patas derechas rotas: una por la cadera y la otra por debajo de la rodilla. Un coche debía haberle pasado por encima o alguien lo había golpeado con un palo. Había vuelto a casa sobre las patas de un solo lado. Era una fractura multiple con mucha suciedad en la herida y fragmentos sobresaliendo. Pero él ronroneaba y parecía seguro de que yo podría solucionarlo.
Hice que René trajera un bol de leche para él y René lo sostuvo y cuidó para que Willie estuviera bebiendo leche mientras yo le disparaba en la cabeza. No creo que sufriera y los nervios habían sido machacados así que las piernas no habían empezado a dolerle realmente. Monstruo quiso dispararle por mi, pero no podía delegar la responsabilidad o dejar una posibilidad de que Will supiera que alguien iba a matarlo.
He tenido que disparar a gente, pero nunca a nadie que hubiera conocido y amado durante once años. Ni tampoco a nadie que ronroneara con dos piernas rotas.
Fuente: brain pickings

lunes, 21 de julio de 2014

El día que los galos arrasaron a los romanos

Galos en combate
(Galos en combate)
De sobra todos conocemos las grandes victorias romanas sobre los galos y cómo fueron estos conquistados y sometidos, salvo una pequeña aldea que resistió ayudada por una pócima, si me permiten la broma. Pero mucho menos se ha escrito y hablado del desastre de las tropas de Lucio Postumio Albino contra los galos en el año 216 a.C., quizás porque ese mismo año la batalla de Cannas fue una catástrofe que eclipsó todo lo demás. Aquel 216 a.C. sí que fue un annus horribilis para los romanos.

Lucio Postumio Albino fue un político y militar romano, que como cónsul comandó un ejército de veinticinco mil hombres destinado a luchar contra los galos. Cuenta Tito Livio en su Historia de Roma desde su fundación cómo los romanos fueron atacados en la Selva Litana, en el norte de Italia. El ejército había de pasar por un camino a cuyos lados había enormes árboles, como era habitual en muchos tramos. Los galos, conociendo su ruta, cortaron aquellos árboles lo suficiente como para que cayeran con un tirón pero que hasta dicho tirón se mantuvieran en pie. Cuando los romanos estaban en el camino, entre los árboles, estos se vinieron abajo empujados por los guerreros galos.

Los romanos habían caído de pleno en la emboscada y entre los muertos por los árboles y el desconcierto del ataque, acabaron por ser masacrados. Algunos consiguieron escapar de la trampa, pero sólo momentáneamente para ser aniquilados mientras huían. Pocos se salvaron al final de la batalla.

El propio Postumio falleció en aquella batalla y su cráneo fue vaciado por parte de los guerreros galos para ser usado como vaso sagrado. Aquel desastre romano fue mayor que cuando las legiones de Varo fueron aniquiladas en el bosque de Teutoburgo por los germanos. Pero ya saben, unos cardan la lana y otros crían la fama.

Fuente: Gabinete de curiosidades romanas, de J.C. McKeown

domingo, 20 de julio de 2014

William Coltman, un camillero muy condecorado

William Coltman
(William Coltman)
En las guerras, como en cualquier otra situación extrema, aparecen hombres capaces de lo mejor y de lo peor. El cabo William Harold Coltman, británico nacido en 1891, es un ejemplo de ello, en su caso, de lo mejor.

Sirvió en el regimiento North Staffordshire en la Primera Guerra Mundial y su trabajo era camillero en las trincheras, cuya esperanza de supervivencia en el frente era aún menor que la del resto de soldados. Su labor era salir de la protección que brindaban las trincheras y salir a la tierra de nadie a recoger a los heridos. Coltman hizo esto muchas veces, poniendo en riesgo su vida bajo el fuego enemigo para recoger a sus compañeros heridos.

Camillero, a priori, no parece la posición más apropiada para ganar medallas y acciones heroicas, pero la historia de Coltman echa por tierra esta idea. Es más, nuestro protagonista es el británico más condecorado de su rango en toda la Primera Guerra Mundial. Recibió la Cruz Victoria, el mayor honor militar al valor que otorga el ejército británico. La ganó el 3 de octubre de 1918 cuando se presentó voluntario para ayudar a los heridos en la tierra nadie y arrastrar, casi literalmente, a los heridos de vuelta hasta la posición británica. Estuvo varias horas haciendo este trabajo, saliendo y volviendo una y otra vez. Arriesgando su vida para salvar otras.

No sólo la Cruz Victoria fue otorgada a Coltman, se hizo valedor de otras condecoraciones en aquella Primera Guerra Mundial y también el resto de su carrera. No es mal balance para un camillero.

Fuente: Military's strangest campaigns and characters, de Tom Quinn

viernes, 18 de julio de 2014

20 recomendaciones de libros para este verano

Se acerca el verano y es tiempo de viajes y lecturas, así que aquí les dejó una pequeña lista de libros que creo que bien merecen una lectura.
Por cierto, les invito a hacer sus propias recomendaciones, y se lo agradeceré, en los comentarios.

