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Los mensajes ocultos de la heráldica

23:18:00
Escudo de armas de una rama de los Affenstein
(Escudo de armas de una rama de los Affenstein)
Como les comentaba hace unos días, acaba de ponerse a la venta mi último libro, Breve historia de la caballería medieval. En él se tratan muchos temas (armas, tácticas de combate, batallas, las cruzadas, el Temple, mitos caballerescos...) y entre todos ellos, como es lógico, también se habla de heráldica. Tras explicar su origen y por qué y los elementos esenciales, tenemos en el libro algún dato curioso en el que la heráldica proporciona mucha más información de la que parece.

En algunos casos, y a medida que la cuestión se fue haciendo más compleja y madura, los animales representados en los escudos tenían que ver con el apellido de la casa de dicho escudo. Por ejemplo, la casa germana Affenstein muestra en su escudo un mono con una piedra. Affe en alemán significa mono y stein piedra, por lo que el apellido Affenstein vendría a ser efectivamente un mono con una piedra. De modo similar, los Ot den Rand tenían un nabo en su escudo de armas, por similitud en la pronunciación de la palabra en alemán y ese Rand.

No siempre son tan inocentes las intenciones. Según dejó escrito Nicholas Upton, un escritor inglés y experto en heráldica que vivió en la primera mitad del siglo xv, el conde de Salisbury otorgó tres perdices para sus armas a uno de sus súbditos, un caballero que se ganó el derecho a una posición de respeto por su contribución y valor en batalla. Seleccionó el duque las perdices porque estos animales eran tenidos entonces como seres sexualmente aberrantes y contrarios a la naturaleza, ya que el macho montaba al macho si se daba la ocasión. Así, cuando un escudo de armas mostraba una perdiz, el mensaje que se enviaba era que el primero que lo había llevado tenía fama de sodomita o, cuando menos, de ser un hombre de costumbres extrañas o poco de fiar.

Esto no es sólo cuestión de caballería medieval, recuerden que hace poco hablábamos del escudo de Elcano, que muestra la esencia y motivo de su vuelta al mundo.
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El día que Kafka fue a nadar

23:55:00
Franz Kafka
(Franz Kafka)
Hace unos días me compré los dos primeros volúmenes de los diarios de Iñaki Uriarte. Desde hace muchos meses, y no recuerdo muy bien por qué, lo tenía pendiente. Mientras les echaban un vistazo, me vino a la cabeza la famosísima anotación de Kafka en su diario, en agosto de 1914.

Franz Kafka, el hombre que metió a Gregorio Samsa en un cuerpo de insecto, creando una extraña narración, La metamorfosis, fue un escritor que murió joven. Nacido en 1883, en sus 41 años de vida fue capaz de hacerse un lugar en la historia de la literatura. Y entre las cosas que escribió, dejó rastro en sus diarios.

En ellos, el 2 de agosto de 1914 escribió lo siguiente:
Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, he ido a nadar.
Si tuviéramos que escoger unas pocas fechas en las que ha cambiado la historia, esos momentos estelares de los que hablaba Zweig, aunque en este caso no fuera demasiado estelar sino más bien crepuscular el momento, es probable que el día 1 de agosto del 14 tuviera que estar en la lista. Comenzaba la Primera Guerra Mundial. En cambio, sorprende la normalidad, o quién sabe con certeza qué, con la que Kafka se tomó aquello, poniendo al mismo nivel el estallido de una guerra y su rato de natación.

Quizás sirva esto también para reflexionar sobre lo que nos es cercano o lejano. En un diario personal, es posible que sí tengan la misma relevancia un atentado en el otro extremo del mundo y la sonrisa de un amigo.

Por cierto, antes de morir, Kafka pidió que todos sus escritos fueran destruidos. No sólo no se le hizo caso, sino que se publicaron muchos de sus trabajos, aún incompletos, tras su muerte. Ahí tenemos otra reflexión interesante: ¿hizo bien Max Brod, el editor, es desobedecer a Kafka o tenía total legitimidad el escritor para decidir lo que quisiera sobre su trabajo?

Imagen: Libertad Digital
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Breve historia de la caballería medieval

22:39:00
Breve historia de la caballería medieval, de Manuel J. Prieto
(Breve historia de la caballería medieval)
Les presento hoy el último libro que he escrito, el séptimo, y que acaba de salir al mercado: Breve Historia de la Caballería Medieval. Pertenece a la famosa y exitosa colección Breve Historia, de la editorial Nowtilus, y el tema es obvio. En sus algo más de 300 páginas se hace un repaso a la caballería medieval, desde su nacimiento (si bien es complicado fijar este en un determinado momento) hasta su decadencia y disolución en otras estructuras. Y en esos más de cinco siglos de historia, se tratan las armas de los caballeros, cómo combatían, su papel en la sociedad, se repasan algunas de las batallas más importantes, se tratan las órdenes religiosas y militares, como los templarios, los torneos, algunos mitos literarios... en resumen, una visión global y divulgativa del tema.

