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domingo, 5 de julio de 2015

Tirarse a tierra y esconderse, táctica de combate de Alejandro

Falange macedonia
(Falange macedonia)
La lógica dicta que tirarse a tierra y taparse la cabeza es una manera cobarde de conducirse en el combate, pero eso mismo llevó a las tropas de Alejandro Magno a la victoria en una de sus batallas contra los tracios.

En la primera parte de la vida guerrera de Alejandro, se tuvo que enfrentar a varios enemigos, tracios, tribalos y celtas, en los Balcanes. Precisamente contra los tracios, en el sur de la actual Bulgaria, se vieron los macedonios ante un paso en las montañas por que el debían avanzar pero que había sido bloqueado por sus enemigos. El bloqueo se había llevado a cabo en la parte alta del paso utilizando carros, y Alejandro sabía que si enviaba a su hombres por aquel camino, apretados por lo estrecho del paso, acabarían siendo arrasados por aquellos carros, que serían lanzados contra ellos.

La falange macedonia recibió la orden de avanzar por el camino a pesar de todo e intentar abrir un hueco para que pasaran los carros cuando los echaran a rodar los tracios. Y como abrir dicho paso sería complicado, había un plan B. Los hoplitas debían echarse al suelo y cubrirse son sus escudos para que los carros les pasaran rodando por encima. Así, donde no pudieron apartarse, los hoplitas pudieron echarse al suelo y esconderse bajo su escudo.

La triquiñuela resultó y la falange macedonia sobrevivió a los carros que bajaron montaña abajo. Tras ellos llegaron los arqueros, la huida de los tracios y la victoria de Alejandro.

Fuente: La máscara del mando, de John Keegan

jueves, 2 de julio de 2015

Dos retratos de Van Dyck iguales pero con distinta cabeza

Autorretrato de Van Dyck
Grandes pintores que aprovechan sus trabajos anteriores para rentabilizar su fama y trabajar más rápido. Magníficos artistas que en su taller están rodeados de aprendices que copian sus obras para que el gran nombre luego finalice con unos pocos toques y convierta el trabajo de un discípulo en una obra cumbre de la historia del arte. Esto, amigos, ha ocurrido siempre y no es malo, ya que de otro modo tendríamos menos arte a nuestro alcance.

Un caso paradigmático lo tenemos en los retratos hechos por el pintor Anton van Dyck en los que retrata al militar español Francisco de Moncada y al rey Carlos I de Inglaterra, nada menos. El artista nacido en Amberes en 1599 retrató a caballo a ambos personajes, copiando gran parte de la obra y cambiando las cabezas, por decirlo de algún modo. Supongo que a cada uno de ellos le cobró el retrato como si fuera absolutamente original, lo que no deja de ser una pequeña trampa.

Pero juzguen ustedes mismos, aquí están ambas pinturas una al lado de la otra y las dos firmadas por Van Dyck. A la izquierda Moncada, a la derecha, el inglés.
Retratos ecuestres hechos por Van Dyck
(Retratos ecuestres hechos por Van Dyck)
Y por si esto les pareciera poco, les dejo otro retrato ecuestre del mismo autor y en el que también se representa a Carlos I de Inglaterra.
Carlos I de Inglaterra por Anton Van Dyck
(Carlos I de Inglaterra por Anton Van Dyck)

martes, 30 de junio de 2015

Un submarino, unas tropas de montaña y la edelweiss

El edelweiss, emblema del U 124
(El edelweiss, emblema del U 124)
Los submarinos alemanes en la Segunda Guerra Mundial solían llevar un emblema pintando en la torreta, que los identificaba y además tenía un sentido especial para la tripulación, una forma más de mantener su moral. Es famoso el toro bufando del U 47 de Günther Prien, cuyo apodo era El toro de Scapa Flow, y que más tarde adoptó la séptima flotilla. También el pez espada que llevó el U 96 primero y luego toda la 9ª flotilla en sus torretas es un símbolo común de los submarinos alemanes.

El U 64 fue otro de los submarinos alemanes de la Kriegsmarine durante la Segunda Guerra Mundial, aunque su participación en la misma fue casi testimonial, ya que fue hundido el 13 de abril de 1940 durante la batalla de Noruega, en la que era su primera patrulla, mientras estaba anclado en Bjerkvik. Hasta aquel momento el U 64 no había hundido ningún barco enemigo. Un avión swordfish del HMS Warspite acabó con el submarino y 8 hombres de su tripulación, aunque otros 38 salvaron la vida.