La Primera Guerra Mundial La Primera Guerra Mundial
Autor: H.P. Willmott
Editorial: Inédita (Ilustrado)
Páginas: 322


El nombre de los nuestros El nombre de los nuestros
Autor: Lorenzo Silva
Editorial: Ediciones Destino
Páginas: 288


Héroes, aventureros y cobardes Héroes, aventureros y cobardes
Autor: Jacinto Antón
Editorial: RBA Libros
Páginas: 400


El asedio El asedio
Autor: Arturo Pérez Reverte
Editorial: Alfaguara
Páginas: 736


La muerte de Amalia Sacerdote La muerte de Amalia Sacerdote
Autor: Andrea Camilleri
Editorial: RBA
Páginas: 208


Violetas de marzo Violetas de marzo
Autor: Philip B. Kerr
Editorial: RBA
Páginas: 320


Las tres bodas de Manolita Las tres bodas de Manolita
Autor: Almudena Grandes
Editorial: Tusquets Editores
Páginas: 768


Catedral Catedral
Autor: Raymond Carver
Editorial: Anagrama
Páginas: 240


La juguetería errante: Un misterio para Gervase Fen La juguetería errante: Un misterio para Gervase Fen
Autor: Edmund Crispin
Editorial: Impedimenta
Páginas: 320


El don El don
Autor: Mai Jia
Editorial: Destino
Páginas: 480


La puerta de la luna La puerta de la luna
Autor: Ana María Matute
Editorial: Austral
Páginas: 848


Cuentos del renacimiento italiano Cuentos del renacimiento italiano
Autor: Boccaccio, Leon Battista Alberti, da Vinci, Savonarola...
Editorial: Gadir Editorial
Páginas: 232


Mañana todavía Mañana todavía
Autor: J.M. Aguilera, Muñoz Rengel, Javier Negrete...
Editorial: FANTASCY
Páginas: 496


Charlas de nunca Charlas de nunca
Autor: José Luis Alvite
Editorial: Ézaro
Páginas: 224


Rituales cotidianos (cómo trabajan los artistas) Rituales cotidianos (cómo trabajan los artistas)
Autor: Mason Currey
Editorial: Turner
Páginas: 264


Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas
Autor: Leontxo García
Editorial: Crítica
Páginas: 268


Para leer al anochecer Para leer al anochecer
Autor: Charles Dickens
Editorial: Impedimenta
Páginas: 236


El retrato de Dorian Gray El retrato de Dorian Gray
Autor: Oscar Wilde
Editorial: Austral
Páginas: 288


Memorias Memorias
Autor: Albert Speer
Editorial: Acantilado
Páginas: 936


Momentos estelares de la humanidad: catorce miniaturas históricas Momentos estelares de la humanidad: catorce miniaturas históricas
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
Páginas: 312

martes, 15 de julio de 2014

Gúgol, el número creado por un niño que todos pronunciamos

Edward Kasner
(Edward Kasner)
Google, la compañía del buscador y uno de los monstruos de Internet en la actualidad, tomó su nombre de un número matemático: el gúgol. A diferencia de Pi, el número e, o Fi, el gúgol no tiene relevancia matemática alguna. Es más, es un juego de niños.

La palabra gúgol (quizás pronunciada de otro modo, más bien como gúguel) está hoy presente en nuestro lenguaje y sale de nuestras bocas constantemente. Por el buscador, lógicamente, pero en cualquier caso, su origen está en 1938 y en el mundo de las matemáticas. Entonces, un niño llamado Milton Sirotta y de tan sólo nueve años acuñó el término para denominar al número que tiene un uno y cien ceros detrás. Este niño era sobrino del matemático estadounidense Edward Kasner. Este creó el número para ilustrar la diferencia entre un número muy grande e infinito. Su sobrino le puso nombre.

Más de setenta años después todos usamos una palabra, que ha derivado de facto ya hasta en verbo, que inventó un niño de nueve años para denominar un número muy grande, a petición de su tío. Por cierto, también inventó este jovencito el gugolplex, que es el nombre del número que tiene un uno seguido de un gúgol de ceros.

Por qué callan los políticos

Kruschev
(Kruschev)
Tocan cambios en algunos partidos políticos en España en estos días y siempre que esto ocurre, y en realidad en cualquier ámbito, uno tiene que ponerse frente a sus actitudes y hechos en el pasado. El poder del partido político sobre sus integrantes es enorme, y ya conocen aquella famosa frase de el que se mueva no sale en la foto. La siguiente curistoria es un buen ejemplo, aunque al tratarse de la Rusia de Stalin, no salir en la foto debería traducirse por algo mucho más serio.

Dicen que Kruschev estaba en una ocasión criticando duramente a Stalin en un discurso, atacándolo y llamándolo asesino sin reparos, cuando entre el público alguien le gritó, amparado por el anonimato que daba la multitud:
Si era así, ¿por qué os callabais todos?
Kruschev detuvo el discurso y le pidió que se hiciera visible aquel que le había preguntado, y al ver que aquel prefería seguir en el anonimato a pesar de todo, concluyó:
Ya veo, quien ha dicho que por qué nos callábamos todos tiene miedo, es natural. Sin embargo, en su silencio ahora está la respuesta a lo nuestro de antes: nosotros callábamos porque teníamos miedo.
No sé qué pensarán ustedes, pero conociendo la época y el lugar, yo me malicio que el anónimo que entre el público se dirigió a Kruschev era un amigo de este, conchabado con él para limpiar su pasado, para poner la respuesta antes que alguien hiciera la pregunta de verdad.

Fuente: Anécdotas de la historia, de Pancracio Celdrán

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