Tratando de acercar la historia y la Edad Media a cualquiera, he procurado que el texto sea ilustrativo y entretenido, mezclando anécdotas, historias personales y hechos clave, con el devenir de cada uno de los aspectos. Les daré más detalles y contaré alguna cosas más en futuras entradas, pero para que se hagan una mejor idea les dejo unas preguntas que se recogen en la solapa del libro, a las que el libro responde, como es lógico:
  • ¿Sabías que no llevar bien visible el escudo podría costarle la vida a un caballero al no verse que era noble y que por lo tanto valía un rescate?
  • ¿Sabías que en ocasiones los caballeros se armaban sin mucho ritual, justo antes de una batalla, y que en 1382 fueron armados casi quinientos caballeros a la vez ante un inminente combate?
  • ¿Sabías que un caballero podía tener hasta cinco tipos de caballos?
  • ¿Sabías que una armadura solía pesar más de 25 kilogramos?
  • ¿Sabías que los templarios no podían abandonar el campo de batalla mientras hubiera un estandarte cristiano en pie, fuera templario o no, y que estaba prohibido que bajaran lo suyos o los usaran como lanza?
  • ¿Sabías que las capas que vestían los caballeros, además de lucir sus colores, se usaban para impedir que el sol calentara la armadura?

Espero que aquellos de ustedes que se animen a leerlo lo disfruten.
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10 fotos de artilugios e inventos para proteger a los cadáveres

23:16:00
Resurreccionistas, obra de Hablot Knight Browne, en 1847
(Resurreccionistas, obra de Hablot Knight Browne, en 1847)
Quizás, pienso ahora que lo leo, el título de esta entrada haya quedado un poco extraño e incite a pensar en que hemos caído en las temáticas esotéricas y extrañas, pero no. Seguimos en la historia. Y seguimos con el tema del que de hablábamos el sábado pasado: los resurreccionistas. Les recomendaba ese día el libro Diario de un resurreccionista, y además les decía que era un libro ilustrado. Algunas de las imágenes que veremos a continuación están en el libro, otras no.

En los tiempos de los resurreccionistas el peligro de que el cadáver de uno fuera robado y puesto en la mesa de disección de una escuela de anatomía era una certeza. Y, por diferentes causas, las personas no solían estar predispuestas a ello. Así, se idearon, diseñaron y construyeron todo tipo de métodos de protección de los cadáveres. Haciendo el viaje de dentro a fuera, es decir, desde el cadáver enterrado hacia la superficie, los inventos iban desde las pistolas que se disparaban solas al abrir el ataúd, a los ataúdes de metal, a las jaulas que guardaban la tumba y hasta auténticas torres de vigilancia desde las que los guardas del cementerio vigilaban que no se les colaran ladrones de cuerpos.

Nada mejor, para comprender todo ello, que hacer el repaso con esta serie de fotos.
Ataúd metálico para evitar que el cadáver fuera extraído
(Ataúd metálico para evitar que el cadáver fuera extraído)

Pistola diseñada para que se dispara automáticamente. Se colocaba en el ataúd y apuntaba hacia el potencial ladrón de cuerpos
(Pistola diseñada para que se dispara automáticamente. Se colocaba dentro del ataúd y apuntaba hacia el potencial ladrón de cuerpos. Se disparaba al abrir la tapa)

Otro ataúd metálico, expuesto en un cementerio cerca de Edimburgo
(Otro ataúd metálico, expuesto en un cementerio cerca de Edimburgo)

Torre de vigilancia en un cementerio de Edimburgo
(Torre de vigilancia en un cementerio de Edimburgo)

Jaulas que cubrían las tumbas para evitar que fueran escarbadas
(Jaulas que cubrían las tumbas para evitar que fueran escarbadas)

Más jaulas de protección para tumbas
(Más jaulas de protección para tumbas)

Ganchos que usaban los resurreccionistas para extraer los cuerpos
(Ganchos que usaban los resurreccionistas para extraer los cuerpos)

Colección de protecciones para una familia, incluida una para un ataúd pequeño
(Colección de protecciones para una familia, incluida una para un ataúd pequeño. A los anatomistas también le interesaban los cuerpos de los niños, lógicamente)