Esos 38 hombres fueron recogidos de las heladas aguas por hombres de las tropas de montaña alemanas que estaban defendiendo el puerto, cuya insignia era una flor de edelweiss. Probablemente los hombres del submarino que estaban en condiciones de hacerlo acabaron combatiendo junto a aquellas tropas de montaña durante parte de la batalla de Narvik.

Cuando la tripulación del desparecido U 64 volvió a la acción en el mar, en la U-bootwaffe, adoptaron como emblema la flor de edelweiss y la pintaron en la torreta de su nueva nave, el U 124. Esa flor, como sabrán, quizás por Sonrisas y Lágrimas, es típica de las montañas alemanas y era el símbolo de las tropas de montaña que socorrieron a la tripulación del submarino.

domingo, 28 de junio de 2015

El mejor sitio para aprender idiomas, el ejército austro-húngaro

Caballería austro-húngara
(Caballería austro-húngara)
Llega el verano y seguro que más de uno hará un viaje para perfeccionar algún idioma o enviara a sus hijos al extranjero con ese mismo fin. Hubo una época en la que no había nada mejor para aprender idiomas que enrolarse en el ejército, y no sólo porque en múltiples ocasiones asegurara viajes a otros países y contacto directo con culturas lejanas, sino porque en algún caso el ejército era una auténtica torre de Babel.

En el siglo XIX, las lenguas oficiales del ejército austro-húngaro (bendito sea Berlanga) eran nada más y nada menos que 10. Había unidades que operaban en cada una de esas 10 lenguas, si bien todos los soldados del ejército estaban obligados a aprenderse unas cuantas palabras en alemán para entender las órdenes básicas. Todos los oficiales debían conocer el alemán, además del idioma propio de la unidad a la que estaban asignados. Esta mezcla les puede parecer una locura, pero llegó a empeorar.

En alguna ocasión, cuando se recurrió masivamente a las tropas en la reserva, de manera general se llegaron a hablar hasta 14 lenguas. Las 10 básicas, que ya son muchas, eran las siguientes:

  1. Alemán – Lo hablaba el 25% del ejército.
  2. Húngaro – Lo hablaba el 23%.
  3. Checo – 13%.
  4. Serbio/Croata – 9%.
  5. Polaco – 8%.
  6. Ucraniano – 8%.
  7. Rumano – 7%.
  8. Eslovaco – 4%.
  9. Esloveno – 2%.
  10. Italiano – 1%.

Fuente: Strange but true military facts, de Steve Crawford

viernes, 26 de junio de 2015

Citas sobre los planes y la planificación

Carl von Clausewitz
Citas, frases y sentencias sobre los planes, ese es el plan. Hace mucho tiempo que la curistoria del día no es una recopilación de citas, y como eso no está bien, he planificado para hoy una entrada sobre eso mimos, sentencias sobre planes.
Se audaz y astuto en tus planes, firme y perseverante en su ejecución, decidido en encontrar su glorioso final.
Carl von Clausewitz
En su obra Principios de la guerra (1812)
La planificación lo es todo. Los planes son nada.
Helmuth Graf von Moltke
(1800-1891)
Lo más importante es tener siempre un plan. Si no es el mejor plan, eso es al menos mejor que no tener ningún plan.
Sir John Monash
En una carta en 1918
Un plan, como un árbol, debe tener ramas para dar frutos. Un plan con un único camino es perfecto para acabar siendo un palo liso.
Sir Basil Liddel Hart
Pensamientos sobre la guerra, 1944
Un plan ejecutado a la fuerza hoy es mejor que un plan perfecto la semana que viene.
George S. Patton
La guerra como lo conocí

martes, 23 de junio de 2015

Las ocho heridas que sufrió Alejandro Magno

Alejandro Magno
(Alejandro Magno)
Alejandro Magno no fue uno de esos líderes que dirigía sus ejércitos desde la retaguardia de las tropas, o incluso a kilómetros de distancia. Más bien fue todo lo contrario, combatía en primera línea y se jugaba la vida de verdad. Estar en contacto directo con el enemigo posiblemente era una ayuda moral para sus tropas y le reportó victorias, pero también le costó algunas heridas.