Otro modelo de protección mediante jaulas
(Otro modelo de protección mediante jaulas)

Torre de vigilancia en un cementerio, de nuevo Edimburgo
(Torre de vigilancia en un cementerio, de nuevo en Edimburgo)
Fuentes: Wikipedia (1, 2, 3), Atlas Obscura, The Chirurgeon's Apprentice, Daily Mail
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Lozen, la gran guerrera apache

20:19:00
Jerónimo y sus guerreros en Sierra Madre, poco antes de rendirse
(Jerónimo y sus guerreros en Sierra Madre, poco antes de rendirse)
Cuando pensamos en las tribus de indios nativos de Norteamérica, no es raro que nos vengan a la cabeza hombres con el pelo largo, montados a caballos, guerreando o cazando. En cambio, al imaginar a sus mujeres, no las vemos a caballo y peleando, disparando flechas o blandiendo una lanza. Pero al menos una mujer, Lozen, destroza este mito.

Nacida en torno a 1840, Lozen era una apache, concretamente de los Chiricahua. Su hermano, Victorio, era un importante jefe y ambos unieron sus fuerzas para defender a su pueblo y su libertad, considerando inadmisibles las condiciones de vida a las se veían obligados.

Lozen, para sus compañeros, tenía poderes, tanto para hablar con los espíritus como para sacar ventaja en el campo de batalla. Gracias a ello, y probablemente también a su carácter, era aceptada en los consejos de guerra y, vestida como un guerrero, tomó parte en un buen número de combates. De ella hay historias sobre cómo cabalgaba en la lucha y cómo ayudó a mujeres y niños en peligro, siendo una inspiración para todos.

Cuando su grupo de apaches se cansó de las condiciones en las que vivían en la reserva a la que habían sido enviados, la abandonaron y comenzaron, en torno a 1877, una pequeña rebelión. Ella y su hermano resistieron y guerrearon durante un tiempo, aunque finalmente acabaron vencidos. Lozen volvió a luchar por su libertad, esta vez junto al mítico Jerónimo, aunque con el mismo triste resultado para su bando.

En 1889 falleció de tuberculosis, de nuevo recluida. De Lozen dijo su hermano que era su mano derecha, que era fuerte como un hombre y más valiente y astuta que la mayoría de ellos. Lo demostró en sus acciones, combatiendo y escapando por territorio enemigo, planeando los combates y liderando a sus compañeros de rebelión.
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Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey

10:48:00
Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey
(Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey)
Quizás a algunos de ustedes la palabra resurreccionista, o resucitadores, no les diga nada, pero si leemos el subtítulo del libro del que les estoy hablando, porque les estoy hablando de un libro, quedará todo claro: Una historia secreta e ilustrada de los ladrones de cuerpos y los anatomistas. Ahora ya saben el tema sobre el que trata el libro, sin dudas. Una auténtica maravilla de libro, ya les adelanto. Original tema y original volumen, algo que ya de por sí merece un reconocimiento.

Durante un buen número de décadas, entre el siglo XVIII y la primera parte del XIX, las escuelas de anatomía inglesas y escocesas, especialmente, necesitaban un flujo de cadáveres frescos que los alumnos pudieran diseccionar y aprender así cómo es nuestro cuerpo por dentro. Más allá de una ley que obligaba a que condenados a muerte acabaran sobre las mesas de disección, no había otra solución legal. Pero sí había un camino ilegal, casi alegal, para dotarse de la materia prima en las escuelas de medicina, que no era otro que los ladrones de cuerpos.

Estos tipos robaban cadáveres en los cementerios, a un ritmo endiablado, en mi opinión, y los vendían a buen precio a los médicos y a las escuelas. Era una forma de vida oscura, pero muy rentable. Lógicamente, un mundo así no puede escapar de las historias tétricas, de los asesinatos y de algunas barbaridades, pero también está plagado de encanto y atractivo. Hablamos de enfrentamientos con guardianes de cementerios, de robos en las propias casas, poco después de que alguien hubiera fallecido, de trucos para desenterrar y de trucos para evitar ser resucitado: pistolas que se disparan automáticamente al abrir el ataúd, tumbas enjauladas...

El libro en cuestión se estructura en tres partes. La primera es una larga e interesante introducción al tema, escrita por Juan Mari Barasorda, un experto en novela negra y aficionado, además, a la época victoriana. El bloque central y principal del libro es el texto Diario de un resurreccionista, publicado originalmente en Londres en 1860 por James Blake Bailey. Aquí tenemos historias curiosas, que darían para una novela o, al menos, para un buen cuento, además de nombres, pequeñas biografías, información sobre la formación médica, sobre las leyes... en definitiva, una maravillosa visión de ese mundo. Y el libro acaba con unas pocas páginas donde se muestra el diario real de un resurreccionista, en el que este va anotando qué hacen cada noche, cuántos cadáveres roban, lo que cobran por ellos y dónde los venden o entregan. Aquí se ve el ritmo endiablado de resurrecciones que llevaban.

No quiero acabar esta recomendación del libro sin hacer mención a dos aspectos que terminan por cerrar el círculo. El primero son las ilustraciones. Decíamos en el subtítulo que estamos ante una historia secreta e ilustrada, y es muy cierta esta segunda parte. Ilustraciones anatómicas, fotos y cuadros, están por decenas en el libro, con una calidad de impresión destacable. Un libro hecho así de bien, editado con gusto, originalidad, en pasta dura, con una portada llamativa..., un libro así, merece un reconocimiento a los editores. La Felguera Editores son los padres de esta criatura. Una editorial con un catálogo original y con una forma de presentarse, como una sociedad secreta, que ya es toda una declaración de intenciones sobre cómo entienden este juego, tan serio, de la edición, la literatura y los libros.

Háganme caso, compren y lean este libro. Tienen que leerlo por el contenido, para conocer una historia real alucinante y sorprendente. Para conocer una realidad que está muy presente en la ficción. Por esto tienen que leerlo. Pero además tienen que comprarlo por originalidad, por edición y por la maravilla de este volumen como objeto. Hay que tenerlo. Busquen esa tapa roja con una calavera y dos palas cruzadas (¡genial portada!) por las librerías y resuciten al libro, róbenlo y hagan su disección en casa. Haciendo esto, como aquellos que lo hacían con cadáveres, aprenderán cosas.
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El impresionante sismógrafo chino de hace 20 siglos

23:28:00
Zhang Heng
(Zhang Heng)
¿Un sismógrafo hace 20 siglos? Sí, aunque no del todo. Un sismógrafo detecta un terremoto y señala la dirección y la amplitud de las sacudidas. En la actualidad, además, dibujan todo esto con un detalle máximo. Pero hace 20 siglos, un genio multidisciplinar chino diseñó un instrumento que detectaba los terremotos y su dirección, con una sorprendente sensibilidad y además, con un estilo y creatividad dignos de su cultura. Así, si no tenía todo lo que es un sismógrafo, tenía alguna cosa extra que compensa.

Zhang Heng, que así se llamaba, nació en el año 78 y sirvió como astrónomo para la dinastía Han del Este. Matemático, inventor, geógrafo, pintor, poeta… parece un hombre del Renacimiento, pero unos 15 siglos antes de tiempo. Zang Heng, viendo que China sufría terremotos se puso manos a la obra para diseñar un aparato que los detectara y que además indicara su origen, es decir, la dirección en la que se encontraba su epicentro. El diseño no sólo servía a su propósito sino que era original y bello.

Sobre un forma ovalada de cobre de unos dos metros y medio de diámetro, colocó ocho dragones, cada uno en una dirección, rodeando todo el huevo metálico. Cada dragón sostenía con su boca una bola, también de cobre. Sobre el suelo de la figura, en la base, había ocho sapos, colocados exactamente bajo los ocho dragones y con su boca abierta apuntando hacia arriba. Dentro del huevo había un sistema de péndulos y niveles que hacían al sistema sensible a los terremotos, muy sensible. Cuando una vibración terrestre llegaba hasta el invento, uno de los dragones soltaba abría la boca y soltaba la bola, que iba a parar a la boca del sapo. El dragón y el sapo indicaban la dirección del terremoto, de dónde provenía.

Tan sensible era el aparato de Zhang Heng, que en una ocasión cayó una de las bolas de la boca de un dragón sin que nadie hubiera sentido temblor alguno. Algunos atacaron a nuestro protagonista, asegurando que la máquina era un desastre. Hace 20 siglos de aquello, y entonces las noticias no se movían tan rápido como lo hacen hoy de un lugar a otro. Las noticias sobre un terremoto tardaban días en llegar a la corte. Así fue en aquella ocasión, y cuando llegaron dieron la razón a la máquina de Zhang Heng, no sólo porque había habido un terremoto lejos, que sólo había detectado su invento, sino porque el punto donde se había producido, en el este, también había sido determinado sin error.

El aparato, como pueden ver en la foto siguiente, era además bonito.

Reproducción del sismógrafo de Zhang Heng
(Reproducción del sismógrafo de Zhang Heng)
Fuente: The greatest science stories never told, de Rick Beyer
Imagen: ZME Science
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