Alejandro era inconfundible incluso en el fragor del combate, y mucho más cuando montaba su famoso Bucéfalo. A caballo, a pie, en campo abierto, asediando… fuera cual fuera la forma de lucha, Alejandro contribuía directamente. Hay información sobre ocho heridas sufridas por él a lo largo de sus conquistas: cuatro leves, tres graves y una casi mortal. Pero más allá de las heridas de entidad suficiente como para ser recordadas, fue alcanzado por flechas, por proyectiles de catapulta, por dardos, por lanzas y sufrió espadazos en su cuerpo. Fue herido levemente en una de sus primeras batallas, en los Balcanes, y en el Gránico un persa llamado Resaces le abolló el casco de un espadazo en la cabeza, aunque no fue herido. En Isos llegó la segunda herida, un corte de espada en el muslo, también leve.

En el 332 a.C., en el asedio de Gaza, un proyectil de catapulta, posiblemente una flecha enorme, le traspasó el escudo y el peto acolchado y acabó hiriéndole de gravedad. Tres años después una flecha le fracturó el peroné y poco después, de nuevo en un asedio, una piedra le golpeó la cabeza y el cuello. Van ahí las tres graves.

Dos flechazos más, en torno al año 326 a.C., uno en el hombro y otro en el tobillo, completan las cuatro heridas leves en este recuento. Y nos queda la que casi le costó la vida.

En Multan, en el año 325 a.C., impaciente ante el avance del asedio, decidió tomar la ciudad al asalto. Subió por una escala hasta lo alto de la muralla a la cabeza de un pequeño grupo de hombres. Allí arriba se vio rodeado de enemigos y muy expuesto, por lo que bajó al interior de la muralla y manteniéndose de espaldas a esta para protegerse al menos por la retaguardia, luchó a espada contra los defensores de Multan. Alejandro aguantó hasta que tres de sus hombres llegaron junto a él y entonces una flecha le alcanzó en el pecho. Perforó el peto acolchado y penetró hasta el pulmón, lo que llevó a Alejandro a perder el conocimiento tras unos instantes.

Afortunadamente para él sus hombres se hicieron con la situación y consiguieron vencer y sacarlo de allí. La operación de extracción de la flecha no fue sencilla y El Magno perdió el conocimiento de nuevo durante la operación. Aquella herida le dejó importantes secuelas de por vida.

Y estas son las ocho heridas de Alejandro Magno, que dejan constancia de lo que se jugaba cuando cabalgaba o luchaba al frente, literalmente, de sus hombres.

Fuente: La máscara del mando, de John Keegan

domingo, 21 de junio de 2015

El Gran Hedor de Londres

Caricatura sobre el mal estado del Támesis (1855)
(Caricatura sobre el mal estado del Támesis (1855))
Hace unas horas que ha comenzado este verano y hay que estar preparado para el calor, que por otra parte no ha esperado a que llegara el verano para aparecer. En 1858, en Londres, el sistema de canalización y tratamiento de residuos humanos urbanos no estaba preparado para el calor y el resultado fue una terrible peste, tan terrible que se conoce lo que ocurrió aquel años como el Gran Hedor.

Londres ya era entonces un centro urbano considerable, y el alcantarillado no había crecido al mismo ritmo, por lo que llegó al momento crítico. Pozos pocos profundos, instalaciones precarias, el Támesis, que acabó llevándose la peor parte, el calor… todo se aunó para provocar el horror. La peste emergió de las cloacas y del río y la ciudad se volvió inhabitable. Supongo que se hacen una idea más o menos clara de lo que puede ser vivir y dormir en verano en una ciudad conquistada por el olor a alcantarilla.

El Parlamento no se libró del festín y aunque su actividad se vio afectada, acabaron embadurnando las cortinas de las ventas de cloruro de cal para reducir los efectos de la peste y buscar una solución. Y la solución vino, lógicamente, por donde parece más lógico. El Parlamento decidió invertir en el sistema de alcantarillado para dimensionarlo adecuadamente y adaptarlo a las nuevas necesidades.

La solución llegó cuando el problema ya apestaba en la cara de todos, pero al menos así el Gran Hedor sirvió para algo.

Fuente: Historia de la ciencia sin los trozos aburridos, de Ian Crofton

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